Monday, June 23, 2008

Gaviria otra vez

Gaviria ha dado en la flor de pensar que la manera de oponerse al principio antidemocrático de la reelección (ajena) es la reelección (propia)
Por Antonio Caballero
Fecha: 06/21/2008 -1364
No es serio esto de Lucho Garzón proponiendo una alianza electoral, electorera, del Polo Democrático Alternativo con los liberales de César Gaviria, que ni siquiera son liberales: son neo-liberales económicos. ¿Se puede llegar al poder a punta de hacer chistes? Sí: así llegaron Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Y ya sabemos que Lucho Garzón no es serio.
Pero este país, para no seguir hundiéndose en la desesperanza, necesita una izquierda seria. No la enmontada y militarizada de la guerrilla, corrompida y violenta; ni la oportunista que ahora representa Garzón, que cambia de chaqueta -o el buzo por la corbata- a cambio de un plato de lentejas. Y, dentro de la ignorancia generalizada, agravada por la desinformación y contrainformación que fomentan casi toda la prensa escrita, casi toda la radio y la totalidad de la televisión, mucha gente en Colombia sigue pensando que Lucho Garzón es la izquierda.
Viene de allá, en efecto: del Partido Comunista (del cual conserva muchos resabios de carácter). Y lo eligió alcalde de Bogotá la izquierda: el Polo, del cual fue uno de los fundadores. Pero ahora podría repetir el chiste famoso de Enrique de Navarra cuando cambió de religión para poder ser rey de Francia: "París bien vale una misa". Aunque ¿París? Bueno, sí: tal vez una embajada.
Dice Lucho Garzón, a modo de reproche, que con la gente seria del Polo no se puede "hacer política" porque está dedicada "a cuidar la casa". Es que es gente seria, justamente.
o se puede hacer política -sino sólo politiquería electorera- sin tener la casa en orden. Y el Polo no se creó -o por lo menos eso creímos muchos- para ayudar a ganar elecciones a los liberales. Otra vez. Como tantas. Sino para ordenar la casa de la izquierda y permitirle convertirse por fin en una fuerza capaz de llegar por sí misma al poder para hacer cambios, y no para hacer alianzas.
Y, encima, con César Gaviria (que a su vez quiere ampliar la alianza hacia "personalidades del uribismo"). César Gaviria: el presidente de la apertura económica neoliberal, el de la destrucción del agro (con sus secuelas de agravación de la violencia), el del sometimiento de la justicia a Pablo Escobar en la solemne ceremonia de La Catedral, el del exterminio de la Unión Patriótica cuando era ministro de Gobierno de Barco, el del bombardeo de la Casa Verde de las Farc en tregua, el iniciador de las privatizaciones. César Gaviria: el precursor y anunciador de Álvaro Uribe. Porque no veo yo diferencia ninguna entre las ideas del ex presidente y las del actual presidente, ni en su expresión práctica política, económica y social. Ni siquiera en sus estilos respectivos de comportamiento, ahora que Gaviria ha dado en la flor de pensar que la manera de oponerse al principio antidemocrático de la reelección (ajena) es la reelección (propia).
César Gaviria, en fin: el que carga a las espaldas el cajón de muerto del partido liberal, lleno de gusanos del tamaño de víboras. Ese cajón del cual salió también Álvaro Uribe, modelo de neoliberales, de "lentejos", de liberales "volteados", como se decía cuando todavía había liberales en Colombia.

Cuando el Polo le dio la más alta votación que haya tenido jamás la izquierda colombiana en unas elecciones presidenciales dijo el otro Gaviria, Carlos, el candidato: "No nos vamos a dejar cooptar".
POST DATA: Algunos lectores de mi artículo sobre Escobar y Marulanda me recuerdan que quien más daño le ha hecho a la sociedad colombiana en el último medio siglo han sido los paras. Con sus nombres y apellidos completos: los narcoparapolimilitares. A sus centenares de millares de víctimas entre muertos y desplazados, hay que sumar su capacidad corruptora de las instituciones, no igualada ni por el propio Escobar: se adueñaron de por lo menos un tercio del poder legislativo, y no sabemos de cuánta parte del judicial, ni qué tan alto llegaron en el ejecutivo, del DAS y el Inpec para arriba, ni hasta dónde se infiltraron en la Policía y el Ejército. Porque, a diferencia de la guerrilla y del narcotráfico "limpio", si así puede llamarse, el narcoparapolimilitarismo no se levantó en armas contra el Estado, sino a su favor: para complementarlo, y con su respaldo militar y político. Así lo indican los prefijos "para" de su nombre, semejantes a la preposición "de" de las mujeres casadas: para-militares (con quienes los militares colaboran para ganar la guerra); y para-políticos (con quienes colaboran los políticos, para "refundar la patria").Tal como el narcotráfico y la guerrilla, el narcoparapolimilitarismo sigue actuando.

Tuesday, May 20, 2008

El sastrecillo valiente

El sastrecillo valiente

Los resultados de la extradición serán contraproducentes desde el punto de vista de la justicia, de la verdad y de la reparación.
Por Antonio Caballero
Fecha: 05/17/2008 -1359
Intempestivamente, según su particular estilo, el presidente Álvaro Uribe decidió extraditar de una sola tacada a catorce narcoparamilitares de entre los más notorios, de 'don Berna' a Mancuso, sin contar a 'Macaco', que había sido enviado ocho días antes "a una celda en los Estados Unidos", para decirlo con la vieja frase de Pablo Escobar. Lo hizo sacando pecho, según su estilo.
Como aquel aprendiz de sastre del cuento infantil que, exasperado por la moscarria del calor, aplastó siete moscas de un solo palmetazo y colgó sobre su puerta un letrero jactancioso:
-Maté siete de un golpe.

Y los vecinos del pueblo, creyendo que hablaba de siete de los ogros gigantes que asolaban la región, lo nombraron solemnemente su protector y lo casaron con la hija del rey. Y colorín colorado.
No quiero decir con esto que los narcoparas extraditados fueran simples moscas inofensivas. Eran gente peligrosa, responsable no sólo del delito de tráfico de drogas, que es el único por el cual van a ser juzgados por los tribunales norteamericanos, sino de crímenes mucho más graves, cometidos no contra el ordenamiento fiscal de los Estados Unidos sino contra las leyes penales de Colombia: miles de asesinatos, seguidos del despojo de las tierras de cientos de miles de personas. Eran gente peligrosa, pero no por eso tiene el presidente Uribe razones para enorgullecerse de haberlos extraditado. Ni por los motivos que, según explicó, lo movieron a hacerlo. Ni por los resultados que va a tener su extradición.
Los motivos. Explicó Uribe que, en violación de los compromisos exigidos para ser amparados por la generosidad de la Ley de Justicia y Paz, los narcoparas presos seguían delinquiendo desde la cárcel: matando gente y traficando con droga. Tal vez Uribe no, pero los demás colombianos sabíamos eso desde hace muchos meses.
Explicó también que no había en ellos la menor intención de dar reparación económica a sus víctimas. También lo sabíamos; y, a juzgar por el modo en que Estupefacientes ha malmanejado los bienes de narcos sometidos a extinción de dominio, no era cosa que preocupara demasiado al gobierno. Y explicó finalmente que no colaboraban eficazmente con la justicia. Ahí cabe la duda: estaban, por el contrario, empezando a colaborar con la justicia en un aspecto fundamental, que era el de la denuncia de sus cómplices en el mundo de la política. Y cabe en consecuencia la sospecha de que precisamente esa colaboración, que tiene presos o investigados a varias docenas de políticos de los partidos uribistas, fue la causa de la intempestiva decisión presidencial de extraditar a las dos docenas de narcoparas. Extraditados, ya no seguirán hablando: ni tienen incentivos para hacerlo, pues ya no los cobija la Ley de Justicia y Paz que se los daba; ni tienen quien les haga las preguntas pertinentes, pues a los fiscales norteamericanos no les interesan, como dije, sino los delitos de narcotráfico. Los resultados de la extradición, pues, serán contraproducentes desde el punto de vista de la justicia, de la verdad y de la reparación . Y de pasada, si de mostrar firmeza se trataba, lo que ilustra el envío de criminales colombianos a tribunales extranjeros es precisamente que la 'seguridad democrática' no sirve ni siquiera para garantizar el control por parte del Estado colombiano de sus propias cárceles.
Pues si los narcoparas seguían manejando sus organizaciones delictivas desde las cárceles de alta seguridad de Cómbita o de Itagüí, o inclusive desde las corbetas de la Armada en mar abierto, lo que eso significa es que tales organizaciones delictivas seguían intactas. Algunas ni siquiera habían cambiado de nombre, como la célebre 'oficina de cobros' de Envigado. Otras se habían limitado a sustituir el pomposo sustantivo de 'Héroes' por el más amenazador de 'águilas' para que todo siguiera igual, mientras por su parte el Comisionado de Paz y el propio Presidente se contentaban con llamarlas eufemísticamente "grupos delincuenciales emergentes" para pretender que todo había cambiado.
Porque en esta historia no hay el final feliz del colorín colorado de los cuentos de hadas. Las organizaciones armadas del paramilitarismo no desaparecen por arte de birlibirloque porque tampoco aparecieron así: surgieron como instrumentos del control latifundista de la tierra, y poco importa cuál sea el nombre de sus jefes sucesivos mientras ese control persista intacto. Así lo mostró de sobra la saga de los sucesivos hermanos Castaño. Y con el narcotráfico sucede lo mismo: sus cabecillas desaparecen, mueren o son extraditados, y otros los sustituyen, idénticos a ellos. Se trata de un negocio, en el que poco importa el nombre de los gerentes que lo vayan manejando.

Thursday, April 24, 2008

La silla vacía


El alambique mágico de las urnas a donde son llevados los votantes, arreados por la amenaza o comprados por unos pesos, transmuta en legitimidad la podredumbre.
Por Antonio Caballero
Fecha: 04/19/2008 -1355
Confieso que no he entendido en qué consiste la llamada -una vez más- "reforma política". Eso de la silla medio vacía o medio llena, del umbral, del dintel, del vano de la ventana. He leído a políticos y a politólogos, y no entiendo. Lo más parecido a una explicación que he visto hasta ahora es un dibujo del humorista 'Matador' que se titula 'La silla vacía' y muestra a un acrobático padre de la patria parado en un solo dedo sobre el filo de su curul parlamentaria, y sonriendo. Pero ni siquiera esa brillante caricatura es una explicación. Es sólo una ilustración de lo que pasa.
Estudiémosla con detenimiento. (El Tiempo, jueves 17 de abril, página 1-19).
"Para-político", dice en el dibujo un texto con flechita, que señala a un político profesional -su corbata lo delata- haciendo maromas: se sostiene verticalmente en el aire sobre el dedo índice de la mano derecha, balancea muy arriba sus bien calzados pies, y agita el estirado brazo izquierdo, como si saludara. ¿Para-político? Sí. Pero tanto 'Matador' como sus lectores sabemos pertinentemente que al menos la mitad de los políticos del Congreso (más docenas de gobernadores, alcaldes, directores de institutos, embajadores, etc.) son para-políticos. "Parauribistas", para usar el término que acuñó el senador del Polo Jorge Enrique Robledo. Obsérvese, si no, ese dedo poderoso sobre el cual se apoya con todo su peso el monigote contorsionista de 'Matador': es un dedo tan fuerte, tan estirado, tan derecho, tan duro, tan inflexible, tan vertical como el férreo dedo índice de la dura mano derecha del propio presidente Álvaro Uribe. Un dedo que no sólo no se dobla ni un milímetro hacia atrás (mírenlo ustedes en la foto en que el Presidente advierte, señala, regaña, amenaza), sino que tampoco se dobla hacia adelante: más rígido y más sólido en su rigidez que las cuatro patas de la curul del dibujo. Pues conviene no olvidar que los votos para-políticos que llevaron al Congreso o a las suplencias del Congreso a todos los políticos que ahora están cayendo presos son exactamente los mismos votos que llevaron a sus respectivos cargos al presidente Álvaro Uribe y a su vicepresidente Francisco Santos. Y conviene no olvidar que ellos lo sabían. Santos no dudó nunca en vaticinar que los enredados iban a ser varias docenas. Y Uribe, sin vacilar, se apresuró a pedirles precautelativamente que votaran los proyectos del gobierno mientras no estuvieran en la cárcel.

Ese es el dedo, pues. Y ya vimos la sonrisa feliz del para-político equilibrista: sonríe con abandono, con los ojos cerrados, feliz como un pájaro que canta. Recuerda al senador Luis Humberto Builes, del partido uribista Cambio Radical, que exclamó gozoso mientras se lo llevaban preso: "¡Estoy feliz! ¡Me voy de vacaciones!"
.¿Y cuáles son las cuatro patas que sostienen la curul?
Son la violencia y el miedo, el dinero y la corrupción. De ahí vienen los votos. El alambique mágico de las urnas electorales a donde son llevados los votantes, arreados por la amenaza o comprados por unos pesos, transmuta en legitimidad la podredumbre. Sobre esas cuatro patas reposa todo el sistema. Y eso viene de atrás: de mucho antes de la aparición del imperioso dedo índice del presidente Uribe, de mucho antes de los escándalos del 'proceso Ocho Mil' sobre la financiación mafiosa de la campaña presidencial de Ernesto Samper. Esas cuatro patas son las que habría que suprimir: el problema está en la base.
Entre tanto -es decir: por mucho tiempo- la conclusión provisional es la que saca doña Dora Acevedo, una señora del servicio de aseos del Congreso citada por SEMANA: -Hacía rato que no me tocaba desinfectar unos baños tan sucios.

Tuesday, March 18, 2008

Se les fue la mano

Se les fue la mano

Por Pascual Gaviria Uribe
Parece que las Farc nos han contagiado algunos modales dignos de sus campamentos de barbarie y han traído su estado de naturaleza hasta la puerta de nuestro estado de derecho. Las minúsculas son merecidas. Una pequeña purga guerrillera de medianoche ha puesto en evidencia que nuestro Gobierno puede actuar según los métodos de un clan sórdido y amenazado. La galería ha celebrado la decisión de pagar al mercenario de turno: simple prestación de servicios, dicen las almas prácticas. Y los funcionarios se han dedicado, con imaginación y sin pudor, a inventar un régimen de excepción para el verdugo de verdugos.
El vicepresidente dijo que el pago era lícito porque generaba presión sobre las Farc y nos conducía al escenario de su posible fin. Y trajo el recuerdo de Pablo Escobar para construir una analogía infantil con dos cabezas sobre la balanza. Intentando borrar los escrúpulos con el miedo. La presidenta del Congreso quiere que la plata se entregue pronto, antes de que los posibles traidores no se desanimen. Y el fiscal, siguiendo la lógica de las bondades del homicidio según sobre quién se practique, dijo que no investigará al verdugo de Iván Ríos y justificó su decisión con un razonamiento que he oído en algunas galleras, sobre todo en las más peligrosas: en vista de que para las Farc la vida no vale nada, el homicidio en sus cambuches resulta ser una conducta inocua. Un simple juego de locos. Luego se dio cuenta de que sus argumentos jurídicos estaban a la altura de un sargento e intentó corregir su caso poniendo a alias Rojas dentro de las causales de justificación. Pero es muy difícil que el miedo insuperable que alega el fiscal para su "defendido" pueda conjugarse con la sangre fría. Rojas actuó más como un hombre ambicioso que como un hombre desesperado. Y el fiscal actúa como un simple compinche del Gobierno, intentando evitar una extravagancia en la que el Ejecutivo impone una medalla en el bolsillo de un asesino mientras los jueces imponen una condena.
La entretenida discusión sobre el botín y los detalles macabros del trabajo de los dactiloscopistas ha relegado los verdaderos dilemas a la jerga de los abogados. Convirtiendo las obligaciones obvias de todo estado en un tema de leguleyos aguafiestas a quienes les da por mirar un código cuando se trata de cantar victoria. Sin embargo es bueno recordar que esa lógica del buen muerto fue la semilla del paramilitarismo y la justicia privada. Yair Klein, quien será extraditado desde Rusia en unos días, debe estar pensando en las nuevas oportunidades de trabajo en el país. Colombia no necesita imponer la pena de muerte sino abolirla, según una vieja fórmula que ha llegado hasta el graffiti. Incluso, para que lo recuerde Pacho Santos, la Corte Suprema prohibió en su momento las propagandas que ponían precio a la cabeza de los narcos y terminaban con un sonoro vivo o muerto. Lo que hace el Gobierno al pagar la recompensa es premiar a un guerrillero por actuar como paramilitar. Hasta los gringos desaprueban a los mercenarios en su nuevo viejo oeste de Afganistán. En el 2004 fueron arrestados tres caza-recompensas norteamericanos que intentaban con sus propias cuerdas, colgando de los pies a sus "prisioneros" en una casa cárcel privada, encontrar información que los llevara hasta el millonario turbante de Osama.
Mientras tanto en Colombia hemos terminado convencidos de que sólo el premio a la osadía de algunos verdugos nos traerá la salvación. No queda más que comulgar con la sentencia amarga de H. L. Mencken: "Todo hombre decente se avergüenza del gobierno que lo rige". Advirtiendo que los aforismos de un cínico están siempre más cercanos a la burla que a la indignación

Monday, March 17, 2008

La sordidez


La sordidez
Las autoridades han conseguido corromper a los colombianos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende.

Dice 'Rojas', el delator, el colaborador de las autoridades, el infiltrado, el traidor, el buen ciudadano, como quieran llamar al guerrillero que mató a su jefe 'Iván Ríos' y quiere cobrar la recompensa de cinco mil millones de pesos que ofrecía el gobierno:
-Pues a ver: si se habla, se cumple. No más.No hay más que hablar, en efecto. Se paga. Porque ahora a 'Rojas' le quieren escamotear el premio prometido con el pretexto leguleyo de que no estaba contemplada la posibilidad de cobrarlo por un cadáver (o dos), sino sólo por la información que condujera a las autoridades a una captura (o a un cadáver). Ahora le dicen a 'Rojas', para ponerle conejo, que no leyó la "letra pequeña" del cartel de 'Se busca', la parte que decía "aplican restricciones", como en las mentirosas ofertas de gangas para incautos. Y dice el presidente Álvaro Uribe que habrá que esperar los resultados de las investigaciones a ver si se paga o no, porque "Colombia es un Estado de derecho que no estimula masacres". Hipocresía. Cuando se le pone precio a la cabeza de alguien, como ha hecho el gobierno con los miembros del Secretariado de las Farc, de antemano se sabe que eso puede tener consecuencias sangrientas. Judas no cobró sus treinta monedas simplemente por darle un beso a Jesús, sino porque ese beso permitió que lo crucificaran.

Así que tienen que pagar. Si no le pagan a 'Rojas' la recompensa ofrecida se les viene abajo todo el sistema de compra de lealtades y pago de traiciones que han montado para luchar contra la guerrilla y (desde los tiempos de la presidencia de César Gaviria) contra el narcotráfico, y que, según el consejero para la Reintegración, Frank Pearl, "ha sido muy efectivo".
Ahora: también tiene que juzgar a 'Rojas' por asesinato. No puede salir el fiscal general Mario Iguarán a decir, como ha dicho, que '' en principio no habrá imputación de homicidio'' por atenuantes risibles en este caso como el de '' miedo insuperable''. Ni puede decir el Fiscal, como ha dicho, que ese miedo obedece a que en la guerrilla "la vida no vale nada", cuando están pagando cinco mil millones de pesos por ella. Si no juzgan a 'Rojas' (y después ya verán los jueces si lo condenan o no) se les termina de venir abajo también el aparato de la justicia penal en Colombia, ya muy maltrecho por cuenta de las reformas: el regateo de penas, los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, los aún más escandalosos que ahora están proponiendo el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo sobre la excarcelación para culpables de crímenes atroces.
Y lo que ya se vino abajo por completo, precisamente a causa de la utilización de métodos perversos como la delación pagada, es la moral de los colombianos. Las autoridades han conseguido corromperlos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende. El aplauso casi general con que ha sido recibida la traición de 'Rojas' a su jefe guerrillero muestra la extensión y la profundidad de esa desmoralización de la sociedad. Desmoralización entendida no en su aspecto, digamos, militar: como la pérdida de la decisión de combatir; sino en la civil: la pérdida del sentido moral, de la capacidad de distinguir el bien del mal. Salvo cuando nos pagan por ello. Nos han vuelto moralmente ciegos. Mezquinos. Sórdidos.
Decía el poeta Porfirio Barba-Jacob:
"Hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos como la entraña oscura del oscuro pedernal.La noche nos sorprende con sus profusas lámparas En rútilas monedas tasando el bien y el mal".Y fíjense ustedes que así es. En esas estamos.

Monday, March 10, 2008

El todo vale no sirve

El todo vale no sirve
Lo que garantiza la paz continental es el principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada

El gobierno de Álvaro Uribe ha decidido usar contra las Farc "todas las formas de lucha", para decirlo con la frase de las propias Farc. La cooperación internacional (con las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, el Reino Unido e Israel) y el enfrentamiento internacional, (con los gobiernos del Ecuador y Venezuela); los bombardeos desde lejos (?) y la recuperación de cadáveres "en caliente"; las verdades obvias (las Farc secuestran y asesinan) y las mentiras absurdas (una especialmente cómica: "las Farc tienen armas de destrucción masiva", afirmó el vicepresidente Francisco Santos en Ginebra); los recursos más crudos de la arbitrariedad ilegal (el ministro Juan Manuel Santos explicó por qué los guerrilleros muertos merecían la muerte, como si aquí existiera la pena de muerte) y los de la legalidad más rebuscada (uno especialmente cómico: el presidente Uribe amenazó con denunciar penalmente a su colega Hugo Chávez de Venezuela por incitación al genocidio); la ley (el principio interamericano de no intervención para protestar contra la de Venezuela en Colombia) y la violación de la ley (la intervención armada de Colombia en el territorio del Ecuador). Todas las formas de lucha. Para este gobierno, todo vale. Y todo sirve.
No es el primero, por supuesto. Todos sus predecesores han actuado de la misma manera. Antes de que las Farc acuñaran la expresión de la "combinación de todas las fuerzas de lucha" ya los gobiernos de Colombia las habían usado contra ellas. Baste con un ejemplo: cuando exterminaron a los militantes de la Unión Patriótica, que hacían política sin armas, le quitaron la personería jurídica a la Unión Patriótica con el pretexto legal de que no contaba con los suficientes militantes. Pero el gobierno actual lo hace con más crudeza todavía que sus predecesores porque cuenta con el aplauso ciego de la muchedumbre, alimentado por dos cosas: los repugnantes excesos de las propias Farc, que han conseguido que nazca en el corazón de muchos un pequeño paramilitar; y la irritante intervención "bolivariana" del gobierno venezolano de Hugo Chávez, que ha dado pábulo al patrioterismo de otros muchos (tanto aquí como allá). Pero la barbarie de la guerrilla no justifica la barbarie de sus adversarios. Y el intervencionismo venezolano en Colombia no justifica el intervencionismo colombiano en el Ecuador. La una y el otro son muestras de la misma filosofía del todo vale. Y el ciego aplauso de la muchedumbre no es garantía de que se tiene la razón, sino más bien de lo contrario: las muchedumbres rebajadas por sus jefes a sus más sucios instintos -la venganza, el patrioterismo- tienden a equivocarse.
Pero el todo vale es indefendible en la teoría, desde la ética. Muchas veces he citado la brillante frase del escritor R.H. Moreno Durán según la cual "el aforismo que dice que el fin justifica los medios no tiene principios". Inevitablemente, los medios corrompen el fin, como lo han corrompido en el caso de la propia guerrilla: no puede ser un "proyecto respetable", como lo llama el presidente Chávez, uno que para imponerse se sirve de la infamia del secuestro. Los medios innobles no pueden llevar un fin noble.

El todo vale es, además, contraproducente en términos prácticos. Así acaban de mostrarlo en la OEA las protestas contra la acción colombiana de los países vecinos, aunque no hayan llegado a la condena formal. Casi todos tienen sus propios problemas limítrofes, de modo que no pueden aceptar como recurso válido la violación de las fronteras, cualquiera que sea el pretexto invocado. Lo que sirve de garantía a la paz continental es el respeto del principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada. La cual, de rebote, justificaría las ansias intervencionistas de Chávez, o, retrospectivamente, las de Cuba. Y, naturalmente, las de los Estados Unidos: las únicas que de verdad han tenido efectos.
Me preguntan: ¿qué hacer entonces hoy-hoy?
Por supuesto que el Estado tiene que, hoy-hoy, defenderse de las armas con las armas. Pero tiene que entender también que eso no resuelve el problema. Porque la guerrilla no es el problema, sino sólo un síntoma del problema, y una consecuencia del problema, como una llaga purulenta es el síntoma y la consecuencia de una infección, pero no es la infección. El problema, o la infección, es histórico: viene de ayer, y hay que resolverlo para mañana: no basta con cauterizarlo hoy, dejándolo vivo y exacerbado en el torrente interno de la sangre. "Darle la matada" a los guerrilleros que se pongan a tiro, como ha prometido con elocuencia de rufián de esquina el presidente Uribe, tal vez desfogue la pulsión primaria de venganza. Pero no resuelve el problema. Lo prolonga. (Ya lleva medio siglo en su faceta actual, la de la sintomatología guerrillera). Lo agrava. Lo justifica. Hace pocas semanas cité aquí una frase de un paramilitar preso, 'el Iguano', más realista desde su cárcel que Uribe desde su palacio presidencial: "Vi que la guerrilla iba a ser derrotada, pero no exterminada. Siempre habrá población, y siempre van a surgir de ella nuevos guerrilleros".

Thursday, February 14, 2008

Mas Marchas

Más marchas
¿Cuál es la marcha que propone en fin de cuentas Hommes contra el narcotráfico? ¿una marcha ciudadana contra el gobierno de estados unidos?
Por Antonio Caballero
Fecha: 02/09/2008
Fueron millones las personas que marcharon en todas las ciudades del país contra las Farc. Pero insisto en lo que decía aquí mismo hace ocho días: no creo que la protesta ciudadana haga mella en las Farc. Del mismo modo, las marchas contra el secuestro (con "mejor policía del mundo" a la cabeza) que organizaba Pachito Santos cuando era periodista no hicieron mella en la industria del secuestro, ni en su aspecto político ni en su aspecto extorsivo: sólo tuvieron el resultado de llevarlo a él a la vicepresidencia de la República. Y tampoco recuerdo que hubieran servido para nada, salvo para llevar a su promotor a la Alcaldía de Bogotá y luego a la Presidencia, las marchas que no sé con qué pretexto (tal vez ni él mismo lo sepa) hacía Andresito Pastrana cuando su papá era presidente. Las marchas suelen ser completamente inocuas, en el mejor de los casos. Como las rogativas para que llueva que encabezan los curas de pueblo cuando hay sequía. Y en el peor, contraproducentes. Hace exactamente 60 años Jorge Eliécer Gaitán convocó en Bogotá una imponente "marcha del silencio" contra la violencia del gobierno, y la consecuencia fue que la violencia del gobierno creció, y de contera asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán.

Ahora están organizando para el 6 de marzo próximo una marcha de protesta contra los crímenes de Estado. Y es tan justa como la que se hizo este lunes pasado de condena a las Farc. Pero tampoco creo que tenga efectos. Nunca llueve a gusto de todos, como dice el refrán, por muchas rogativas que se les hagan a los cielos. A las nubes. Y veo que por su parte el ex ministro Rudolf Hommes propone otra marcha más, tan obvia en su demagogia que por lo visto no se le había ocurrido a nadie. Contra el narcotráfico. Dice así el doctor Hommes en su habitual columna del diario El Tiempo:

"Hace falta que alguien también promueva una marcha contra el narcotráfico, que es lo que le da aliento económico a la guerrilla, a los paramilitares y a las demás formas de crueldad".

Y sí, claro. El narcotráfico da aliento económico a toda clase de cosas en Colombia: no sólo a la guerrilla y al paramilitarismo, sino también a las elecciones, y a la construcción, y al fútbol, y a las ferias ganaderas, y a los reinados de belleza. Da alientos hasta a la Hacienda pública, como debe saber Hommes, que ha sido ministro de Hacienda. Financia bancos, como debe saber Hommes, que ha sido asesor de bancos, y universidades, como debe saber Hommes, que también ha sido rector de universidad. Financia de todo, porque mueve muchísimo dinero. Pero si mueve muchísimo dinero es únicamente porque -como debe saber Hommes, que además de funcionario público y consultor privado ha sido profesor de una cosa llamada "teoría de la decisión" que, sea lo que sea exactamente, suena muy impresionante-, únicamente porque está prohibido, y en consecuencia es perseguido. Perseguido de todas las maneras posibles, a falta (hasta ahora) de la protesta callejera: perseguido en la selva cocalera y en la jungla bancaria, combatido con glifosato y con bala, con sentencias penales y con asesinatos. Matando o extraditando capos, capturando y condenando mulas. Atacando la oferta, atacando la demanda, atacando la producción, atacando el consumo, atacando la conexión entre los dos, que es el tráfico mismo. Todas las formas de lucha. Y ahí sigue, y ahí crece, por la sencilla razón de que se mantiene y crece en la medida en que se lo prohíbe y se lo combate: su valor agregado le viene de la guerra. Y esa guerra contraproducente es creada y mantenida únicamente -como debe saber Hommes, salvo que sea un inepto como columnista de prensa, como consultor internacional, como funcionario público, como catedrático de "teoría de la decisión"-, esa guerra contraproducente es creada y mantenida únicamente por los gobiernos de los Estados Unidos. Los cuales llevan 30 años imponiéndole al mundo todas las formas de lucha contra el narcotráfico, salvo la única que puede ser eficaz: la legalización, que acabaría con su rentabilidad descomunal y lo reduciría a las proporciones inofensivas y modestas de cualquier tráfico legal de productos de consumo, como el de la lechuga orgánica o el de la cinta aislante.

Entonces ¿cuál es la marcha que propone en fin de cuentas en su columna de prensa Rudolf Hommes? ¿Una marcha ciudadana contra el gobierno de los Estados Unidos?

No lo creo. No creo que quiera que lo asesinen, como a Jorge Eliécer Gaitán. Será más bien que quiere, como Pachito Santos, ser vicepresidente.

Monday, February 04, 2008

MARCHAR O NO MARCHAR: ‘THAT IS THE QUESTION’?

MARCHAR O NO MARCHAR: ‘THAT IS THE QUESTION’?

Citan a los españoles, que a cada rato salen en masivas protestas contra eta. Pero no mencionan que ninguna de esas marchas ha movido un ápice a eta

Por Antonio Caballero
Fecha: 02/02/2008 -1344

Como siempre, estamos discutiendo sobre lo que no importa, y proponiendo soluciones equi-vocadas a problemas erróneamente identificados. Un ejemplo de lo primero es el embeleco de la marcha del lunes. Uno de lo segundo es la posición, las posiciones, que ha tomado el Polo Democrático Alternativo a ese respecto, dejándose arrastrar por un torbellino que nada tiene que ver con la política. La función del Polo es? servir de alternativa de poder, no discutir pendejadas.
Primero, lo de la marcha. Resulta que a unos chateadores de Internet, a la vez desocupados en lo concreto y preocupados por lo vago, se les ocurrió que la receta para sanar los males de Colombia consiste en acabar con las Farc. Y que la manera de acabar con las Farc consiste en hacer una marcha ciudadana de gente con camiseta blanca (esta vez palomas no) que salga a la calle a gritar "¡No más Farc!" en Bogotá y en Dubai, en Madrid y en Johannesburgo y en Bucaramanga. Lanzaron la idea por Internet, para internautas, y la novelería frívola de la prensa y la radio colombianas la cogió al vuelo y la convirtió en el tema central de polémica en el país durante dos semanas. Marchar o no marchar. Qué falta de oficio. Como si aquí no pasaran cosas.
Y así, a la propuesta primitiva (llamarla original sería excesivo) de "!No más Farc!" le fueron saliendo adornos y complicaciones a medida que iba siendo retocada por más y más espontáneos. Que no más Chávez. Que no más reclutamiento de niños. Que por la paz y la reconciliación entre los colombianos. Que abajo los curas pederastas. Que contra el terror. Que contra el secuestro. Que por el intercambio humanitario. Que contra Uribe. Que por Uribe. Que contra Salvatore Mancuso y sus muchachos de las AUC, que desde la cárcel apoyan la marcha. Que a favor de las Farc, que desde las montañas de Colombia participan en la marcha.


Recuerdo un maravilloso dibujo del humorista francés Sempé: en la cola de una marcha multitudinaria que corea consignas vociferantes va un señor con su propia pancarta individual: "Vendo apartamento bien situado".

Todo lo cual ignora el hecho central de que la marcha es perfectamente inocua. ¿Una marcha ciudadana por la carrera séptima de Bogotá (y por las vías equivalentes de Dubai y Montreal, si es que las dejan) para desmovilizar una organización político-militar que lleva cincuenta años haciendo la guerra y cree que la va ganando? Citan a brazo partido el ejemplo de los españoles, que a cada rato salen a la calle en masivas protestas contra ETA, la banda armada que asesina en nombre de la independencia vasca; pero no mencionan el importante detalle de que ninguna de esas marchas ha movido a ETA un ápice en el camino del desarme. Sólo han servido para provocar enfrentamientos (hasta ahora sólo verbales) entre los distintos grupos organizadores de las marchas sobre quién debe encabezarlas, quién debe llevar la pancarta y qué debe decir en el letrero.

Vuelvo al caso del Polo Democrático, que es el más vistoso, pues se ha dejado embarcar tontamente en una pelea que además de ser tonta por sí misma no es la suya, y, una vez untado el dedo, ha tenido que untarse toda la mano sacando comunicados y más comunicados al respecto. Que el Polo vaya a la marcha, propuso en un principio el senador Petro. Que no, porque lo proponía el senador Petro. Que no, porque la iniciativa ha sido "absorbida publicitaria y políticamente por el gobierno de Álvaro Uribe". Que sí vaya pero que con otra consigna: "Por el acuerdo humanitario, no a la guerra, no al secuestro". Que sí, pero que no a una marcha, sino a una concentración, y no por la carrera séptima, sino en la Plaza de Bolívar, para así "movilizarse diferenciado de las fuerzas uribistas". Porque, explica una resolución anunciada por fin como "unánime" por sus firmantes, "el Polo no puede permitir que su actitud se asuma ni como connivente con las Farc, el secuestro, los crímenes de guerra y lesa humanidad, ni como apoyo al gobierno de Álvaro Uribe, al que el Polo se opone de modo inequívoco por su carácter autoritario y regresivo".

Y que si patatín y que si patatán. Demasiadas explicaciones y circunloquios. Lo que no puede permitir el Polo es que no quede claro qué es lo que propone, y ni siquiera si de verdad está proponiendo algo; y no simplemente dejándose llevar por las propuestas inocuas de los internautas de Melbourne o de Riohacha.

Dicho esto, y como he visto que todos los editorialistas y columnistas de la prensa se han pronunciado sesudamente sobre la conveniencia o inconveniencia de la marcha, yo también me uno al rebaño y les aconsejo a mis lectores: marchen, o no marchen. Da igual.

Thursday, January 31, 2008


Un insumismo
quien hace lo que hizo Fischer no es un cobarde, ni como dicen sus críticos, un “imbécil superdotado”. Es un desobediente
Por Antonio Caballero
A los 64 años acaba de morir refugiado en Islandia el gran ajedrecista Bobby Fischer. Un tablero de ajedrez tiene 64 escaques: ocho por ocho. Y tal vez esa coincidencia de los trastos de su juego con la edad que tenía a su muerte sea el único rasgo predecible, mágicamente, de la impredecible y contradictoria personalidad de Fischer: un judío de Brooklyn que se hizo militantemente antisemita; un norteamericano de éxito que odiaba a los Estados Unidos y pasó casi media vida perseguido por sus gobiernos; el mejor ajedrecista de todos los tiempos, según los entendidos, y a la vez uno que consideraba que el ajedrez era un “juego muerto” que había que abolir. Para reemplazarlo por otro, llamado –modestamente– FRC, o Fischer Random Chess (Ajedrez Aleatorio Fischer), en el cual se sustituye la memoria por el talento al barajar al azar la posición de salida que van a tener las piezas.
Yo sé poco de ajedrez, y lo juego bastante mal. En cuanto al FRC, ni lo he intentado. Así que no voy a hablar de Bobby Fischer como ajedrecista, sino como insumiso: un hombre que se negó a plegarse a las reglas de su época. Y al cual, en consecuencia, se empeñaron en llamar loco.
Y cobarde, acaba de añadir sobre su tumba un comentarista y miembro del consejo editorial del Wall Street Journal. Según él, si Fischer se negó siempre a poner en juego su corona ganada contra el soviético Boris Spassky en 1972, en Reikiavik, fue por miedo a perderla. Creo más la versión del propio Fischer, que cien veces declaró que si no jugaba dentro de las normas impuestas por la burocrática Fide (Federación Internationale des Échecs) era porque estas favorecían la “masturbación mental” de no jugar para ganar ni perder, sino para hacer tablas. Él perdía –a veces– o ganaba –casi siempre–: pero no quedaba en tablas. Y la Fide lo despojó del título de campeón del mundo para dárselo al obediente y burocrático Boris Karpov, tablista consumado. No puede ser un cobarde el hombre que no sólo se enfrenta a la todopoderosa Fide, y a la en aquel entonces arrolladora maquinaria del ajedrez profesional soviético, y al gobierno de los Estados Unidos, que en 1992 pidió para él una elevada multa y una pena de diez años de cárcel por desobedecer una directiva del Departamento del Tesoro que le prohibía jugar al ajedrez en la entonces proscrita ex Yugoslavia; sino que desafía además a la fuerza más grande de nuestros tiempos: la industria de la publicidad.
La cosa fue así: Bobby Fischer tenía 29 años, y acababa de convertirse en el primer campeón mundial de ajedrez norteamericano de la historia, en el apogeo de la Guerra Fría, derrotando de un solo golpe de genio a los veinte o veinticinco millones de ajedrecistas soviéticos representados por Spassky. Era el Joven Héroe del Capitalismo Triunfante. Y le propusieron que se hiciera rico haciendo anuncios comerciales publicitarios. Tenía en aquel entonces una espléndida cabellera rubia, y le ofrecieron una fortuna por anunciar una marca de champú. Rechazó la oferta con el argumento de que él nunca había usado champú. Le dijeron entonces que anunciara con su fotografía los pianos Fischer, y él dijo que tampoco, porque no era de los mismos Fischer de los pianos. Algún anuncio más le propusieron, y también dijo que no.
No porque se negara a hacerse rico. Al contrario: nunca antes un ajedrecista había insistido en cobrar tanto dinero por ofrecer su arte en espectáculo: contra Spassky en el 72 exigió la suma entonces inaudita de 250.000 dólares, en Islandia; y veinte años más tarde, en Belgrado, para la partida de la simbólica revancha, nada menos que cinco millones de dólares. Pero quería hacerse rico con la verdad de su juego, y no con la mentira de la publicidad. Quien hace eso no es un cobarde, ni tampoco un “imbécil superdotado”, como lo describieron sus críticos. Es un desobediente.
Descanse en paz.

Saturday, January 26, 2008

por el dueño del blog

Hola, ya seran 6 años casi y aun veo mas desolado el panorama en mi pais, es una pena como los problemas del pais se han vuelto problemas de muchos paises sacando provecho para luego no resolver nada y colombia cada vez mas perdiendo su identidad y soberania, ¿sera que algun dia apostamos todos por algo nuevo y diferente?, no importa que se llame izquierda, socialismo, bolivarianismo, garzonismo, lo que sea, pero al menos un icono de la antipoda a la estirpe de 200 años que ha ido suicidando al pais, esa derecha rancia y arcaica que se disfrazaba de azul y rojo segun la ocasion, y que ahora el bi-presidente la ha desnudado para diseñarse su propio traje a su medida y que no le sirva a nadie mas como cual caudillo en epocas de la posguerra en España.
Pero siempre con el consuelo de que comparados con la octava economia del planeta como se hacen llamar, me quedo con mis problemas y en mi pais porque creo que podemos salir adelante nosotros mismos de todo esto.

COLOMBIA Y LOS SECUESTRADOS

La liberación de dos rehenes por parte de las Farc expresa, dramáticamente, que Colombia está a punto de tener su soberanía perforada por completo.

Los grupos armados de distinto signo ideológico han mostrado, año tras año, lustro tras lustro, década tras década, que la soberanía territorial del Estado se fue desdibujando. La persistente acción del narcotráfico y del crimen organizado transnacional ha hecho que la soberanía formal del país quedara en entredicho. La intervención indirecta masiva de Estados Unidos en el país significó una nueva pérdida de soberanía política, interna y externa. Los fracasados procesos de paz que contaron con acompañamiento internacional corroboraron que una vasta gama de actores foráneos, estatales y no estatales, disminuían aún más la soberanía diplomática de Colombia.

El episodio de la reciente entrega, que contó con un inusitado involucramiento europeo liderado por Francia y la activa participación suramericana encabezada por Venezuela, añade más fragilidad a la porosa soberanía nacional.

La actitud del gobierno del presidente Álvaro Uribe y las Farc frente a la cuestión humanitaria ha contribuido a que Colombia tenga hoy su soberanía internacional seriamente debilitada.
La obstinación del mandatario, la habilidad de la guerrilla y el silencio ciudadano han hecho que en vez de resolver el tema humanitario internamente entre colombianos, la comunidad de naciones y distintas coaliciones de fuerzas externas hicieran que el principio de no intervención se opacara drásticamente en el país. Aún antes de que el presidente Chávez solicitara que las Farc sean objeto del reconocimiento de su condición beligerante, la soberanía doméstica y exterior de Colombia estaba penetrada y resquebrajada: la reciente reunión extraordinaria de la OEA lo confirma. Además de responderle al mandatario venezolano y de comprender la dinámica de lo que ocurre actualmente con el sistema interamericano y el papel de Colombia en el mismo, los colombianos tienen que preguntarse y cuestionarse cómo fue que se llegó a este punto.

El Estado, los sectores oficialistas, las fuerzas de oposición, los distintos actores de la sociedad civil y aun los grupos armados debieran tener como horizonte estratégico la recuperación real de la soberanía. No se trata de chauvinismo ni xenofobia; se trata de un nacionalismo elemental y constructivo.

El conflicto armado y el negocio ilícito de las drogas seguirán prosperando hasta que Colombia no establezca un nuevo pacto social, político e institucional que coloque en el centro neurálgico de su consecución la recuperación y la reconstrucción de la soberanía.

El aporte internacional al humanitarismo y a la paz puede prosperar solamente en ese marco.

Tuesday, January 22, 2008

Los motivos de Chávez

A Chávez le está pasando lo que a aquel actor que, tras interpretar una telenovela del gran hombre, acabó convencido de que era él.
Por Antonio CaballeroFecha: 01/19/2008 -1342 Tienen razón Hugo Chávez, y la cancillería venezolana, y la Asamblea Nacional de Venezuela, en lo que dicen del gobierno de Álvaro Uribe, y, en general, de las oligarquías colombianas: que están obsesionadas con la guerra, que no quieren la paz, que lo único que les interesa es "mendigar la indulgencia del gobierno imperial de los Estados Unidos". Eso mismo venimos diciendo desde hace décadas muchos críticos del sistema imperante en Colombia. No son inventos del coronel venezolano: es la pura verdad.
También es la pura verdad, como dice el acuerdo de la Asamblea venezolana, que el calificativo de terroristas es sólo un recurso unilateral de ese mismo gobierno imperial contra "los movimientos de liberación y los Estados no subordinados a la dominación". El lenguaje puede parecer arcaico, pero la cosa es cierta. (Y también arcaica). En las listas del "terrorismo" no se entra ni se sale por razones objetivas, sino porque así lo deciden los Estados Unidos y lo imponen a sus aliados. Un solo ejemplo entre cien: cuando combatían a los soviéticos, los talibanes de Afganistán eran freedom fighters, "luchadores por la libertad" (Osama bin Laden incluido). Ahora que combaten a los norteamericanos se han vuelto "terroristas".
Lo que no es verdad, en cambio, es que Chávez actúe movido por sentimientos de "amor y solidaridad con (sus) hermanos colombianos". Tal vez es ese el único punto en el que tienen razón los comunicados de la cancillería colombiana: "El presidente Hugo Chávez confunde la cooperación con la injerencia, como confundió la mediación de la parcialización". Lo que mueve a Chávez es, en efecto, el deseo de inmiscuirse para sus propios fines en los asuntos internos de Colombia, y esa injerencia es indebida. Pero la parcialización es comprensible, porque, como he dicho aquí mismo muchas veces, las Farc tienen muchas razones valederas y objetivos respetables. En lo que se equivocan es en sus métodos, monstruosos y contrarrevolucionarios, que corrompen sus fines: y en la historia han sido siempre los métodos los que han corrompido las revoluciones. Eso debería saberlo mejor que nadie el propio Chávez, cuya "revolución bolivariana" se ha abstenido cuidadosamente de utilizar métodos infames.
Así que tiene razón el gobierno de Álvaro Uribe cuando acusa a Chávez de tomar partido por las Farc en el conflicto interno colombiano, sin creerle que lo haga por motivos humanitarios. Lo hace por los suyos propios. Pero estos no son sólo egoístas, sino genuinamente altruistas. Bolivarianos, por decirlo así: o sea, inspirados en el ejemplo de Simón Bolívar. Que también tenía la incómoda costumbre de inmiscuirse en los asuntos de los vecinos (la creación de la Gran Colombia fue exactamente eso), y también fue considerado terrorista (aunque en otras palabras) por los gobiernos imperiales de la época.
El bolivarianismo de Hugo Chávez, en efecto, no es meramente retórico. O, más exactamente, su retórica es la misma de Simón Bolívar, y se la cree él mismo tanto como el Libertador se creía la suya propia. Porque si en lo inmediato Chávez se siente llamado a heredar el papel de Fidel Castro como adversario de los Estados Unidos (con el petróleo que el cubano nunca tuvo), en una visión histórica más amplia cree que ese papel es el mismo que cumplió el Libertador en su tiempo. No sólo contra el imperio de entonces, que era el español (y ahí entra, como anécdota histriónica, su rifirrafe verbal con el rey Juan Carlos); sino con respecto también a los Estados Unidos. Esos que fueron vistos premonitoriamente por Bolívar en frase famosa como "dispuestos por la providencia para plagar de males a la América en nombre de la libertad".
Lo que pasa es eso: Chávez se cree Bolívar. El Libertador de América. Le está pasando lo mismo que a aquel actor de televisión que hace unos años, tras interpretar en una telenovela el papel del gran hombre, acabó convencido de que era él. Pero conviene no olvidar que también el propio Bolívar acabó creyéndose Bolívar (como bien supo verlo, sin poder evitarlo, Santander).
Entre tanto, y mientras no pase a mayores, esta crisis distrae. Y les conviene, por razones opuestas y en los dos casos internas, a los dos presidentes: tanto a Chávez como a Uribe. Ya estamos oyendo aquí el llamado a "rodear al presidente". Y me permito recordar la sabia advertencia que hacía al respecto el asesinado Jaime Garzón: "para que no se escape".

Friday, July 13, 2007


Esta es Colombia, Pablo
PorManuel Guzmán Hennessey
Así le dijo el poeta Jorge Rojas a Pablo Neruda, con cierta sorna poética. Mirando los rostros de quienes marcharon el pasado jueves, me preguntaba si la unánime expresión de libertad no entrañaría también, el grito ahogado de una sociedad que ha perdido el preciado valor. Su libertad más íntima, la de ser ella misma y nada más. Al reclamar la libertad de los compatriotas secuestrados, la multitud también clamaba por ella misma.
En bulliciosa e inútil catarsis. Que camuflaba su rostro esclavo en la expresión de la inane muchedumbre. La sociedad, de esta manera, se liberaba de la propia sociedad, como dijo Marcuse. Exorcizaba su terror individual en un largo silbato colectivo. Camuflaba (otra vez) su grito horrorizado, en una especie de aullido prehomínido. Si una sociedad necesita salir a la calle para gritar "libertad, libertad" esto prueba que, de alguna manera, no la tiene.
Lo que sí tiene es miedo, y ansiedad ante la incertidumbre, como ha dicho Zigmunt Bauman.Un visitante ilustre, José Saramago, de paso por Bogotá, se refirió a nosotros como una sociedad "aparentemente feliz" que esconde en la ciclovía su rostro lacerado. Me parece un acertado diagnóstico, pues los rostros de las personas que marcharon el jueves reflejaban, a mi juicio, ese drama bifronte: rostro, casi mueca, de una felicidad que se agazapa en la desesperanza, de un miedo que no deja ver su rostro mustio, y sonríe para declarar que aún cree en la vida, que sale a comprobar sus últimos arrestos en los rostros de otros semejantes, que a su vez se reflejan en nosotros, como un espejo inane que no oculta su estruendoso estallido.
La multitud se tomó de las manos para agregarse fuerza colectiva y declarar ante sí misma la impotencia aunada. Gesto infantil de un colectivo acoquinado que no asume posturas de adulto, e insiste en acciones estériles. El individuo se desmorona a golpes íntimos. Poco a poco viaja para adentro, como el piano del poema de Vallejo, mas no "a saltos alegres", como aquel, sino a saltos mortales. A tristes saltos mortales.Lo que la multitud gritaba: "libertad" es palabra de múltiples acepciones, que la gente fundió en una, la más evidente, la más elocuente, la más obvia. Pero no decía simplemente libertad. Decía muchas más cosas que denotan la profunda crisis de sus individuos, agrupados sin mayores elementos cohesionantes en grupos titubeantes.
Titubeantes porque la enorme expresión pública no tuvo la claridad y la continuidad que merecía. Porque el país exhibe, desde el Mandato Ciudadano por la Paz de 1997, su asombrosa y reiterada ineficacia. Otros países marchan y tumban presidentes, otros logran que sus presidentes cambien sus puntos de vista, pero el nuestro es un diálogo de sordos.
Nadie escucha. Quizás por ello ha adoptado la costumbre de salir a la calle una vez cada década. Pero esa misma sociedad que salió el jueves, en la más multitudinaria manifestación de los últimos años, permaneció en sus casas el domingo, en el más elocuente silencio de los últimos años: la consulta interna de los partidos.
Los analistas dicen que la abstención llegó al 95 por ciento. He ahí la democracia, otra entelequia huera, palabra que hoy permite el uso y el abuso.
Y si usted analiza los dos hechos históricos, encontrará seguramente las claves de lo que somos: Colombia, Pablo.

Tuesday, February 13, 2007

Prudencia

¡Prudencia!

PorPatricia Lara
Esta semana, después de que el Presidente Uribe dijo que los congresistas del Polo Democrático Alternativo eran "terroristas vestidos de civil" e insultó al jefe de ese partido, Carlos Gaviria, y lo acusó de simpatizar con la guerrilla, han sucedido los siguientes hechos, cuya ocurrencia, horas después de divulgadas las explosiones verbales del Presidente, puede ser casualidad, pero cuya existencia pone los pelos de punta:En Florencia (Caquetá) fue asesinado Leonel Becerra, desmovilizado del M-19.
En Apartadó fue baleada Carmen Santana, militante del Polo que estaba trabajando en la búsqueda de reparación para la población desplazada, esposa de Hernán Correa, dirigente sindical de la CUT en Urabá.Por teléfono se produjeron nuevas amenazas contra los hermanos del senador Gustavo Petro, quien ha dicho que el mes próximo hará un debate sobre el paramilitarismo en Antioquia y quien ha liderado la oposición a Uribe en lo que respecta a ese tema.
Por correo electrónico llegaron cerca de setenta amenazas a organizaciones sociales. (Una de ellas, dirigida a todos los "comunistas serviles camuflados de civil," y firmada por el "brazo político armado de las ex Auc", afirma que se identifica "con la política de seguridad del presidente Álvaro Uribe Vélez"; que está "con él hasta la victoria final sobre los comunistas disfrazados"; y que "el martes 13 un amarillo está en la mira").
Todo lo anterior demuestra que no es cierto lo que el Presidente le dijo esta semana al periodista Darío Arizmendi: "dígale al doctor César Gaviria que no se preocupe por el lenguaje, que se preocupe por las cosas de fondo".No, Presidente, por el lenguaje sí hay que preocuparse.
Un lenguaje tan agresivo como el suyo puede incendiar el país con más violencia.
Tal vez porque tenía en la mente ese temor al defender a su hermano de las insinuaciones hechas por el senador Gustavo Petro en el sentido de que él tendría nexos presuntos con los paramilitares, fue que usted afirmó: "cuando se cae en incitaciones de ese tipo, que pueden ocasionar el asesinato de una persona, podría configurarse una cosa que se llama terrorismo".
Pero ese tipo de incitaciones capaces de conducir al terrorismo son mucho más graves y preocupantes si vienen de boca del Presidente de la República, cuyo principal deber es defender el país de la violencia. Sus seguidores, Presidente, que son la mayoría de los colombianos que votan, entre quienes con seguridad se encuentran los desmovilizados de las autodefensas, pueden entender sus explosiones de ira como una "orden de eliminar" a sus contradictores.
Es que la gente interpreta las palabras según los parámetros que en sus círculos se usan para solucionar los conflictos. Y los recién desmovilizados están acostumbrados a solucionar los conflictos a bala y motosierra.De modo que el lenguaje sí es importante, Presidente, y el del Jefe de Estado lo es mucho más.
No sobraría, pues, presidente Uribe, que cada vez que se acerque a un micrófono recordara esa acertada advertencia de ese sabio gobernante que fue Alberto Lleras: la de que "los discursos en el Congreso se vuelven muertos en las veredas".

Monday, November 27, 2006

Cuesta abajo

Cuesta abajo
Con tal de mantener como delito al narcotràfico, se ha dado en la aberraión de encontrar perdonables el asesinato y el secuestro
Por Antonio Caballero
En tiempos de César Gaviria se hizo aquí una reforma de la justicia -una de tantas- que promovía la delación y la recompensaba económica y jurídicamente. Se trataba -cómo no- de combatir el narcotráfico. Escribí entonces en esta revista una columna advirtiendo que la nueva figura no haría que disminuyeran los narcotraficantes, pero sí que se multiplicaran los delatores. O sea, que contribuiría a que se corrompieran todavía más los colombianos: además de narcos, sapos.
Como es sabido, la delación no ha servido para frenar el narcotráfico. Y sin embargo ahora el fiscal Mario Iguarán y el presidente Álvaro Uribe van más lejos: proponen negociar con los narcos de segunda, los llamados traquetos, para así capturar a los capos de primera.
¿No aprenden? No. No quieren aprender.

La lucha contra el narcotráfico es una inútil tarea de Sísifo en la cual se empecinan nuestros gobiernos desde hace tres decenios. "Por convicción, no por coacción", se atrevió a decir con su habitual desfachatez otro presidente, Ernesto Samper en este caso. Y esa terca lucha ha tenido el único resultado, que era previsible también, de fortalecer el narcotráfico y a los narcotraficantes. Hoy se han convertido en el único motor y en los únicos actores de la vida colombiana en todos sus aspectos: el económico, el jurídico, y hasta el literario. Y el político, por supuesto. Tanto la política en la forma de juego electoral como en la de la guerra, "continuación de la política por otros medios" según la fórmula famosa, es hoy en Colombia una mera derivación del narcotráfico.
Pero tal vez la consecuencia más grave de ese estado de cosas sea de índole moral: la moral -o la desmoralización, o más exactamente la creciente inmoralización- de los colombianos se ha ido adecuando a las exigencias de la narcotización. Un ejemplo elocuente es la aceptación creciente de comportamientos moralmente repulsivos si contribuyen a esa destructiva lucha contra el narcotráfico. La conversión de la sucia delación en virtud ciudadana es un caso. Otro es la eliminación de los llamados "delitos conexos" en aras del mantenimiento del único delito considerado como verdadero, que es ese del narcotráfico, en contra de toda sensatez. Porque con tal de mantener como tal ese delito, que es completamente artificial y artificioso, y viene solamente de una imposición política (por interés económico) de los gobiernos de los Estados Unidos, se ha dado en la aberración de encontrar tolerables, y perdonables (y para comenzar excarcelables) otros delitos ellos sí verdaderamente criminales como el asesinato o el secuestro. El descuartizamiento de personas con motosierra, por ejemplo, ya es tenido por simple pecadillo retozón que sólo a un sicorrígido aguafiestas se le ocurriría censurar. Muy pronto estará específicamente contemplado como simple contravención en las nuevas versiones de la llamada Ley de Justicia y Paz, que sacrifica la justicia a cambio de nada, puesto que no sirve para lograr la paz sino para premiar, y en consecuencia alimentar, todos los modos de la guerra. Vamos en bajada.
Es un rodar por la pendiente. Un acostumbramiento a lo innoble, una aclimatación de lo ruin. Siento tener que volver a decirlo: vamos de mal en peor.

Wednesday, November 15, 2006

Cuando la fe y las ideologías son la oscuridad

Cuando la fe y las ideologías son la oscuridad
Por Diego Fernando Gómez SánchezJoseph Ratzinger, actual papa electo y autodenominado "Benedicto XVI", pronunció la semana pasada un discurso ante la "Academia Pontificia de las Ciencias", en el cual dijo lo siguiente: "La ciencia no puede pretender proporcionar una representación completa y determinista de nuestro futuro y del desarrollo de cada fenómeno que estudia".
Sobre la referencia a que la ciencia busca una representación completa y determinista del futuro, es importante explicar que la ciencia hace cien años abandonó lo que se denomina el paradigma mecanicista: la aproximación newtoniana de que el mundo era una máquina perfecta de la que aún no encontrábamos sus leyes fundamentales.
Abandonó la pretensión de "los absolutos" y descubrió que en el cosmos rige la relatividad, la incertidumbre, los emergimientos caóticos, la negaentropía, la autopoiesis, la autoorganización de los sistemas disipativos.
Esa es la ciencia de hoy, a cien años de distancia del determinismo, de los dogmas, de los absolutos. Es decir, la diferencia entre lo que Ratzinger señala sobre la ciencia es como entre cero e infinito, o en sus términos, como entre el cielo y la tierra. Por eso mucho menos busca tener una representación "completa" del futuro, sólo busca poder simular múltiples escenarios posibles.
En el discurso añadió, además: "El ser humano no puede depositar en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e incondicional, como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicarlo todo y satisfacer plenamente sus necesidades existenciales y espirituales".
No es confiar en la ciencia y sus descubrimientos, es confiar en el proceso de descubrir, de construcción de conocimiento, de la búsqueda de nuevas respuestas. Es sentirnos parte de un profundo proceso de transformación evolutiva y de emergimientos sistémicos. Incluso, para la ciencia es posible que Dios exista, pero no que exista uno que signifique límites a la búsqueda, a la creación de conocimiento.
El asunto es más de fondo cuando señala: "Satisfacer plenamente las necesidades existenciales y espirituales". Las religiones y las ideologías tienen un elemento en común: crean respuestas a la "necesidad de certidumbre" de los seres humanos. Un ejemplo desde lo religioso es la necesidad de superar la muerte. Las religiones dan una respuesta creando "la vida eterna", el cielo, el paraíso, la reencarnación. El resultado de ello es que somos una especie con un altísimo grado de irresponsabilidad con la vida, tanto de la especie como de la naturaleza en general. Por eso somos una "especie cáncer" y autodestructiva. Cabría preguntar: ¿Sobrevivirá el mundo a esos enajenados que se creen eternos?
Las ideologías hacen lo mismo, prescriben respuestas, como la de que el subdesarrollo es a causa de la explotación norteamericana, así no halla una cifra para sustentarlo. Por eso las religiones y las ideologías más que una forma de pensar, son una renuncia al pensamiento, a la búsqueda de respuestas. Y nada más aburrido que hablar con un tipo que "ya está pensado", pues simplemente no hay nada para discutir.

Por eso prefiero la ciencia, que es un proceso de descubrimiento, de reflexión, de aceptar la duda, la incertidumbre, de sentir que sólo somos polvo de estrellas vagando por el universo.

Wednesday, October 11, 2006

La tara latinoamericana

La tara latinoamericana

Por
Diego Fernando Gómez
Hace un par de semanas Luis Alberto Moreno, presidente del BID, invitaba a los latinoamericanos a que imitáramos al sudeste asiático. Hace cuarenta años estábamos mejor y ahora ellos están más cerca del mundo desarrollado. A nosotros nos empiezan a colocar en los estudios sobre desarrollo junto a los africanos, en un grupo de países con bajos crecimientos y niveles de desarrollo humano.
Latinoamérica empieza a ser centro de atención por cuatro décadas de estancamiento.
Noam Chomsky señala en su artículo en El Espectador esta semana: "América Latina debe enfrentar algunos de sus más graves problemas internos. La región es famosa por la rapacidad de sus clases ricas, y por su falta de responsabilidad social". Comparándola con el este de Asia dice: "Latinoamérica está cerca del peor récord de desigualdad en el mundo, el este de Asia está cercano al mejor". "Las importaciones en América Latina están fuertemente sesgadas hacia el consumo ostentoso; en el este de Asia, hacia la inversión productiva". En lo que se equivoca Chomsky es pensando que el cambio se está dando con los gobiernos neopopulistas. Todo lo contrario, nos están regresando cincuenta años en la discusión sin generar las verdaderas trasformaciones y reforzando los viejos mitos y modelos mentales. Esto se explica por lo siguiente:
Ya a comienzos del siglo pasado, Max Weber había señalado los problemas latinoamericanos explicando la tesis de que la moral calvinista, que premiaba el esfuerzo individual, al trabajo y la generación de riqueza, marcaban una diferencia en las trayectorias de desarrollo con los países de religión católica, en las que la aversión al trabajo manual y la resignación a la voluntad de Dios marcaba sus contextos culturales.
Esta apreciación la continúa verificando el Estudio Mundial de Valores de Inglehart.
Otra grave tara nos la imputan trabajos como los de Diamond y Sachs y Warner que evidencian un marcado subdesarrollo de las zonas tropicales, debido a los comportamientos socioculturales y económicos que implica la geografía. Un trabajo más reciente, que enriquece la discusión, es el de Acemoglu, Johnson y Robinson, llamado "El origen Colonial del desarrollo comparativo". Muestra cómo el tipo de colonia que se estableció, marcó de manera definitiva el desarrollo posterior de los países. North, retomando esta tesis señala que España estableció un patrón colonial extractito, en los que la corona garantizaba privilegios de monopolio. Señala que estos esquemas se han perpetuado: "Se captura la política y se usa ésta como un vehículo de transacción en todos los mercados". Explica que se dejó en Latinoamérica una herencia en la que grupos de poder controlan la política y a través de ella la economía que mantienen a la región en el subdesarrollo.
Además de todo esto, por cuenta propia nos inventamos el mito de la dependencia y la teoría centro-periferia para explicarnos por qué no nos desarrollábamos e íbamos a permanecer así hasta que el orden internacional no cambiara. Esta ocurrencia le permitió a nuestra seudointelectualidad de vieja izquierda, estar sentada cuatro décadas tomando tinto y fumando cigarrillo mientras escribía y renegaba contra el "monstruo del norte".
Entre tanto, los aún más pobres países del sudeste asiático se trasformaban radicalmente, no importando sus precedentes culturales, coloniales o que estaban en pleno trópico.
De otra parte, el caprichoso supuesto de la explotación nadaba en la inconsistencia.
Estados Unidos aceleró su crecimiento como una economía autocontenida en la que el mercado externo representaba menos del 5 por ciento del PIB hasta entrados los noventa, una buena parte insumos energéticos. De hecho sus modelos económicos eran de economía cerrada, pues la externa no era significativa estadísticamente. En otras palabras, su crecimiento no se explica por qué explotara a alguien y menos a Latinoamérica, su importancia era simplemente geopolítica.
En conclusión, necesitamos una transformación profunda de nuestras concepciones del desarrollo, la equidad y la pobreza. La nueva sociedad latinoamericana dependerá de qué tanto aprendamos, de cuántas nuevas empresas creemos, de cómo las familias que actualmente están excluidas de los sistemas de generación de bienestar puedan integrarse a la economía y la sociedad, de cuántas capacidades humanas y sociales podamos construir. Tenemos que depender menos del Estado y más de nuestra autodeterminación. Ser conscientes que tenemos que construir más autonomía, más capacidades propias.
Necesitamos una nueva izquierda que haga una verdadera revolución en nuestra sociedad cambiando sus viejas concepciones de Estado, sociedad, equidad y desarrollo. Pero esto lo tiene que hacer un "contrapolítico". Los políticos convencionales, con el afán de los votos, sólo recitan los mismos cantos de sirena que la gente quiere escuchar y que se acoplan a sus modelos mentales de dependencia del Estado, los mismos que nos tienen anclados en el subdesarrollo.

Thursday, September 14, 2006

Ante una calavera

Ante una calavera
Hubiéramos querido verlo morirse de viejo, atormentado por la mala conciencia y tratado con más desprecio que miedo por sus conciudadanos
Por Héctor Abad Faciolince
Dicen los periódicos que el esqueleto estaba vestido con unos bluyines Versace y una camiseta Tommy Hilfiger. Por la foto de la primera página se ve que la calavera tenía un orificio de salida en el hueso temporal izquierdo. El de entrada no se ve, porque el disparo lo hizo 'Monoleche', según dice el relato, metiéndole la bala por un ojo. Tenía fracturado el hueso cúbito de un brazo. La dentadura se veía completa
pero hubo que pulverizarle un incisivo para hacer la prueba de ADN. Compararon el material genético con el de un hijo que el esqueleto, cuando bailaba, no quiso reconocer como propio durante 20 años y el resultado da una probabilidad del 99,9 por ciento de que ambas personas sean padre e hijo.
La mandíbula de esta calavera que acaba de ser desenterrada, se abría y se cerraba para llamarse a sí mismo, cuando estuvo en vida, Carlos Castaño, y fue un asesino sin hígados que escribió parte de nuestra historia con tinta de sangre y pluma de plomo. Ahora es cierto que de su hígado no queda ni el menor vestigio, porque, como dicen los forenses, de su "tejido blando" no quedó ningún rastro. Como en la historia bíblica de Caín y Abel, lo mandó a matar su propio hermano (aunque no tuvo el valor de pegarle él mismo con una quijada de burro), pero aquí convendría decir que se trata de la historia de Caín y Caín, pues uno fue un asesino y el otro sigue siéndolo.

El Estado tenía planeado perdonarle su rosario de crímenes al muerto, y planea excusarle al vivo todos los suyos, sin excluir este último fratricidio. Dicen que la propia madre no le perdona, pero el gobierno sí. Al fin, si se entrega, le darán, como mucho, ocho años sin salir, no de la cárcel, sino de una finca (de los cuales le valdrán todo el tiempo ya pasado en Ralito, y no le descontarán el que lleva sin presentarse en La Ceja). Y al final, si quiere, podrá participar en política. Es tan sucia la política aquí, que tal vez entre a ella como Pedro por su casa.
Pasándose por el bozo una sentencia de la Corte Constitucional (que se suponía era nuestra última instancia jurídica, y que le puso un límite a la impunidad) el gobierno está expidiendo un decreto para sacarle el cuerpo a lo que dijo el alto tribunal. Durante cinco días pusieron el proyecto en Internet para que los ciudadanos opináramos sobre el mismo. De los más de 40 millones de colombianos, hubo 30 que hicieron comentarios, pero al ministro Holguín le parecieron suficientes.
Si no es muy tarde y sirve de algo (pero es muy tarde y no servirá de nada), comento lo siguiente: con el mismo detalle con el que 'Monoleche' contó cómo y por qué y dónde y cuándo y por orden de quién asesinó al asesino Carlos Castaño (que en su proceso de conversión quería revelar las rutas, los sembrados, y los responsables del negocio de la cocaína), con el mismo cuidado con el que desenterraron al muerto y analizaron sus dientes y huesos, así mismo tendrían que ser las confesiones de los paramilitares y la investigación de la justicia.
Si la ley nos conduce a esta impunidad casi absoluta de los criminales (y tal vez no había otra manera de obligarlos a entregar las armas), las víctimas reclamamos que haya también una verdad casi absoluta (y digo casi porque lo absoluto no existe en este mundo). Lo hemos repetido hasta la saciedad, pero aquí se hacen los sordos: no es posible perdonar a los paramilitares, o siquiera ignorarlos o tolerarlos sueltos, si antes no se conoce la verdad. Está bien: denles estos castigos ridículos, pero al menos oblíguenlos a contar a quiénes mataron, y cómo y por orden de quién y con cuáles cómplices.
Así, como en el caso de 'Monoleche' y de Vicente Castaño, la gente podrá oír con sus propios oídos y ver con sus propios ojos ante qué clase de criminales estamos. Está bien: que anden sueltos por la calle y vayan a los centros comerciales a comprar bluyines Versace, pero que antes, al menos, digan todo lo que saben. Ni siquiera se les pide que se arrepientan. Que lo digan orgullosos, cómo y cuándo y a quiénes mataron. Pero que lo digan, y ya nosotros, los ciudadanos que todavía no vemos con agrado que la cultura mafiosa y criminal se haya tomado al país, por lo menos nosotros, esa minoría oculta y casi secreta, podremos sacar nuestras propias conclusiones y expresar íntimamente nuestro repudio y nuestro asco.
Porque el asesinato del asesino fue también un asco. No, no era esa calavera con un hueco lo que queríamos ver las víctimas de Carlos Castaño. No era eso. Hubiéramos querido verlo morirse de viejo, atormentado por la mala conciencia de sus miles de crímenes, y tratado con más desprecio que miedo por sus conciudadanos. No era esa la venganza que queríamos. No es eso lo que nos consuela, ni eso lo que nos alegra. Hubiéramos querido verlo confesando sus crímenes de toda índole (sin las sucias justificaciones que expuso en ese libro mendaz, Mi confesión), hubiéramos querido verlo morirse de viejo, pero repudiado e ignorado por una sociedad distinta a esta, porque esta parece que ya hubiera vendido su conciencia moral a los matones y a los traficantes.

Tuesday, September 05, 2006

Nuestros amigos los paras

Nuestros amigos los paras

AL ESTABLECIMIENTO POLÍTICO Y ECONÓMICO NUNCA LE HAN DISGUSTADO LOS PARAS NI POR SUS ACCIONES ARMADAS, NI POR SUS NEGOCIOS ILEGALES

Por Antonio Caballero

El fiscal Mario Iguarán está destapando cosas sucedidas hace más de veinte años y oficialmente tapadas desde entonces, como las desapariciones del Palacio de Justicia. Oficialmente tapadas, pero que todos conocíamos: las vimos en directo por la televisión, y al respecto se escribieron cientos de artículos de prensa y por lo menos una docena de libros. Cosas que todos conocíamos, pero oficialmente tapadas, deliberadamente tapadas por las autoridades para no tener que responder por ellas.
En su momento las tapó la Cámara de Representantes por iniciativa del muchas veces ministro y procurador y candidato presidencial Horacio Serpa, y las volvió a tapar con cuidado y primor la justicia penal militar, como lo recordaba en estos días un oficial retirado. De cuando en cuando brotaban flatulencias fétidas de los hechos ocultados, como vaharadas de putrefacción subterránea: las condenas administrativas del procurador Alfonso Gómez Méndez contra dos militares individualmente considerados, el llamado a indagatoria de quien entonces era presidente de la República, Belisario Betancur, que reconoció haber sabido que del Palacio incendiado habían salido vivos algunos detenidos, pero después "no se puso a averiguar más".
Está muy bien que esas cosas antiguas y enterradas empiecen a destaparse, así sea con tanta tardanza. Sería bueno que empezaran a destaparse también las que están pasando y se están tapando ahora. Algo se ha empezado a hacer con respecto a algunos excesos de los militares, y hay que reconocérselo tanto al fiscal Iguarán como al general Freddy Padilla, nuevo comandante de las Fuerzas Militares. Pero hace falta el mismo interés por revelar la verdad en lo que se refiera a los paramilitares. A los "mal llamados paramilitares" como los llama el presidente Álvaro Uribe: y la empresa de ocultamiento de la verdad empieza en esa frase. Las palabras nunca son inocentes.

Los paramilitares sí son paramilitares, llámelos como quiera el Presidente; y son además narcoparamilitares, o sea, narcos; y lo han sido desde que aparecieron, no sólo para defender de la guerrilla a los terratenientes 'tradicionales', sino para defender sus propios nuevos cultivos ilegales. El primer grupo narcoparamilitar fue el MAS, Muerte a Secuestradores, creado por los hermanos Ochoa y Pablo Escobar. Y han sido narcoparamilitares todos los hermanos Castaño de las AUC, empezando por Fidel, que así hicieron su fortuna. No son colados de última hora los negociantes del narcotráfico en la estructura política de las autodefensas, como pretenden hacernos creer fingiendo un virtuoso escándalo: son su columna vertebral. Y eso lo sabemos todos desde el principio, como supimos siempre lo de los desaparecidos del Palacio de Justicia.
Y si ahora los narcoparamilitares no están siendo castigados por ninguno de sus crímenes, políticos o económicos, ni por sus masacres ni por sus negocios ilícitos, no es sólo por el motivo obvio de que no han sido derrotados por el Estado. Sino porque son, siguen siendo como desde un principio, aliados de las fuerzas del Estado (militares y de policía), y amigos de los dueños del Estado. Amigos por sus servicios electorales, desde luego: más elocuentes si cabe que las investigaciones sobre distribución de votos uribistas publicadas por Claudia López son las palabras del jefe del Partido Conservador (uribista) y hoy ministro de Interior y de Justicia, Carlos Holguín, sobre la lógica de la política en Colombia: "No se le niega la inscripción como candidato ni al hijo de Al Capone". Pero ante todo amigos por razones de puro cariño. Al establecimiento político y económico colombiano nunca le han disgustado los paras, por el contrario. Ni por sus acciones armadas, cuyo espíritu y cuyos fines han aprobado siempre, aunque a veces les haya disgustado la rudeza excesiva de sus métodos -esas motosierras...-; ni por sus negocios legales o ilegales, en muchos de los cuales han participado o querido participar, desde la ganadería hasta el narcotráfico pasando por el chance y el chanchullo con los dineros públicos.
Fragmento de una entrevista del saliente ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt, en El Tiempo del 27 de agosto:
¿Y es cierto que Salvatore Mancuso y Ernesto Báez lloraron en su despedida?. "Pues, sí". ¿Y Báez habló para despedirlo y darle la bienvenida a Holguín? "Sí, así fue".
Ya lo ven ustedes: se adoran. Así que, como Belisario, no se pondrán a averiguar más.

Wednesday, August 30, 2006

Guerra importada

Guerra importada
Fabio Villegas Botero
Hace 15 días, hablando sobre la paz, decía que “Colombia ha emprendido dos guerras inducidas del exterior y con presupuestos falsos”. La primera al narcotráfico. Es una guerra que nos impusieron los EEUU., como lo proclama el New York Times citado por el editorial de El Mundo el pasado martes: “Lo que es claro es que la guerra contra las droga, la guerra original sin límites contra un enemigo evasivo y difícil de definir, ha avanzado inexorablemente, impulsada por décadas de apoyo político persistente en ambos lados de los pasillos del Congreso”, de USA. Es, pues, una guerra que se le impuso a Colombia desde el exterior, con parámetros diseñados desde fuera, financiada con miles de millones de dólares, con armas, aun químicas, en parte extranjeras, con personal militar también en parte extranjero, con entrega de prisioneros al extranjero, pero con víctimas todas colombianas.
Lo primero que se puede decir es que es una guerra improcedente, sin justificación. De lo que se puede tratar es de reprimir un delito similar al contrabando o a la producción ilegal de artículos nocivos a la salud, como el alcohol, el tabaco y análogos, si es que así lo hubiera determinado previamente la legislación del país. Es, a lo sumo, un hecho policivo, no militar. Se debe decomisar el artículo ilícito y detener al delincuente, que luego debe ir a los estrados judiciales para recibir la sentencia condenatoria, si se le prueba la comisión del delito y de acuerdo a las normas del código penal. La pena de destierro está absolutamente prohibida por la Constitución. ¿Será que la extradición, que sería una pena máxima, se puede dar en tal caso sin un juicio y una condena previa del delincuente, máxime si no está contemplada en el código penal como la apropiada para su delito? Es que no se trata de una guerra donde se enfrentan dos ejércitos y los militares pueden hasta dar muerte al enemigo en el fragor de la batalla, respetando, no obstante, las normas del derecho de guerra y las del derecho internacional humanitario.
Se habla de liberalización de este tipo de drogas y el mismo editorial del Mundo concluye que “En Colombia aceptaríamos complacidos la liberalización”. No creo que se deba llegar al extremo de “eliminar los controles” como propone Friedman. Me atrevo a insinuar un posible camino. Hay que partir del presupuesto de que mientras haya demanda (y nunca dejará de haberla, aunque sí disminuir), es imposible acabar con la producción, elaboración y venta. ¿Qué han hecho los gobiernos de todo el mundo con otros artículos similares a lo largo de la historia? Convertirlos, como los licores, los juegos de azar y las armas, en monopolio del Estado, o controlar de manera especial su producción y comercialización por medio de los particulares como se hace con el tabaco y otras drogas que se utilizan en la medicina. Sería un negocio rentable, pero controlado suficientemente, y el comercio internacional se regularía mediante convenios con los diferentes gobiernos o, de pronto, en el ámbito de la OMC. Un tratamiento serio y responsable de parte de los gobiernos donde se produce y de los que se exporta la droga, hará que los precios se regulen, y solo quedará la acción policiva para evitar la producción ilegal (como la tapetusa, que ya es marginal), y el contrabando, que se disminuiría notablemente. El Mundo propone que la legalización parta de los EEUU. que siempre se han opuesto. Si se les propone algo menos oneroso que el Plan Colombia, bastante ineficiente y que cada vez desgasta más su imagen, quizás sea un camino adecuado para que lo acepten.