Monday, August 31, 2009
El pobre Uribe
OPINIÓN
Decía Lula, con razón, que esas reuniones es mejor no tenerlas en público, porque se habla para el público. O sea: no se dice la verdad.
Sábado 29 Agosto 2009
Pobre presidente Álvaro Uribe, él solito contra todos en gavilla en la reunión de Unasur, en Bariloche. Pobre, pero ¿quién le manda? Ah: es que la discusión era justamente esa: le mandan los Estados Unidos. La discusión consistía en saber si la seguridad "contra el terrorismo y el narcotráfico" consiste en ponerse bajo el ala protectora y la garra rapaz de los
Estados Unidos, o no. Uribe dice que sí. Los demás dicen que no. El presidente ecuatoriano Correa dice que "la lógica, la razón y la historia" dicen que no. Y tiene de su lado a la lógica, la razón y la historia.
Es ahí donde reside la soledad del presidente Uribe, pobre: en que su postura está contra la lógica, la razón y la historia (aunque a favor de los Estados Unidos, los cuales, fieles a su costumbre, lo dejaron solo). Los demás asistentes a la reunión de Bariloche podían hablar tranquilos: decían lo que pensaban. Uribe no: Uribe -pobre, pero quién le manda- estaba obligado a decir mentiras.
Decía el brasileño Lula (pues la reunión era así, desabrochada: todos se trataban por su nombre de pila, e incluso al pobre Uribe le decían "compañero"), decía Lula, con razón, que esas reuniones es mejor no tenerlas en público, porque se habla para el público. O sea: no se dice la verdad. Y por eso, coherente consigo mismo, Lula no dijo nada. Pero también con razón decía el peruano Alan García lo contrario: "Que haya luz y taquígrafos". O sea: que se digan las cosas. Y con razón la chilena Bachelet pedía "transparencia", y el paraguayo Lugo aseguraba que cuando no hay nada que ocultar las cosas pueden ser dichas.
Y el venezolano Chávez tenía también razón al afirmar, con absoluta convicción y ajustándose a la más sobria realidad, que no hay por qué creerles a los gobiernos de los Estados Unidos, que desde hace ya dos siglos no han hecho más que mentir (como, por otra parte, todos los gobiernos, incluyendo al de Chávez),y que un imperio es un imperio y tiene intereses imperiales. Obviedades, pero ciertas: lo obvio suele ser cierto. Y no tenía razón, pero podía decirlo con toda impunidad, porque la demagogia patriotera suele ser impune, que si San Martín y que si Bolívar y que si Artigas y que si el Arauca vibrador.
Y más razón que ninguno tenía el ecuatoriano Correa cuando explicaba, esta vez sin descomponerse, que donde hay guerra es en Colombia, y no en los vecinos; y que donde se produce droga es en Colombia, y no en los vecinos; y que la definición de quién es narcotraficante y quién es terrorista no se puede dejar al arbitrio del gobierno de los Estados Unidos porque cualquiera puede acabar siendo definido así, si a los Estados Unidos les conviene.
En cambio el pobre Uribe... Al pobre Uribe le tocaba decir, a sabiendas de que lo que decía no era cierto, que entre los Estados Unidos y Colombia hay "igualdad soberana", por ejemplo. Y que las bases militares no son bases militares. Y que la guerra contra el narcotráfico se va ganando, gracias al "esfuerzo eficaz" y a la "colaboración útil" entre los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos. Y que Colombia "respeta su Constitución" (¡que lo diga él, que la ha cambiado dos veces...!) y por eso no habrá "tránsito de tropas". Y que la transparencia (¡que lo diga él...!) es condición necesaria de la legitimidad. Y que "estos flagelos", y que "la protección ecológica de la Amazonia", y que patatín y que patatán.
Al lado del pobre Uribe estaba sentado el aún más pobre canciller Bermúdez, a quien le temblaban las manos, pobre.
Escribo esta columna sin saber en qué paró la cosa, porque la tengo que entregar ya. Y los Jefes y Jefas de Estado reunidos en Bariloche (porque, eso sí, la verdad no importará, pero la corrección de género es sagrada) acaban de decidir hacer un receso. Pero no creo que pase mucho -salvo en el caso de que el pobre Uribe tome la salida que le sugirió el peruano García: salirse de Unasur-. Así que la reunión, más que por lo que en ella se dijo, se puede describir por lo que en ella se vio. Y lo que se vio es que mientras el pobre Uribe peroraba, los demás presidentes estaban almorzando. Y que mientras todos los demás bebían agua, el pobre Uribe y su pobre canciller tomaban Coca-Cola, la nuestra.
Monday, August 17, 2009
Puro Realismo
OPINIÓNEsas bases en el mundo no tienen por objeto combatir el narcotráfico o el terrorismo, sino defender los intereses imperiales de Estados Unidos
Sábado 15 Agosto 2009
Recordaba pertinentemente Hugo Chávez en su entrevista a RCN que los Estados Unidos nunca han permitido que sus tropas estén bajo mando extranjero, ni siquiera en las misiones de Cascos Azules de la ONU. Con lo cual la afirmación de que en sus nuevas bases en Colombia se someterán a la autoridad de los oficiales colombianos no pasa de ser un? chiste. Recordaba también la lista interminable (o no terminada todavía) de gobernantes de América Latina derrocados por intervenciones militares gringas. Pues el imperio norteamericano -y en eso también tiene razón Chávez- tiene intereses superiores a los de su timonel de turno: Barack Obama es una anécdota.
Y esos intereses no pasan por los pretextos aducidos para la instalación de las bases, como fingen creer quienes las defienden: la ayuda a los gobiernos locales para combatir el terrorismo, y la ayuda para combatir el narcotráfico.
La ayuda contra el terrorismo -o sea, en el caso colombiano, la intervención en la guerra interna contra la subversión de las Farc- estaba explícitamente excluida del Plan Colombia tal como se firmó en tiempos de Andrés Pastrana y Bill Clinton. Sólo empezó a operar, bajo George Bush (y Pastrana: y creo recordar que sin consulta al Congreso), tras los ataques contra las Torres Gemelas de Manhattan, en 2001, cuando el gobierno norteamericano proclamó la "cruzada global contra el terrorismo": con el resultado, visible para quien quiera verlo, de que el terrorismo se ha multiplicado en el mundo. Pues en todas partes las guerras internas se agravan cuando los Estados Unidos deciden "ayudar": hasta en Irlanda.
En cuanto al narcotráfico, no está en los intereses de los Estados Unidos el acabar con él. Siempre han dicho, por lo demás, que sólo pretenden reducirlo a la mitad (con el consiguiente efecto de encarecer la droga, mejorando así el negocio de las mafias que la controlan); pero ni eso han conseguido. Como le recordaba Chávez, también pertinentemente, a la falsa ingenua Vicky Dávila de RCN, donde llegan las tropas gringas se dispara el consumo de droga. Y en cuanto a la producción, ¿se ha visto -por ejemplo- que la de opio haya disminuido en Afganistán desde que el gobierno de Bush les declaró la guerra (que sigue) a los talibanes? Al revés: se ha multiplicado. No sobra recordar que el consumo masivo de drogas es una invención norteamericana, que data de los tiempos de la guerra del Vietnam. Y, de pasada, que el negocio de la droga comenzó en Colombia -en los tiempos bucólicos y casi incruentos de la bonanza marimbera de los guajiros y los samarios- de la mano de los pilotos gringos veteranos del Vietnam que hicieron los primeros embarques. Y, por otra parte, treinta años de experiencia enseñan -o deberían enseñar a quien no esté voluntariamente ciego- que la guerra contra la droga es un completo fracaso, y ha agravado el problema en lugar de resolverlo.
Los que afirman, con aparente seriedad, que esa batalla se está ganando en Colombia, ¿es que no miran en torno? ¿Es que el elefante de la droga se mueve sigilosamente "a sus espaldas", como decía Ernesto Samper cuando descubrió que había ganado la Presidencia comprando las elecciones con dinero del cartel de Cali? Álvaro Uribe, al pedirles a sus parlamentarios que le votaran sus proyectos "antes de ir a la cárcel", reconoció tácitamente que también él le debía su presidencia a la droga: a los votos que los narcoparamilitares les pusieron a los candidatos del uribismo, y por supuesto a Uribe mismo, en las regiones rurales. Cualquiera que quiera ver ve que la droga sigue siendo el eje de la economía y la política colombianas. ¿O es que de verdad cree alguien que sólo las Farc la manejan? No, también las Farc. Y en cuanto a los que dicen, también con aparente seriedad, que gracias a la ayuda gringa (de la base de Manta en el Ecuador) se han podido hacer grandes incautaciones de droga que salía de Colombia rumbo a los Estados Unidos, en esas aguas territoriales colombianas cuyo control les debió Samper a los norteamericanos para que no se lo llevaran preso por narcotraficante, como habían hecho con el panameño Manuel Antonio Noriega ¿es que no se les ha ocurrido que sería más fácil -o por lo menos igual de difícil- hacer esas incautaciones en aguas norteamericanas, a la entrada, y desde bases en territorio norteamericano? Porque la droga sale de aquí: pero entra allá.
No: las bases militares norteamericanas -un centenar en todo el mundo- no tienen por objeto ayudar a perseguir el terrorismo ni ayudar a combatir el narcotráfico (al margen de que cuando lo hacen agrandan el problema). Tienen por objeto, desde la de Diego García en el océano Índico o la de Rota en España hasta la de Palmerola en Honduras y la de Palanquero en Colombia, defender los intereses imperiales de los Estados Unidos. Y esta defensa ha requerido numerosas invasiones a países latinoamericanos y aún más numerosos golpes militares (el más reciente es el de Honduras, hace un mes), como deberían saber los que defienden las bases, a la vez que niegan que sean bases.
Y si se engañan ellos mismos creyendo que el imperio es su amigo, que recuerden la suerte corrida por quienes se creían amigos del imperio: Mobutu del Congo, el Sha de Irán. Hasta Saddam Hussein de Irak se creyó su amigo cuando le dieron armas para que le hiciera la guerra a la Revolución Islámica de su vecino Irán: una guerra que a los dos países les costó millones de muertos.
Tiene razón Hugo Chávez cuando teme que las bases en Colombia tengan algo que ver con su Revolución Bolivariana. Lo laman paranoico. Es sólo realista.
Monday, August 10, 2009
La hecatombe va por dentro
Por Hugo Acero*
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¿Quién iba a creer hace algunos meses que la hecatombe que justificaría la reelección del Presidente Uribe se iba a originar desde el interior del propio Gobierno?
La infiltración del paramilitarismo en el DAS desde las épocas de Jorge Noguera, las “chuzadas” y seguimientos a los miembros de la Corte y a los opositores del Gobierno”, “los falsos positivos” y el manejo poco ético de los negocios de los hijos del Presidente han provocado una verdadera debacle, que seguramente no evitará la reelección si el Presidente insiste en ello. Pero que dejará graves cuestionamientos sobre la legitimidad y credibilidad del futuro gobierno en escenarios nacionales e internacionales, con consecuencias hasta ahora impredecibles para la gobernabilidad del país y para la democracia.
Frente a estas situaciones, me niego a creer que el Presidente no sabía lo que estaba pasando, que nadie le había advertido sobre los nexos y relaciones del señor Noguera con miembros del paramilitarismo y sobre la manera como puso a disposición de estos criminales al DAS. No se puede creer que algunos funcionarios de esta Institución se movieran como “ruedas sueltas” chuzando y realizando seguimientos a los miembros de la Corte y a los opositores del gobierno y que además, estas ruedas sueltas, se reunieran con funcionarios de Palacio y el Presidente no estuviera enterado.
No se puede creer que los ministros no supieran que los hijos del Presidente estaban tras algunos negocios de la nueva Zona Franca y menos aún, creer que el Presidente no supiera de los negocios de sus hijos y de las consecuencias ético-políticas que esos comportamientos le podían acarrear.
Tampoco se puede creer que la exigencia de bajas en contra de las guerrillas, que se contabilizaban todos los meses y sobre las cuales se deba reconocimientos, no fue lo que provocó los “falsos positivos” que realizaron algunos militares deshonestos. Es imposible que el Presidente, que hasta hace algunos meses, en materia de seguridad y de gobierno, todo lo sabía y todo lo controlaba, hoy no diga nada sobre estos problemas, como si no supiera qué estaba pasando.
Si en Colombia no aceptáramos como normal “el todo vale”, si no estuviéramos dispuestos “pa las que sea”, nos importaran más los medios que los fines y nuestra democracia fuera por lo menos moderna, el Presidente, como máximo representante del Estado, nos tendría que decir si ordenó chuzar y realizar seguimiento a los miembros de la Corte y a miembros de la oposición.
Menos podría guardar silencio, como hasta ahora lo ha hecho, y en cambio, solicitaría a la justicia que investigue y le facilitaría su trabajo sin declaraciones públicas que ponen en duda su imparcialidad y emprendería una reforma profunda del DAS, así tuviera que dejarlo por un tiempo inactivo; total, es mejor que tener la desconfianza permanente sobre la transparencia del trabajo de esta institución.
Así mismo, dejaría que las investigaciones sobre los “falsos positivos” llegaran hasta las últimas consecuencias, como un mecanismo importante para fortalecer la credibilidad de las instituciones armadas y les pediría a sus hijos que no hagan lo que no le gustaría que hicieran los hijos de los gobernadores y de los alcaldes.
El anterior párrafo está escrito más con el deseo que con la objetividad que impone esta coyuntura. Sin embargo, si se quiere de verdad salir de estos problemas con un saldo a favor de las instituciones, de la democracia y del bienestar de los ciudadanos se requieren respuestas audaces que antepongan el interés general frente al interés personal.
La hecatombe ya llegó, pero no llegó de afuera sino al interior del propio Gobierno y está jugando en contra de las instituciones, de la imagen del país y de nuestra, cada vez más, incipiente democracia.
Wednesday, April 01, 2009
Resistencia Civil
Por Antonio Caballero
En la Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: los curaban encerrándolos en hospitales siquiatricos
Sábado 21 Marzo 2009
Hay los problemas que provoca la droga. Y hay además los problemas, infinitamente más graves, que provocan las autoridades con el pretexto de solucionar los problemas que provoca la droga. El primero de ellos es el de la prohibición y consiguiente guerra, con su secuela de sangre, corrupción y destrucción. Y como ñapa, el presidente Álvaro Uribe propone por quinta vez la supresión de la "dosis personal" de los adictos, que sirve para distinguir al inofensivo usuario de drogas del peligroso narcotraficante.
No es una simple idiotez, como parece al escuchar los argumentos que defienden la medida, demagógicos y paternalistas, de santurronería oportunista, pero en el fondo de intención liberticida, como suelen ser siempre las iniciativas de las autoridades cuando acuden al principio de la defensa de la moral. Existe en la hipócrita Arabia Saudita un 'Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio' del cual depende un cuerpo de Policía de costumbres que espía, encarcela y castiga con látigo a quien es sorprendido bebiendo, blasfemando o fornicando. Para allá quiere llevarnos el capataz de esta finca, que ya abandonó el guaro por las goticas homeopáticas y ya aconsejó a los jóvenes posponer para la vejez lo que él llama "el gustico". Quiere que todos sus súbditos, como él, seamos buenos a la fuerza.
Y anuncia su viceministro de Justicia, Miguel Cevallos, que el asunto es más sutil. Al que sea sorprendido consumiendo droga no se le castigará como a un delincuente, sino que se lo tratará como a un enfermo mental. Será puesto por sus captores a disposición de un tribunal especial en el que un juez, asesorado por médicos y sicólogos, le impondrá un tratamiento para su vicio o adicción, obligatorio, y, de acuerdo con la gravedad del caso, con privación temporal de la libertad. Temporal, en principio. Pero ¿y si a pesar del tratamiento a base de drogas, es de suponer- el enfermo nada que se cura? ¿Cadena perpetua? Por otra parte, un millón y medio de colombianos consumimos o hemos consumido drogas (hasta aquel otro paisa abstemio que tuvimos, Pablo Escobar, fumaba marihuana): ¿darán abasto los tribunales especiales del viceministro Ceballos?
Pero la droga, como dije al principio, es sólo el pretexto. El objetivo es otro, como lo señalaba hace unos días en El Espectador el columnista Daniel Pacheco. "Lo que plantea esta nueva ley -escribe Pacheco- es que el Estado es la instancia superior que determina quién es normal y quién es anormal. Después de la droga puede seguir la regulación de la sexualidad, la apariencia física y las ideas, 'por el bien de la sociedad'".
Pues el proceso es el mismo que describe la vieja fabulita didáctica que durante 50 años fue atribuida a Bertolt Brecht (y de la cual gracias a Internet hasta los más ignorantes sabemos hoy que es de un ignoto pastor protestante): la fabulita sobre lo que les pasa a los otros. "Cuando se llevaron a los comunistas no me importó, porque yo no era comunista; cuando se llevaron a los judíos..." etc. El gobierno de Uribe por ahora sólo propone tratar como locos a los drogadictos. En los años finales de a Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: en vez de castigarlos enviándolos a Siberia, los curaban encerrándolos en hospitales siquiátricos.
Pacheco, que por lo visto es un entusiasta, concluye su columna con una invitación a sus lectores para que "pasen a la acción" y vayan a manifestarse este jueves que viene en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a las 6 de la tarde, portando cada cual su "dosis de personalidad". Tiene razón. Como la tenía el autor de la fabulita. La libertad se construye y se mantiene mediante la resistencia civil contra el poder.
...
NOTA que algo tiene que ver con lo anterior. Alguien debió decirle por fin a la Secretaria de Gobierno de la Alcaldía Mayor que el verbo "ver" no se conjuga con zeta. Y ahora por lo menos respetan la ortografía en los anuncios de prensa con los que, al paso que compran la benevolencia de la prensa, incitan a los ciudadanos a delatar a los niños que vean fumando ante el número de emergencias 123 (¿unodostrez ). ¿Qué harán después con ellos? En el caso hipotético de que en el 123 contesten ¿se llenarán de niños fumadores los manicomios de Colombia?
Thursday, November 20, 2008
LAS COSAS POR SU NOMBRE
Circula en Internet un estupendo sainete de dos cómicos ingleses que explican el tema de la crisis financiera. El uno, en el papel de periodista económico, entrevista al otro, que responde como banquero de inversión. Al cabo de un rato de hilarantes descripciones sobre el funcionamiento del mercado llegan a la revelación final del secreto de las "burbujas": todo está en la confianza que inspiran los nombres.
—¿Dice usted el prestigio de una firma?
—No. Los nombres, los nombres. Que un fondo de inversiones se llame de tal o de cual manera. Si tiene en el nombre la palabra "high" (alto) es mejor que si tiene la palabra "low" (bajo).
—Claro, claro, claro...
Así pasa también, por ejemplo, con el juego de las pirámides, tan de moda entre nosotros últimamente. Una de las que se acaban de hundir, y que se llevó por delante los ahorros de la inverosímil cifra de dos millones de clientes, tenía un nombre estupendo: 'Proyecciones DRFE' (Dinero Rápido, Fácil y en Efectivo). No hubiera atraído a tanta gente si se hubiera llamado Dinero Demorado, Difícil y en Bonos a Largo Plazo del Departamento de Nariño (DDBLPDN). Así pasa también, por poner otro ejemplo, con la llamada Seguridad Democrática. Ni es seguridad, ni es democrática; pero que se llame así inspira confianza. Los fraudes reposan siempre sobre los nombres, que ocultan y disfrazan la realidad de las cosas.
Es el caso del TLC de Colombia con los Estados Unidos que tanto interesa a algunos empresarios avisados, a algunos funcionarios del gobierno que están en el secreto, y a la infinidad de incautos engañados por la sonoridad del nombre. Tratado de Libre Comercio. Suena bien. Pero no es para liberar el comercio recíproco, sino, al contrario, para supeditarlo a los intereses de los Estados Unidos mediante normas dictadas por su gobierno. Y no es un tratado, sino una imposición arrogante de ese gobierno y una abyecta entrega del gobierno y del Congreso de Colombia.
Por eso, y para saber lo que de verdad significa el TLC, no hay que fijarse en cómo se llama sino en quiénes son sus defensores. Tanto los de aquí como los de allá, que en fin de cuentas son del mismo bando: la derecha neoliberal del poder económico. Aquí, además del gobierno y de los funcionarios y políticos cuyo futuro está ligado al de Uribe, un puñado de empresarios exportadores que cuentan con la ventaja comparativa de los salarios baratos y el debilitamiento de las trabas sindicales. Allá, los mismos: el gobierno de Bush y su partido, el republicano, y las grandes corporaciones que lo apoyan y en los cuales se apoyan a su vez ellos. Así, Bush acaba de proponerle al presidente electo Obama un trueque: el respaldo de su gobierno moribundo al plan demócrata de rescate de la industria automotriz a cambio del respaldo del Congreso demócrata de Obama al TLC con Colombia del gobierno de Bush. El Wall Street Journal, periódico republicano, aplaude la idea. En cambio el jefe de gabinete de Obama, Rahm Emanuel, la rechaza diciendo que no se deben mezclar las "cosas esenciales", como es el rescate de la industria del automóvil (que no sólo genera cientos de miles de empleos sino que es el símbolo mismo de la prosperidad de los Estados Unidos) con las secundarias, como es un tratado de libre comercio con un país cuyo único producto que tiene peso en las importaciones norteamericanas es también el único que, por ser ilegal, se queda por fuera del tratado: la cocaína.
Pues los demócratas no se oponen al TLC por las razones nobles que alegan: proteger los derechos humanos y sindicales, tan maltratados en Colombia por todos los gobiernos. Ese argumento suena bien, pero no es cierto. Lo que defienden de verdad los demócratas, como es natural, son los intereses de quienes los respaldan a ellos: sus propios votantes y trabajadores sindicalizados, que con el TLC salen perdiendo por dos razones: porque las industrias norteamericanas exportan su empleo a países donde los salarios son más bajos y no hay sindicatos que defiendan a los trabajadores, lo cual genera o aumenta el desempleo allá; y porque la quiebra agrícola de esos mismos países (abrumados por las exportaciones subvencionadas del sector agrícola norteamericano, que no genera empleo) aumenta la importación de trabajadores inmigrantes que abaratan el empleo allá. Dos cosas que, en cambio, les convienen a las grandes corporaciones que apoyan a los republicanos de Bush y se apoyan en ellos, y en nombre de las cuales habla el Wall Street Journal.
Que por eso se llama así.
Monday, November 10, 2008
Salir del hueco
Por Antonio Caballero
La inexperiencia de Obama es un soplo de frescura que limpia el aire, lo renueva, lo hace respirable otra vez
¿Y con Obama, qué?
Desde hace varias semanas la victoria de Obama era casi una absoluta certidumbre. Y sin embargo ante la contundencia del hecho cierto queda uno estupefacto. ¿Un negro presidente de los Estados Unidos? ¡Un negro presidente de los Estados Unidos! Y encima un negro con un nombre inverosímil: Barack Hussein Obama. No Washington, ni Jefferson, ni Hamilton: nombres de esclavos de los Padres Fundadores.
Sino un nombre extranjero, exótico, amenazador, o, por lo menos, chistoso: "a funny name", decía él mismo en sus presentaciones de campaña. Parece un invento de guión cinematográfico de política ficción, o más aun, de ciencia ficción. Un marciano presidente de los Estados Unidos. Increíble.
Pero el asombro implica la esperanza: las cosas pueden cambiar. Oh, sin excesos, por supuesto. Hace un mes recordaba en esta columna la obviedad de que, aunque sea un gringo negro, Obama es un negro gringo: el nuevo presidente del mismo imperio. Y un imperio no cambia sus intenciones ni su rumbo de un golpe sólo porque haya cambiado el timonel. Cuando un trasatlántico empieza a virar, la maniobra toma muchas horas y se lleva muchas millas, y deja un largo y hondo surco abierto en el océano. Y mueren muchos peces.
Y sin embargo, y por encima o a pesar de la sana desconfianza y de los peces muertos, queda la esperanza. Por varias razones.
La primera es que hay que ver de dónde vino esto: de los ocho años más catastróficos que haya tenido en el último siglo la historia de los Estados Unidos, tanto para ellos como para el mundo. Bajo el influjo de unos fanáticos cegados por la ideología y la arrogancia, el presidente más inepto que quepa imaginar ha hecho retroceder a ese inmenso y poderoso país doscientos años: a la antevíspera de la Revolución Americana y de la Revolución Francesa. Y eso, en todos los aspectos que se puedan venir a la imaginación o a la memoria. La restauración de la tortura, el uso de las invasiones preventivas, el sometimiento a los intereses plutocráticos, el estancamiento de la educación y de la ciencia en nombre de la religión, y en nombre del patriotismo el control policial de los propios ciudadanos y su reconversión en súbditos. ¿Tal como aquí? Tal como aquí también, y como allá, y como acullá. Los Estados Unidos de George W. Bush han sembrado en el mundo el miedo, y con la justificación del miedo el recorte generalizado de las libertades, tanto entre sus amigos como entre sus adversarios: en Colombia y en Cuba, en Israel y en Corea del Norte, en Irak y en Irán, en Zimbabwe y en Francia. Y las guerras. Y el deterioro del planeta. Y el empobrecimiento de los pobres, y el enriquecimiento de los ricos, con el resultado final de la quiebra generalizada de los pobres y los ricos (salvo de los muy, muy ricos). Bush, y su ultraderecha republicana, religiosa, patriótica, plutocrática y belicista, neoconservadora en política y neoliberal en economía, dejan un mundo peligroso y un país desprestigiado y deshecho. Un hueco negro.
Lo cual le permite a Obama la posibilidad de cortar por lo sano y empezar desde cero: nada puede ser peor que el continuismo representado por el ex prisionero de guerra McCain y su cazadora de osos Palin. Obama, respaldado por un Congreso propicio y por la esperanza de más de la mitad de su país y de prácticamente el mundo entero, tiene la posibilidad de salir de ese hueco negro. De desembarazarse de las dos guerras perdidas en que se embarcó Bush, la de Irak y la de Afganistán. De no iniciar una tercera con Irán, o una cuarta con la Corea de Kim Jong Il. De restablecer relaciones sensatas, y no de odio patológico o ideológico, con el Irán de los ayatolas, la Venezuela de Chávez, la Cuba de Raúl Castro (y de Fidel), la Rusia de Medvédev (y de Putin), la inmensa China inescrutable. De enderezar, en lo interno, la economía y la justicia. De recuperar el prestigio moral de los Estados Unidos, manchado por Guantánamo y las otras cárceles secretas de la CIA, y su capacidad de contribuir al bienestar colectivo de la humanidad anulando el rechazo (a la vez egoísta y suicida) del protocolo de Kyoto sobre el medio ambiente.
La tercera razón por la que Obama encarna la esperanza está en su propia inexperiencia: esa misma inexperiencia de que lo acusaban sus experimentados adversarios, los responsables de la catástrofe. La inexperiencia de Obama es un soplo de frescura que limpia el aire, lo renueva, lo hace respirable otra vez. Tan importante como las medidas prácticas del cambio (y habrá que ver el nuevo gabinete, y habrá que ver las nuevas propuestas legislativas) es la sensación sicológica de que el cambio puede hacerse. Pues la depresión reinante no es sólo económica, sino sicológica.
Así era también la otra, la Grande, la de los años treinta, que heredó Franklin Roosevelt de los republicanos. Su receta para enfrentarla (sumada a cientos de recetas de sensatez práctica) fue sicológica, resumida en una fórmula que Obama cita a menudo: "A lo único que le debemos tener miedo es al miedo mismo". Que los electores norteamericanos no hayan tenido miedo de escogerlo como presidente a él, un negro y un desconocido, muestra que están perdiendo el miedo. Y vuelve -tal vez; ojalá- a darle la razón a la vieja observación de Winston Churchill:
—Siempre se puede confiar en que los norteamericanos terminen haciendo lo debido una vez que han agotado todas las demás posibilidades.
Monday, September 29, 2008
Embajadores
Cómo van a ser embajadores esos colombianos que tienen que rebuscar en el mundo la seguridad para sus vidas que no encuentran aquí
Dijo Juanes, el cantautor, que “mucha gente va por el mundo haciendo patria, incluso los inmigrantes que han tenido que dejar el país para ayudar a sus familias. Ellos también son embajadores”.
A los empresarios y gente de negocios que en la fiesta de la revista Portafolio aplaudieron las palabras de Juanes les debieron parecer muy bonitas, muy solidarias, muy chorreantes de buenos sentimientos. Y, al aplaudirlas, debieron sentirse ellos mismos también muy solidarios y muy bonitos, antes de pasar a manteles. Pero las cosas no son así.
Los inmigrantes de que habla Juanes lo son en otros países, cuando los dejan llegar allá, legales o ilegales: y está en el capricho de cada país decidir si los aceptan con generosidad o si los rechazan con egoísmo. Pero vistos desde Colombia son emigrantes. Se van de aquí. De aquí los echan. Aquí sobran. La tan cacareada “confianza inversionista” no da para generar el empleo que necesitan, y menos teniendo la competencia de tanto desplazado interno como genera la tan cacareada “seguridad democrática”: tanto “migrante”, para usar la también bonita y también errada palabra del asesor presidencial José Obdulio Gaviria. Los “inmigrantes” de Juanes, que son cuatro millones, y los “migrantes” de Gaviria, que son otros cuatro, (sumados, la quinta parte de la población colombiana) o sea, los desplazados externos e internos, económicos y políticos, no “van por el mundo haciendo patria”. Van por el mundo porque los expulsaron de su patria los que se están quedando con ella, “refundándola”, como dicen en sus pactos de sangre. Para venderla luego, y sacar fuera las ganancias. Los emigrantes colombianos salen huyendo de su patria, para que esa mala patria no los mate o no los deje morir de hambre.
Y no son, por supuesto, embajadores. Son fugitivos del desastre, supervivientes del naufragio. Embajadores: qué bien suena, qué bonito, y sin duda, qué eficaz en términos prácticos: “Recíbanme ustedes aquí en España, o en los Estados Unidos o en el Ecuador, porque aunque parezca un refugiado en realidad soy un embajador”. Cómo van a ser embajadores esos colombianos que tienen que rebuscar en el mundo la seguridad para sus vidas que no encuentran aquí, el sustento para sus familias que no encuentran aquí, en este país de la tan cacareada “cohesión social”. Los embajadores de verdad son otros.
Los embajadores, con título y con sueldo y con gastos de representación, son, por ejemplo, este señor Salvador Arana, embajador en Santiago de Chile y hoy preso por asesinato de campesinos y organización de bandas paramilitares cuando era gobernador de Sucre; y este señor Jorge Noguera, cónsul en Milán, hoy investigado por asesinato de sindicalistas y protector de esas mismas bandas narcoparamilitares cuando era director del DAS; y este señor Luis Camilo Osorio, embajador en México, hoy acusado de encubridor de narcoparamilitares cuando era Fiscal General de la Nación; y este señor Juan José Chaux, embajador en Santo Domingo, acusado de alianzas con los narcoparamilitares cuando era gobernador del Cauca; y este señor Sabas Pretelt, embajador en Roma, acusado de cohecho para permitir la reelección presidencial cuando era ministro del Interior y de Justicia (los narcoparamilitares lo despidieron llorando). Los embajadores verdaderos son esos. Y otros más, sus semejantes, que lejos de tener que “ayudar a sus familias”, como dice Juanes, son ayudados por ellas a obtener sus cargos y sus sueldos diplomáticos: parientes de políticos, sus hijos y sobrinos, o políticos profesionales ellos mismos: como el ex presidente Andrés Pastrana, que aceptó un fugaz puesto de embajador en Washington; o como el ex presidente Ernesto Samper, que también aceptó, pero por razones ajenas a su voluntad no llegó a sacarle jugo, un puesto de embajador en París.
Esos son los embajadores. No es ningún honor, en los tiempos que corren, ser embajador de Colombia ante el mundo de esta tan cacareada “patria”. Los emigrantes que han tenido que irse expulsados, y que por cuenta de esa clase de gente que los echó son recibidos con desconfianza en el extranjero no merecen que, por añadidura, venga un cantante a insultarlos llamándolos también a ellos “embajadores” y diciendo que están “haciendo patria”.
Monday, August 11, 2008
OPINION DEL DUEÑO DEL BLOG
Cuestión de estilo
Por Antonio Caballero
Bueno. Pero ¿perdonar a quién? Porque si bien no sabemos todavía cuántas mentiras se han dicho, ni exactamente cuáles, sí sabemos quien las dijo. Toda la alta cúpula militar, aparaguada por el propio Presidente. E incitada por él, tal como lo vimos en su "reality show" de presentación en directo de los secuestrados la noche de su liberación. Allí, micrófono en mano, Uribe obligó reiteradamente al general Montoya y al ministro Santos a que aseguraran que en la operación militar no se habían usado ilegítimamente emblemas humanitarios, lo cual habría sido una violación de la ley internacional. Pero dos días después, cuando la cadena de televisión norteamericana CNN reveló que le habían ofrecido en venta imágenes que mostraban que sí se habían usado, el Presidente volvió a salir en pantalla para aceptar el hecho, pero achacándolo al susto de última hora de un subalterno. Pero se transmitió entonces el video completo (o menos incompleto) vendido, o filtrado, o dado en premio a RCN, y en él se pudo ver que los hombres de la misión de rescate llevaban puestos desde antes de iniciarla los emblemas de la Cruz Roja Internacional, así como los logotipos de otras organizaciones civiles: un canal de televisión venezolano, otro ecuatoriano y una ONG española. Y entonces el Presidente anunció que ya no habría más excusas ni perdones, sino castigos ejemplares. Porque, dijo, "hay cosas que no se pueden hacer, y hay cosas que no se pueden decir".
Sunday, July 20, 2008
EL CONSUMISMO
Bueno. El caso es que Benedicto XVI, el Papa Ratzinger, anda ahora por Sydney, Australia, con motivo de la celebración del XXIII Día Mundial de la Juventud, un festival al cual acudieron cien mil jóvenes católicos y algunos cientos de curas para tener el privilegio de ver al Sumo Pontífice en el punto más remoto del globo terráqueo.
Habló Su Santidad, y fustigó severamente el inmoral "consumismo insaciable" del mundo actual. Sus oyentes, que venían de darse el insensato lujo consumista de recorrer en avión toda la redondez de la tierra para ver a un Papa que vive normalmente en las antípodas, lo aplaudieron a rabiar. Y a continuación se precipitaron a hacer colas para comprar los productos conmemorativos del XXIII Día Mundial de la Juventud. El disco oficial del evento, la camiseta oficial con el nombre del Papa, los platos de porcelana con su efigie, etcétera.
¿Qué harán después con ellos? se pregunta uno, recordando que también se hicieron en su momento vajillas enteras conmemorativas de lo de Lady Di. ¿Los cargarán de vuelta a sus países como exceso de equipaje? ¿Los tirarán a la bahía de Sydney? Pero precisamente en eso consiste el consumismo insaciable que Su Santidad fustiga: se trata de comprar cosas inútiles que luego hay que tirar a la basura para abrir campo para más cosas inútiles.
Aunque, claro: para consumistas, los Papas. Este viaje a Australia, sin ir mas lejos, con su avión especial para sobrevolar los océanos y su yate de lujo para cruzar la bahía y todas las zarandajas del caso, debió salirle a la invitante diócesis de Sydney por un ojo de la cara. Baste recordar que los tres días de vacaciones que el verano pasado pasó Benedicto XVI en los Montes Dolomitas, a un tiro de piedra de sus palacios del Vaticano, les costaron a sus anfitriones, las autoridades de la región del Véneto, la bicoca de 345 millones de euros. Un Papa es caro, y éste, más. En los tres días de que hablo, solamente en arreglos florales se fueron 13.000 euros, y más de 50.000 en la repavimentación de las calles por donde debía pasar el "papamóvil" en que viaja. Y hay que ver las tiaras. Las casullas bordadas. Los báculos de oro. Las sandalias de piel de cabritillo nonato de las estribaciones del Himalaya que, según es fama, manda teñir de rojo en la famosa casa de modas romana de Prada.
Ahora: el tema no es moral, sino económico. La austeridad será sin duda muy virtuosa, pero no mueve molino. Y de lo que se trata es de que el molino se mueva: el de la producción, empujado por el río del consumo. Si Roma es Roma, se lo debe en gran parte al despilfarro ostentoso de cien Papas: a sus repavimentaciones de mármol, a sus adornos florales, a sus casullas recamadas de joyas, a sus platos de cerámica con su efigie que compran los turistas. Sin ir más lejos, todas las chucherías conmemorativas que se vendían en Sydney, las camisetas y los discos, los rosarios y los platos, eran, según informa la prensa internacional, "made in China". Y es gracias a este tipo de cosas que la China ha llegado a ser la segunda potencia económica del mundo.
Se pronunció el Papa Benedicto no sólo contra el consumo desaforado en general, sino contra el de drogas, en particular. Y tampoco en ese punto le hicieron sus oyentes el menor caso. Los festivales de la juventud, católicos o no, con Papa o con grupo de rock, y hasta los que hacía en Cuba Fidel Castro, suelen terminar convertidos en paraísos artificiales. Así que en vez de tanto fumigar, erradicar, extraditar, ir, venir, brincar, pelear y perorar, el presidente Uribe debería reflexionar sobre esa ley de hierro de la economía: el consumo genera la producción. La demanda crea la oferta.
Pero, como dije al principio, los afectados por el síndrome del trastorno por déficit de atención causado por la hiperactividad, Tdah, no tienen tiempo para reflexionar.
Echa uno a volar la imaginación hasta el otro lado del planeta, y todo lo trae de vuelta a Uribe. Qué fatiga.
Sunday, July 13, 2008
LA FARSA COLOMBIANA
Pero el problema de fondo, por el cual existen tanto los secuestros como los rescates, sigue intacto
Por Antonio CaballeroFecha: 07/12/2008 -1367
Felicitaciones. Pero que no nos digan que fue un rescate militar. Fue, y por eso salió bien, una farsa teatral: una película (que muy pronto veremos repetida de verdad en el cine, con actores profesionales: Angelina Jolie en el papel de Íngrid Betancourt, y Woody Allen en el de Juan Manuel Santos). Una obra de teatro en la cual los soldados, sin armas y disfrazados de voluntarios de una ONG humanitaria, engañaron a los guerrilleros de las Farc para que les entregaran sus rehenes sin recibir nada a cambio. ¿Así de brutos son? Le preguntó el periodista Yamid Amat al ministro de Defensa. Y Santos respondió:
Monday, June 23, 2008
Gaviria otra vez
Por Antonio Caballero
Cuando el Polo le dio la más alta votación que haya tenido jamás la izquierda colombiana en unas elecciones presidenciales dijo el otro Gaviria, Carlos, el candidato: "No nos vamos a dejar cooptar".
Tuesday, May 20, 2008
El sastrecillo valiente
Los resultados de la extradición serán contraproducentes desde el punto de vista de la justicia, de la verdad y de la reparación.
Por Antonio Caballero
Y los vecinos del pueblo, creyendo que hablaba de siete de los ogros gigantes que asolaban la región, lo nombraron solemnemente su protector y lo casaron con la hija del rey. Y colorín colorado.
Thursday, April 24, 2008
La silla vacía
El alambique mágico de las urnas a donde son llevados los votantes, arreados por la amenaza o comprados por unos pesos, transmuta en legitimidad la podredumbre.
Por Antonio Caballero
Ese es el dedo, pues. Y ya vimos la sonrisa feliz del para-político equilibrista: sonríe con abandono, con los ojos cerrados, feliz como un pájaro que canta. Recuerda al senador Luis Humberto Builes, del partido uribista Cambio Radical, que exclamó gozoso mientras se lo llevaban preso: "¡Estoy feliz! ¡Me voy de vacaciones!"
Tuesday, March 18, 2008
Se les fue la mano
Por Pascual Gaviria Uribe
Monday, March 17, 2008
La sordidez
La sordidez
Las autoridades han conseguido corromper a los colombianos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende.
Así que tienen que pagar. Si no le pagan a 'Rojas' la recompensa ofrecida se les viene abajo todo el sistema de compra de lealtades y pago de traiciones que han montado para luchar contra la guerrilla y (desde los tiempos de la presidencia de César Gaviria) contra el narcotráfico, y que, según el consejero para la Reintegración, Frank Pearl, "ha sido muy efectivo".
Monday, March 10, 2008
El todo vale no sirve
Lo que garantiza la paz continental es el principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada
El gobierno de Álvaro Uribe ha decidido usar contra las Farc "todas las formas de lucha", para decirlo con la frase de las propias Farc. La cooperación internacional (con las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, el Reino Unido e Israel) y el enfrentamiento internacional, (con los gobiernos del Ecuador y Venezuela); los bombardeos desde lejos (?) y la recuperación de cadáveres "en caliente"; las verdades obvias (las Farc secuestran y asesinan) y las mentiras absurdas (una especialmente cómica: "las Farc tienen armas de destrucción masiva", afirmó el vicepresidente Francisco Santos en Ginebra); los recursos más crudos de la arbitrariedad ilegal (el ministro Juan Manuel Santos explicó por qué los guerrilleros muertos merecían la muerte, como si aquí existiera la pena de muerte) y los de la legalidad más rebuscada (uno especialmente cómico: el presidente Uribe amenazó con denunciar penalmente a su colega Hugo Chávez de Venezuela por incitación al genocidio); la ley (el principio interamericano de no intervención para protestar contra la de Venezuela en Colombia) y la violación de la ley (la intervención armada de Colombia en el territorio del Ecuador). Todas las formas de lucha. Para este gobierno, todo vale. Y todo sirve.
El todo vale es, además, contraproducente en términos prácticos. Así acaban de mostrarlo en la OEA las protestas contra la acción colombiana de los países vecinos, aunque no hayan llegado a la condena formal. Casi todos tienen sus propios problemas limítrofes, de modo que no pueden aceptar como recurso válido la violación de las fronteras, cualquiera que sea el pretexto invocado. Lo que sirve de garantía a la paz continental es el respeto del principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada. La cual, de rebote, justificaría las ansias intervencionistas de Chávez, o, retrospectivamente, las de Cuba. Y, naturalmente, las de los Estados Unidos: las únicas que de verdad han tenido efectos.
Thursday, February 14, 2008
Mas Marchas
Ahora están organizando para el 6 de marzo próximo una marcha de protesta contra los crímenes de Estado. Y es tan justa como la que se hizo este lunes pasado de condena a las Farc. Pero tampoco creo que tenga efectos. Nunca llueve a gusto de todos, como dice el refrán, por muchas rogativas que se les hagan a los cielos. A las nubes. Y veo que por su parte el ex ministro Rudolf Hommes propone otra marcha más, tan obvia en su demagogia que por lo visto no se le había ocurrido a nadie. Contra el narcotráfico. Dice así el doctor Hommes en su habitual columna del diario El Tiempo:
"Hace falta que alguien también promueva una marcha contra el narcotráfico, que es lo que le da aliento económico a la guerrilla, a los paramilitares y a las demás formas de crueldad".
Y sí, claro. El narcotráfico da aliento económico a toda clase de cosas en Colombia: no sólo a la guerrilla y al paramilitarismo, sino también a las elecciones, y a la construcción, y al fútbol, y a las ferias ganaderas, y a los reinados de belleza. Da alientos hasta a la Hacienda pública, como debe saber Hommes, que ha sido ministro de Hacienda. Financia bancos, como debe saber Hommes, que ha sido asesor de bancos, y universidades, como debe saber Hommes, que también ha sido rector de universidad. Financia de todo, porque mueve muchísimo dinero. Pero si mueve muchísimo dinero es únicamente porque -como debe saber Hommes, que además de funcionario público y consultor privado ha sido profesor de una cosa llamada "teoría de la decisión" que, sea lo que sea exactamente, suena muy impresionante-, únicamente porque está prohibido, y en consecuencia es perseguido. Perseguido de todas las maneras posibles, a falta (hasta ahora) de la protesta callejera: perseguido en la selva cocalera y en la jungla bancaria, combatido con glifosato y con bala, con sentencias penales y con asesinatos. Matando o extraditando capos, capturando y condenando mulas. Atacando la oferta, atacando la demanda, atacando la producción, atacando el consumo, atacando la conexión entre los dos, que es el tráfico mismo. Todas las formas de lucha. Y ahí sigue, y ahí crece, por la sencilla razón de que se mantiene y crece en la medida en que se lo prohíbe y se lo combate: su valor agregado le viene de la guerra. Y esa guerra contraproducente es creada y mantenida únicamente -como debe saber Hommes, salvo que sea un inepto como columnista de prensa, como consultor internacional, como funcionario público, como catedrático de "teoría de la decisión"-, esa guerra contraproducente es creada y mantenida únicamente por los gobiernos de los Estados Unidos. Los cuales llevan 30 años imponiéndole al mundo todas las formas de lucha contra el narcotráfico, salvo la única que puede ser eficaz: la legalización, que acabaría con su rentabilidad descomunal y lo reduciría a las proporciones inofensivas y modestas de cualquier tráfico legal de productos de consumo, como el de la lechuga orgánica o el de la cinta aislante.
Entonces ¿cuál es la marcha que propone en fin de cuentas en su columna de prensa Rudolf Hommes? ¿Una marcha ciudadana contra el gobierno de los Estados Unidos?
No lo creo. No creo que quiera que lo asesinen, como a Jorge Eliécer Gaitán. Será más bien que quiere, como Pachito Santos, ser vicepresidente.
Monday, February 04, 2008
MARCHAR O NO MARCHAR: ‘THAT IS THE QUESTION’?
Citan a los españoles, que a cada rato salen en masivas protestas contra eta. Pero no mencionan que ninguna de esas marchas ha movido un ápice a eta
Por Antonio Caballero
Fecha: 02/02/2008 -1344
Como siempre, estamos discutiendo sobre lo que no importa, y proponiendo soluciones equi-vocadas a problemas erróneamente identificados. Un ejemplo de lo primero es el embeleco de la marcha del lunes. Uno de lo segundo es la posición, las posiciones, que ha tomado el Polo Democrático Alternativo a ese respecto, dejándose arrastrar por un torbellino que nada tiene que ver con la política. La función del Polo es? servir de alternativa de poder, no discutir pendejadas.
Recuerdo un maravilloso dibujo del humorista francés Sempé: en la cola de una marcha multitudinaria que corea consignas vociferantes va un señor con su propia pancarta individual: "Vendo apartamento bien situado".
Todo lo cual ignora el hecho central de que la marcha es perfectamente inocua. ¿Una marcha ciudadana por la carrera séptima de Bogotá (y por las vías equivalentes de Dubai y Montreal, si es que las dejan) para desmovilizar una organización político-militar que lleva cincuenta años haciendo la guerra y cree que la va ganando? Citan a brazo partido el ejemplo de los españoles, que a cada rato salen a la calle en masivas protestas contra ETA, la banda armada que asesina en nombre de la independencia vasca; pero no mencionan el importante detalle de que ninguna de esas marchas ha movido a ETA un ápice en el camino del desarme. Sólo han servido para provocar enfrentamientos (hasta ahora sólo verbales) entre los distintos grupos organizadores de las marchas sobre quién debe encabezarlas, quién debe llevar la pancarta y qué debe decir en el letrero.
Vuelvo al caso del Polo Democrático, que es el más vistoso, pues se ha dejado embarcar tontamente en una pelea que además de ser tonta por sí misma no es la suya, y, una vez untado el dedo, ha tenido que untarse toda la mano sacando comunicados y más comunicados al respecto. Que el Polo vaya a la marcha, propuso en un principio el senador Petro. Que no, porque lo proponía el senador Petro. Que no, porque la iniciativa ha sido "absorbida publicitaria y políticamente por el gobierno de Álvaro Uribe". Que sí vaya pero que con otra consigna: "Por el acuerdo humanitario, no a la guerra, no al secuestro". Que sí, pero que no a una marcha, sino a una concentración, y no por la carrera séptima, sino en la Plaza de Bolívar, para así "movilizarse diferenciado de las fuerzas uribistas". Porque, explica una resolución anunciada por fin como "unánime" por sus firmantes, "el Polo no puede permitir que su actitud se asuma ni como connivente con las Farc, el secuestro, los crímenes de guerra y lesa humanidad, ni como apoyo al gobierno de Álvaro Uribe, al que el Polo se opone de modo inequívoco por su carácter autoritario y regresivo".
Y que si patatín y que si patatán. Demasiadas explicaciones y circunloquios. Lo que no puede permitir el Polo es que no quede claro qué es lo que propone, y ni siquiera si de verdad está proponiendo algo; y no simplemente dejándose llevar por las propuestas inocuas de los internautas de Melbourne o de Riohacha.
Dicho esto, y como he visto que todos los editorialistas y columnistas de la prensa se han pronunciado sesudamente sobre la conveniencia o inconveniencia de la marcha, yo también me uno al rebaño y les aconsejo a mis lectores: marchen, o no marchen. Da igual.
Thursday, January 31, 2008
Un insumismo
quien hace lo que hizo Fischer no es un cobarde, ni como dicen sus críticos, un “imbécil superdotado”. Es un desobediente
Por Antonio Caballero