Monday, October 05, 2009

El hambre y la guerra

El hambre y la guerra
Por Antonio Caballero


OPINIÓN
Como apuntaba Jaime Bateman hace 30 años, mientras haya gente que tiene que salir a buscar el desayuno con cuchillo, habrá guerra en Colombia.

Sábado 3 Octubre 2009

El omnipotente presidente Álvaro Uribe acaba de reconocer sus límites con respecto a la creciente inseguridad urbana, que no se le puede achacar únicamente a la incompetencia de los alcaldes. "No estamos en condiciones fiscales de atender los requerimientos de la fuerza pública en todas las ciudades", dijo Uribe en un Consejo de Seguridad, para explicar por qué no es posible seguir incrementando los efectivos policiales, insuficientes todavía pese a que en los últimos seis años han pasado de 112.000 a 145.000 hombres. En efecto, son las Fuerzas Militares las que se llevan la tajada mayor del ingente presupuesto de Defensa del gobierno, que asciende a casi 30 billones de pesos. Así pueden encargarse de la seguridad en el campo: la llamada "seguridad democrática" que constituye el puntal fundamental de la política uribista y que, según los uribistas, ha sido un éxito. Ya pueden volver a sus fincas.

Pero resulta que, en aparente paradoja, es esa misma "seguridad democrática" en el campo la que genera la inseguridad en las ciudades. Esta viene del éxodo campesino provocado por la guerra en el campo, y que suma entre tres y cinco millones de personas, según quien dé las cifras: un éxodo que no encuentra trabajo en las ciudades, en donde no lo hay ni siquiera para los citadinos, y en consecuencia tiene que vivir del rebusque y del delito. El Dane acaba de publicar cifras que, con todo y ser del Dane -o sea, maquilladas y edulcoradas-, resultan escalofriantes: calculan el desempleo absoluto en casi dos millones y medio de personas, e informan que más del 30 por ciento de la población activa se halla en situación de subempleo. La reforma laboral del primer gobierno de Uribe, que despojó a los trabajadores de tantas conquistas, no creó en cambio ni un solo puesto de trabajo nuevo.

Por eso señala El Espectador que, según "los expertos", la inseguridad urbana no se combate sólo con policía, sino también "dando adecuada respuesta a la problemática social de las capitales".

Lo cual es descubrir que el agua moja, que es lo que suelen hacer los expertos.

Tienen razón, claro. El agua moja. Traduciendo al lenguaje llano la expresión "problemática social" puede decirse: lo que dispara los índices de inseguridad es el hambre. Como apuntaba Jaime Bateman hace 30 años, mientras haya gente que tiene que salir a buscar el desayuno con un cuchillo, habrá guerra en Colombia.

Otros expertos subrayan también el factor del narcotráfico. También con razón. Pero es que también el narcotráfico, desde los pobres campesinos cocaleros y los miserables raspachines hasta los pescadores que desafían el océano Pacífico en semisumergibles artesanales, pasando por los sicarios de la mafia, es en buena medida producto del hambre. El narcotráfico -como el rebusque- es un paliativo del hambre: la única fuente de empleo, con el paramilitarismo y la guerrilla, y el crecimiento de las Fuerzas Armadas, que es segura en Colombia. La "oficina de correos" de Envigado debe de dar tantos puestos de trabajo como todo el "sindicato antioqueño". Y un frente de las Farc o una "banda emergente" emplean a tantos jóvenes como la más grande empresa del país.

Wednesday, September 30, 2009

La mojigatería se impone en Medellín

Juan Diego Restrepo


El proyecto equitativo de la Clínica de la Mujer se enfrentó al falso puritanismo y al conservadurismo



Qué vaina con muchos paisas. Tan modernos que se creen, tan desarrollados, pero a la hora de rubricar esos conceptos con acciones realmente trascendentales para favorecer a sus habitantes se atemorizan y corren a esconderse tras las sotanas de los curas y a defenderse con las páginas de su diario regional, que no deja de tener un aire de hojita parroquial.

Tan cosmopolitas que se creen muchos paisas, pero son incapaces de admitir que las mujeres de la ciudad deben tener su propia clínica, tal como lo propuso la administración municipal al recoger la iniciativa de varios sectores sociales e impulsar la construcción de la Clínica de la Mujer, una idea que surgió, según el alcalde Alonso Salazar, durante su campaña electoral, cuando intentando ganarse los votos de las mujeres, les escuchó la idea de tener centros especializados para la atención de la mujer por la peculiaridad de su anatomía, su fisiología y su manera de sentir y entender, que tuviera en cuenta sus particularidades en un contexto social conflictivo.

Fue tal el compromiso de Salazar que, como Alcalde, introdujo la propuesta en el Plan de Desarrollo Medellín es Solidaria y Competitiva y desde hace varios meses intenta ponerla en práctica. En varias oportunidades ha explicado que la Clínica de la Mujer “no solo será un centro de atención, sino que también será un centro de acumulación de conocimiento, de investigación y de multiplicación de la actividad formadora”. Reforzó su idea expresando que “lo que queremos hacer es una apuesta por la vida, la promoción y la prevención, pues somos plenamente conscientes de los derechos sexuales y reproductivos”. Y también dijo que en ese novedoso centro asistencial “acataremos las directrices del Estado y de la Corte Constitucional”.

De acuerdo con lo planteado en el proyecto de creación de la Clínica de la Mujer, sus servicios girarán en torno a tres ejes: la salud sexual y reproductiva, los problemas ginecológicos que de ella se derivan, la violencia y la salud mental. Además, se previó que incluyera la interrupción voluntaria del embarazo sujeta a lo estipulado en las normas que despenalizaron parcialmente el aborto en el país.

Pero la distorsión mediática propia del más enconado conservadurismo del periódico regional, ligado a la Iglesia Católica e imbuido de falsos puritanismos y perversa mojigatería, vendió la idea de que la Clínica de la Mujer sería un “centro de abortos”. De esa manera, han venido socavando un proyecto salud pública orientado a responder a las necesidades más sentidas de la mujer en términos de la prevención y de atención a distintas formas de violencia desde el cual se trata de darle a las mujeres una atención especializada propia de su condición femenina.

Desconociendo que es un proyecto pionero en el país a través del cual se pretende atender desde un enfoque de derechos y de género, las necesidades de las mujeres en materia de acceso a la salud en general y especialmente la salud sexual y reproductiva, los sectores más recalcitrantes de la sociedad paisa se han lanzado a promover su versión de la realidad, con todo el poder que les da verse reproducidos en las páginas de un diario que intenta imponer la moral entre la ciudadanía, sin tener el menor ápice de autoridad.

Si quienes cuestionan el propósito de construir la Clínica de la Mujer tuvieran la osadía de investigar a fondo el tema de la salud femenina de la ciudad los llevaría a ofrecer múltiples puntos de vista y a mostrar cifras realmente alarmantes. Según el Plan de Desarrollo de Medellín, la tasa de mortalidad femenina por maternidad es de 32.8, la de cáncer de cuello uterino es del 4.9, y de cáncer de mama es de 13.2. Todo agravado, según la Escuela Nacional Sindical, por la alta tasa de embarazo adolescente, que llega al 21 por ciento y las violencias basadas en discriminación de género contra las mujeres, las enfermedades cardiovasculares y situaciones de salud mental que las afectan.

Pero la distorsión mediática y la presión eclesiástica no sólo crearon una idea errónea de la Clínica de la Mujer, sino que llevaron al alcalde Alonso Salazar a echar para atrás el propósito de atender allí casos de interrupción voluntaria del embarazo. Así lo dio a conocer ante el Concejo de la ciudad, donde pidió separar ese tema del proyecto. Además, sacó del gabinete a las dos secretarias que impulsaban el tema: la de Salud y de la Mujer. Ganó, sin lugar a dudas, la mojigatería paisa.

¿De qué les sirve a los habitantes de Medellín tener una ciudad desarrollada y moderna si su pensamiento aún guarda más relación con épocas rurales que urbanas? ¿Para qué ser la ciudad “más educada” si ese concepto no ayuda a superar lo que el filósofo francés Gastón Bachelard llamaba “obstáculos epistemológicos”, es decir, todas aquellas trabas que impiden acceder a nuevas ideas? ¿Cuál es la utilidad de ser una de las ciudades con el mayor desarrollo de Internet si ese conocimiento no se aplica para modernizar las ideas y ampliar los márgenes de tolerancia, pluralismo y respeto?

Diversos sectores sociales en Medellín deberían entender que el desarrollo de la ciudad debe acompañarse de un pensamiento moderno, sustentado no sólo en la revaluación de viejas concepciones eclesiásticas, más propias de la Edad Media que del siglo XXI, sino en la apertura a nuevas perspectivas sociales y políticas, mucho más democráticas que las vividas en el pasado, cuando la mujer era absolutamente invisible en términos participativos y decisorios.

Lástimas que mientras en otros países la mujer adquiere su real dimensión de sujeto político, en Medellín la mojigatería les recuerda que no son dueñas de su propio cuerpo. De seguir así, el promocionado desarrollo de la ciudad siempre será incompleto.

* Juan Diego Restrepo es periodista y docente universitario

Tuesday, September 15, 2009

El fantasma de Pablo Escobar

Por María Jimena Duzán


OPINIÓN
Con las amenazas lo que se busca es impedir la extradición de una camada de capos que lleva asentada en el país cerca de 25 años.
Sábado 12 Septiembre 2009

Hace un mes y medio un altísimo funcionario de la embajada norteamericana visitó al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Augusto Ibáñez, para informarle de un asunto que lo tenía muy preocupado. Sin mayores rodeos, el alto funcionario de la embajada le hizo saber a Ibáñez que sus servicios de inteligencia en Estados Unidos le habían hecho llegar la información de que la mafia estaría planeando un atentado contra él y cuatro personas más: el vicepresidente de la Corte Suprema, Jaime Arrubla; el ex consejero de paz Camilo Gómez; Víctor G. Ricardo, y el senador de Cambio Radical Rodrigo Lara Restrepo.

Según esa altísima fuente de la embajada norteamericana, la persona que podría estar detrás de ese posible atentado sería Luis Guillermo Ángel, mejor conocido como 'Guillo' Ángel, uno de los 12 narcotraficantes que fueron indultados en 1993 por el gobierno Gaviria a cambio de su colaboración con la justicia en el desmantelamiento del cartel de Medellín que fundó y dirigió Pablo Escobar. Aunque Ibáñez denunció el hecho ante los medios, a los pocos días la noticia se esfumó en menos de lo que canta un gallo. Ningún medio investigó quién estaba detrás de estas amenazas y el gobierno ni siquiera se pronunció. Quién se iba a imaginar que en el gobierno de la seguridad democrática íbamos a reeditar episodios ocurridos hace más de 20 años, cuando la Corte Suprema denunciaba, como ahora vuelve a hacerlo, las amenazas de los narcotraficantes y ni el país ni el gobierno las escuchaban. O que el hijo de Rodrigo Lara Bonilla iba a estar en las mismas que su padre, 25 años después, denunciando la presencia de la mafia en el poder político sin que sus denuncias tuvieran mayor eco. Triste aceptarlo, pero en esas estamos.

De 'Guillo' Ángel se podrían hacer mil películas en Hollywood. Su mayor mérito es haber conseguido hacerse a dos identidades que han hecho leyenda. En la primera, 'Guillo' Ángel es un sobreviviente que ha ido echándole tierra a su pasado de narcotraficante y piloto de Pablo Escobar, según Gerardo Reyes en su último libro. A lo largo de la década de los 90 participó en importantes operaciones encubiertas organizadas por la aduana norteamericana, que contribuyeron al desmantelamiento de grandes redes de narcotráfico. En Colombia, él y su hermano Juan Gonzalo fungen en los altos círculos, como prósperos empresarios. Él como dueño de Helicargo, una empresa que resultó escogida por la oficina del entonces comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, para transportar en sus helicópteros a los narcoparamilitares que se desmovilizaron en la zona de Ralito, y su hermano como un influyente dueño de medios, es propietario de Cablenoticias y sus tentáculos de poder llegan hasta la Comisión Nacional de Televisión. Su cercanía con la familia Uribe es de tal calado, que fue uno de los invitados al matrimonio del hijo del Presidente.

El otro 'Guillo' Ángel es menos glamoroso, según se infiere de las informaciones provenientes de otros colaboradores de la justicia norteamericana, como Baruch Vega. En una carta pública que circula entre varios periodistas,

Baruch dice que 'Guillo' Ángel desempeñó sus funciones como informante de la aduana gringa, pero con el objeto de proteger y beneficiar el cartel del norte del Valle. A esos datos habría que agregarle otro, proveniente de lo que aseguran fuentes de la inteligencia colombiana, en el sentido de que uno de los próximos extraditados podría ser 'Guillo' Ángel.

Una cosa es evidente: sea quien sea el que está detrás de estas amenazas, lo que se busca es impedir la extradición de una camada de importantes capos de una mafia que lleva asentada en el país cerca de 25 años. Que ha sobrevivido a Pablo Escobar, a los 'Pepes', a los capos del norte del Valle y que hoy se encuentra afincada en el corazón de Antioquia y que, a diferencia de Pablo Escobar, es socialmente aceptada. Una mafia parecida a la que dio vida a Santiago Gallón, influyente caballista antioqueño que acaba de ser capturado con fines de extradición y a quien se le acusa de haber participado en el asesinato del futbolista Andrés Escobar. Para impedir su extradición, sus compinches narcoparamilitares del bloque Sureste -concebido de la nada para hacer entrar al narcotraficante 'Tuso' Sierra, pariente de Mario Uribe- están intentando decir que él formó parte de ese aparato paramilitar para vincularlo a la Ley de Justicia y Paz, y así impedir su extradición.

Salta a la vista que si la intimidación de la mafia colombiana sigue siendo la misma que hace 25 años, la sociedad colombiana ahora es más permisiva frente a este flagelo. Si Pablo Escobar viviera, estaría dándose un festín.

Monday, September 07, 2009

La compra del golpe de Estado

La compra del golpe de Estado
Por Antonio Caballero



OPINIÓN

Cuando por fin despierten del misterioso trance hipnótico en que están sumidos, van a ser muchos los que sientan vergüenza de haber sido uribistas

Sábado 5 Septiembre 2009




Hace ya más de ochenta años escribió Curzio Malaparte un librito muy leído entonces, titulado La técnica del golpe de Estado. Consideraba en él varios ejemplos, desde el 18 Brumario de Bonaparte hasta el incendio del Reichstag por Hitler, pasando por el Octubre Rojo de Lenin y Trotsky y por la Marcha sobre Roma de Mussolini. No registró otro método, que es el que estamos viendo ahora en Colombia practicado por Álvaro Uribe en su empeño de tercera elección presidencial consecutiva: la compra por cuotas.
Primero se compraron las firmas que piden el referendo reeleccionista, volándose los topes establecidos por la ley y con el añadido pintoresco de confiar el transporte de las valiosas papeletas al cuidado de la 'pirámide' ilegal de David Murcia. A continuación, y para que aceptaran la 'conciliación' sobre la alteración ilegítima de la pregunta, hubo que comprar también los votos de los parlamentarios. Así se hizo con notarías, con contratos, con consulados y embajadas, hasta con plata en rama. Falta la venia de la Corte Constitucional. Hace cuatro años aceptó la dudosa legalidad de la reforma constitucional que permitió la primera reelección de Uribe, también comprada por cohecho; los magistrados tuvieron miedo de torear la culebra del uribismo armado, y se inclinaron. Y esta Corte de ahora está más amansada que la de entonces, de modo que, tras una ficción de forcejeo para la galería, declarará exequible constitucionalmente el engendro referendario.

Sólo faltan los votos.

Se parte, desde luego, de un núcleo de uribismo de convicción, ciego a la realidad. Unos cuantos millones de personas que se empeñan en creer que los gobiernos de Uribe han traído o al menos están trayendo la paz a Colombia, negándose a ver que, por el contrario, han agravado la guerra y sus secuelas de desplazamiento forzoso y consiguiente inseguridad en las ciudades en donde se refugian los que huyen de la violencia del campo. Unos cuantos millones de personas que no quieren ver el fracaso general de todas las políticas emprendidas en estos últimos siete años: el crecimiento de la violencia y de la inseguridad, de la pobreza y de la indigencia absoluta, del desempleo, del despilfarro, de la corrupción. Cuando por fin despierten del misterioso trance hipnótico en que están sumidos, de esa morbosa fascinación por el abismo en el que están hundiéndose, van a ser muchos los que sientan vergüenza retrospectiva de haber sido uribistas. Hablo de la gente común. Que los políticos comprados o los empresarios premiados con gabelas tributarias sean uribistas, se entiende: su interés está ahí. Pero no que lo sea la gente común, digo, que no le debe nada a Uribe, sino la agravación de todos sus problemas.

Pero el caso es que siguen faltando votos.

Ya se han comprado muchos, claro. Esos voticos ya amarrados de los millones de empleados públicos que creen que Uribe va a seguir por lo menos cuatro años más, y así ayudan a que siga. Los de las dos millones setecientas mil 'familias en acción' que reciben mensualmente su ayuda pecuniaria. Los de los favorecidos por los cheques y los créditos que Uribe reparte personalmente a puñados en sus consejos comunitarios retransmitidos por la televisión, como un Niño Dios que trae regalos. Y cuenta la prensa, enternecida (o tal vez comprada también ella por el espejismo prometido de un Tercer Canal), que Uribe, pese a estar recluido en su cuarto de enfermo, presidió 'virtualmente', por teleconferencia, la piñata de cuatro mil millones de pesos en créditos del Fondo Nacional de Ahorro feriados el jueves por la noche en el Palacio de los Deportes.

Y sin embargo los estrategas de la reelección uribista no las tienen todas consigo. Recoger siete millones trescientos mil votos no es tarea fácil, y menos aún cuando existe la previa convicción entre los electores de que Uribe ya ganó. Por eso se les ocurren nuevas estratagemas: hacer votar el mismo día el referendo contra los violadores (para que la gente, confundida, vote de paso por el violador de la Constitución). Sumar además las elecciones parlamentarias, para movilizar también los clientelismos regionales y locales. Y, finalmente, reformar el censo electoral, para reducir la masa de votos necesarios para que sea aprobado el referendo.

Y si pese a todo la cosa no funciona, en el librito de Malaparte hay más recetas.

Monday, August 31, 2009

El pobre Uribe

Por Antonio Caballero


OPINIÓN
Decía Lula, con razón, que esas reuniones es mejor no tenerlas en público, porque se habla para el público. O sea: no se dice la verdad.
Sábado 29 Agosto 2009

Pobre presidente Álvaro Uribe, él solito contra todos en gavilla en la reunión de Unasur, en Bariloche. Pobre, pero ¿quién le manda? Ah: es que la discusión era justamente esa: le mandan los Estados Unidos. La discusión consistía en saber si la seguridad "contra el terrorismo y el narcotráfico" consiste en ponerse bajo el ala protectora y la garra rapaz de los

Estados Unidos, o no. Uribe dice que sí. Los demás dicen que no. El presidente ecuatoriano Correa dice que "la lógica, la razón y la historia" dicen que no. Y tiene de su lado a la lógica, la razón y la historia.

Es ahí donde reside la soledad del presidente Uribe, pobre: en que su postura está contra la lógica, la razón y la historia (aunque a favor de los Estados Unidos, los cuales, fieles a su costumbre, lo dejaron solo). Los demás asistentes a la reunión de Bariloche podían hablar tranquilos: decían lo que pensaban. Uribe no: Uribe -pobre, pero quién le manda- estaba obligado a decir mentiras.

Decía el brasileño Lula (pues la reunión era así, desabrochada: todos se trataban por su nombre de pila, e incluso al pobre Uribe le decían "compañero"), decía Lula, con razón, que esas reuniones es mejor no tenerlas en público, porque se habla para el público. O sea: no se dice la verdad. Y por eso, coherente consigo mismo, Lula no dijo nada. Pero también con razón decía el peruano Alan García lo contrario: "Que haya luz y taquígrafos". O sea: que se digan las cosas. Y con razón la chilena Bachelet pedía "transparencia", y el paraguayo Lugo aseguraba que cuando no hay nada que ocultar las cosas pueden ser dichas.

Y el venezolano Chávez tenía también razón al afirmar, con absoluta convicción y ajustándose a la más sobria realidad, que no hay por qué creerles a los gobiernos de los Estados Unidos, que desde hace ya dos siglos no han hecho más que mentir (como, por otra parte, todos los gobiernos, incluyendo al de Chávez),y que un imperio es un imperio y tiene intereses imperiales. Obviedades, pero ciertas: lo obvio suele ser cierto. Y no tenía razón, pero podía decirlo con toda impunidad, porque la demagogia patriotera suele ser impune, que si San Martín y que si Bolívar y que si Artigas y que si el Arauca vibrador.

Y más razón que ninguno tenía el ecuatoriano Correa cuando explicaba, esta vez sin descomponerse, que donde hay guerra es en Colombia, y no en los vecinos; y que donde se produce droga es en Colombia, y no en los vecinos; y que la definición de quién es narcotraficante y quién es terrorista no se puede dejar al arbitrio del gobierno de los Estados Unidos porque cualquiera puede acabar siendo definido así, si a los Estados Unidos les conviene.

En cambio el pobre Uribe... Al pobre Uribe le tocaba decir, a sabiendas de que lo que decía no era cierto, que entre los Estados Unidos y Colombia hay "igualdad soberana", por ejemplo. Y que las bases militares no son bases militares. Y que la guerra contra el narcotráfico se va ganando, gracias al "esfuerzo eficaz" y a la "colaboración útil" entre los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos. Y que Colombia "respeta su Constitución" (¡que lo diga él, que la ha cambiado dos veces...!) y por eso no habrá "tránsito de tropas". Y que la transparencia (¡que lo diga él...!) es condición necesaria de la legitimidad. Y que "estos flagelos", y que "la protección ecológica de la Amazonia", y que patatín y que patatán.

Al lado del pobre Uribe estaba sentado el aún más pobre canciller Bermúdez, a quien le temblaban las manos, pobre.

Escribo esta columna sin saber en qué paró la cosa, porque la tengo que entregar ya. Y los Jefes y Jefas de Estado reunidos en Bariloche (porque, eso sí, la verdad no importará, pero la corrección de género es sagrada) acaban de decidir hacer un receso. Pero no creo que pase mucho -salvo en el caso de que el pobre Uribe tome la salida que le sugirió el peruano García: salirse de Unasur-. Así que la reunión, más que por lo que en ella se dijo, se puede describir por lo que en ella se vio. Y lo que se vio es que mientras el pobre Uribe peroraba, los demás presidentes estaban almorzando. Y que mientras todos los demás bebían agua, el pobre Uribe y su pobre canciller tomaban Coca-Cola, la nuestra.

Monday, August 17, 2009

Puro Realismo

Puro realismoPor Antonio Caballero


OPINIÓNEsas bases en el mundo no tienen por objeto combatir el narcotráfico o el terrorismo, sino defender los intereses imperiales de Estados Unidos
Sábado 15 Agosto 2009

Recordaba pertinentemente Hugo Chávez en su entrevista a RCN que los Estados Unidos nunca han permitido que sus tropas estén bajo mando extranjero, ni siquiera en las misiones de Cascos Azules de la ONU. Con lo cual la afirmación de que en sus nuevas bases en Colombia se someterán a la autoridad de los oficiales colombianos no pasa de ser un? chiste. Recordaba también la lista interminable (o no terminada todavía) de gobernantes de América Latina derrocados por intervenciones militares gringas. Pues el imperio norteamericano -y en eso también tiene razón Chávez- tiene intereses superiores a los de su timonel de turno: Barack Obama es una anécdota.

Y esos intereses no pasan por los pretextos aducidos para la instalación de las bases, como fingen creer quienes las defienden: la ayuda a los gobiernos locales para combatir el terrorismo, y la ayuda para combatir el narcotráfico.

La ayuda contra el terrorismo -o sea, en el caso colombiano, la intervención en la guerra interna contra la subversión de las Farc- estaba explícitamente excluida del Plan Colombia tal como se firmó en tiempos de Andrés Pastrana y Bill Clinton. Sólo empezó a operar, bajo George Bush (y Pastrana: y creo recordar que sin consulta al Congreso), tras los ataques contra las Torres Gemelas de Manhattan, en 2001, cuando el gobierno norteamericano proclamó la "cruzada global contra el terrorismo": con el resultado, visible para quien quiera verlo, de que el terrorismo se ha multiplicado en el mundo. Pues en todas partes las guerras internas se agravan cuando los Estados Unidos deciden "ayudar": hasta en Irlanda.

En cuanto al narcotráfico, no está en los intereses de los Estados Unidos el acabar con él. Siempre han dicho, por lo demás, que sólo pretenden reducirlo a la mitad (con el consiguiente efecto de encarecer la droga, mejorando así el negocio de las mafias que la controlan); pero ni eso han conseguido. Como le recordaba Chávez, también pertinentemente, a la falsa ingenua Vicky Dávila de RCN, donde llegan las tropas gringas se dispara el consumo de droga. Y en cuanto a la producción, ¿se ha visto -por ejemplo- que la de opio haya disminuido en Afganistán desde que el gobierno de Bush les declaró la guerra (que sigue) a los talibanes? Al revés: se ha multiplicado. No sobra recordar que el consumo masivo de drogas es una invención norteamericana, que data de los tiempos de la guerra del Vietnam. Y, de pasada, que el negocio de la droga comenzó en Colombia -en los tiempos bucólicos y casi incruentos de la bonanza marimbera de los guajiros y los samarios- de la mano de los pilotos gringos veteranos del Vietnam que hicieron los primeros embarques. Y, por otra parte, treinta años de experiencia enseñan -o deberían enseñar a quien no esté voluntariamente ciego- que la guerra contra la droga es un completo fracaso, y ha agravado el problema en lugar de resolverlo.

Los que afirman, con aparente seriedad, que esa batalla se está ganando en Colombia, ¿es que no miran en torno? ¿Es que el elefante de la droga se mueve sigilosamente "a sus espaldas", como decía Ernesto Samper cuando descubrió que había ganado la Presidencia comprando las elecciones con dinero del cartel de Cali? Álvaro Uribe, al pedirles a sus parlamentarios que le votaran sus proyectos "antes de ir a la cárcel", reconoció tácitamente que también él le debía su presidencia a la droga: a los votos que los narcoparamilitares les pusieron a los candidatos del uribismo, y por supuesto a Uribe mismo, en las regiones rurales. Cualquiera que quiera ver ve que la droga sigue siendo el eje de la economía y la política colombianas. ¿O es que de verdad cree alguien que sólo las Farc la manejan? No, también las Farc. Y en cuanto a los que dicen, también con aparente seriedad, que gracias a la ayuda gringa (de la base de Manta en el Ecuador) se han podido hacer grandes incautaciones de droga que salía de Colombia rumbo a los Estados Unidos, en esas aguas territoriales colombianas cuyo control les debió Samper a los norteamericanos para que no se lo llevaran preso por narcotraficante, como habían hecho con el panameño Manuel Antonio Noriega ¿es que no se les ha ocurrido que sería más fácil -o por lo menos igual de difícil- hacer esas incautaciones en aguas norteamericanas, a la entrada, y desde bases en territorio norteamericano? Porque la droga sale de aquí: pero entra allá.

No: las bases militares norteamericanas -un centenar en todo el mundo- no tienen por objeto ayudar a perseguir el terrorismo ni ayudar a combatir el narcotráfico (al margen de que cuando lo hacen agrandan el problema). Tienen por objeto, desde la de Diego García en el océano Índico o la de Rota en España hasta la de Palmerola en Honduras y la de Palanquero en Colombia, defender los intereses imperiales de los Estados Unidos. Y esta defensa ha requerido numerosas invasiones a países latinoamericanos y aún más numerosos golpes militares (el más reciente es el de Honduras, hace un mes), como deberían saber los que defienden las bases, a la vez que niegan que sean bases.

Y si se engañan ellos mismos creyendo que el imperio es su amigo, que recuerden la suerte corrida por quienes se creían amigos del imperio: Mobutu del Congo, el Sha de Irán. Hasta Saddam Hussein de Irak se creyó su amigo cuando le dieron armas para que le hiciera la guerra a la Revolución Islámica de su vecino Irán: una guerra que a los dos países les costó millones de muertos.

Tiene razón Hugo Chávez cuando teme que las bases en Colombia tengan algo que ver con su Revolución Bolivariana. Lo laman paranoico. Es sólo realista.

Monday, August 10, 2009

La hecatombe va por dentro

La hecatombe va por dentro
Por Hugo Acero*

¿Quién iba a creer hace algunos meses que la hecatombe que justificaría la reelección del Presidente Uribe se iba a originar desde el interior del propio Gobierno?

La infiltración del paramilitarismo en el DAS desde las épocas de Jorge Noguera, las “chuzadas” y seguimientos a los miembros de la Corte y a los opositores del Gobierno”, “los falsos positivos” y el manejo poco ético de los negocios de los hijos del Presidente han provocado una verdadera debacle, que seguramente no evitará la reelección si el Presidente insiste en ello. Pero que dejará graves cuestionamientos sobre la legitimidad y credibilidad del futuro gobierno en escenarios nacionales e internacionales, con consecuencias hasta ahora impredecibles para la gobernabilidad del país y para la democracia.
Frente a estas situaciones, me niego a creer que el Presidente no sabía lo que estaba pasando, que nadie le había advertido sobre los nexos y relaciones del señor Noguera con miembros del paramilitarismo y sobre la manera como puso a disposición de estos criminales al DAS. No se puede creer que algunos funcionarios de esta Institución se movieran como “ruedas sueltas” chuzando y realizando seguimientos a los miembros de la Corte y a los opositores del gobierno y que además, estas ruedas sueltas, se reunieran con funcionarios de Palacio y el Presidente no estuviera enterado.

No se puede creer que los ministros no supieran que los hijos del Presidente estaban tras algunos negocios de la nueva Zona Franca y menos aún, creer que el Presidente no supiera de los negocios de sus hijos y de las consecuencias ético-políticas que esos comportamientos le podían acarrear.

Tampoco se puede creer que la exigencia de bajas en contra de las guerrillas, que se contabilizaban todos los meses y sobre las cuales se deba reconocimientos, no fue lo que provocó los “falsos positivos” que realizaron algunos militares deshonestos. Es imposible que el Presidente, que hasta hace algunos meses, en materia de seguridad y de gobierno, todo lo sabía y todo lo controlaba, hoy no diga nada sobre estos problemas, como si no supiera qué estaba pasando.

Si en Colombia no aceptáramos como normal “el todo vale”, si no estuviéramos dispuestos “pa las que sea”, nos importaran más los medios que los fines y nuestra democracia fuera por lo menos moderna, el Presidente, como máximo representante del Estado, nos tendría que decir si ordenó chuzar y realizar seguimiento a los miembros de la Corte y a miembros de la oposición.

Menos podría guardar silencio, como hasta ahora lo ha hecho, y en cambio, solicitaría a la justicia que investigue y le facilitaría su trabajo sin declaraciones públicas que ponen en duda su imparcialidad y emprendería una reforma profunda del DAS, así tuviera que dejarlo por un tiempo inactivo; total, es mejor que tener la desconfianza permanente sobre la transparencia del trabajo de esta institución.

Así mismo, dejaría que las investigaciones sobre los “falsos positivos” llegaran hasta las últimas consecuencias, como un mecanismo importante para fortalecer la credibilidad de las instituciones armadas y les pediría a sus hijos que no hagan lo que no le gustaría que hicieran los hijos de los gobernadores y de los alcaldes.

El anterior párrafo está escrito más con el deseo que con la objetividad que impone esta coyuntura. Sin embargo, si se quiere de verdad salir de estos problemas con un saldo a favor de las instituciones, de la democracia y del bienestar de los ciudadanos se requieren respuestas audaces que antepongan el interés general frente al interés personal.

La hecatombe ya llegó, pero no llegó de afuera sino al interior del propio Gobierno y está jugando en contra de las instituciones, de la imagen del país y de nuestra, cada vez más, incipiente democracia.

Wednesday, April 01, 2009

Resistencia Civil

Resistencia civil

Por Antonio Caballero

En la Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: los curaban encerrándolos en hospitales siquiatricos

Sábado 21 Marzo 2009

Hay los problemas que provoca la droga. Y hay además los problemas, infinitamente más graves, que provocan las autoridades con el pretexto de solucionar los problemas que provoca la droga. El primero de ellos es el de la prohibición y consiguiente guerra, con su secuela de sangre, corrupción y destrucción. Y como ñapa, el presidente Álvaro Uribe propone por quinta vez la supresión de la "dosis personal" de los adictos, que sirve para distinguir al inofensivo usuario de drogas del peligroso narcotraficante.

No es una simple idiotez, como parece al escuchar los argumentos que defienden la medida, demagógicos y paternalistas, de santurronería oportunista, pero en el fondo de intención liberticida, como suelen ser siempre las iniciativas de las autoridades cuando acuden al principio de la defensa de la moral. Existe en la hipócrita Arabia Saudita un 'Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio' del cual depende un cuerpo de Policía de costumbres que espía, encarcela y castiga con látigo a quien es sorprendido bebiendo, blasfemando o fornicando. Para allá quiere llevarnos el capataz de esta finca, que ya abandonó el guaro por las goticas homeopáticas y ya aconsejó a los jóvenes posponer para la vejez lo que él llama "el gustico". Quiere que todos sus súbditos, como él, seamos buenos a la fuerza.

Y anuncia su viceministro de Justicia, Miguel Cevallos, que el asunto es más sutil. Al que sea sorprendido consumiendo droga no se le castigará como a un delincuente, sino que se lo tratará como a un enfermo mental. Será puesto por sus captores a disposición de un tribunal especial en el que un juez, asesorado por médicos y sicólogos, le impondrá un tratamiento para su vicio o adicción, obligatorio, y, de acuerdo con la gravedad del caso, con privación temporal de la libertad. Temporal, en principio. Pero ¿y si a pesar del tratamiento a base de drogas, es de suponer- el enfermo nada que se cura? ¿Cadena perpetua? Por otra parte, un millón y medio de colombianos consumimos o hemos consumido drogas (hasta aquel otro paisa abstemio que tuvimos, Pablo Escobar, fumaba marihuana): ¿darán abasto los tribunales especiales del viceministro Ceballos?

Pero la droga, como dije al principio, es sólo el pretexto. El objetivo es otro, como lo señalaba hace unos días en El Espectador el columnista Daniel Pacheco. "Lo que plantea esta nueva ley -escribe Pacheco- es que el Estado es la instancia superior que determina quién es normal y quién es anormal. Después de la droga puede seguir la regulación de la sexualidad, la apariencia física y las ideas, 'por el bien de la sociedad'".

Pues el proceso es el mismo que describe la vieja fabulita didáctica que durante 50 años fue atribuida a Bertolt Brecht (y de la cual gracias a Internet hasta los más ignorantes sabemos hoy que es de un ignoto pastor protestante): la fabulita sobre lo que les pasa a los otros. "Cuando se llevaron a los comunistas no me importó, porque yo no era comunista; cuando se llevaron a los judíos..." etc. El gobierno de Uribe por ahora sólo propone tratar como locos a los drogadictos. En los años finales de a Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: en vez de castigarlos enviándolos a Siberia, los curaban encerrándolos en hospitales siquiátricos.

Pacheco, que por lo visto es un entusiasta, concluye su columna con una invitación a sus lectores para que "pasen a la acción" y vayan a manifestarse este jueves que viene en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a las 6 de la tarde, portando cada cual su "dosis de personalidad". Tiene razón. Como la tenía el autor de la fabulita. La libertad se construye y se mantiene mediante la resistencia civil contra el poder.

...

NOTA que algo tiene que ver con lo anterior. Alguien debió decirle por fin a la Secretaria de Gobierno de la Alcaldía Mayor que el verbo "ver" no se conjuga con zeta. Y ahora por lo menos respetan la ortografía en los anuncios de prensa con los que, al paso que compran la benevolencia de la prensa, incitan a los ciudadanos a delatar a los niños que vean fumando ante el número de emergencias 123 (¿unodostrez ). ¿Qué harán después con ellos? En el caso hipotético de que en el 123 contesten ¿se llenarán de niños fumadores los manicomios de Colombia?

Thursday, November 20, 2008

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Tratado de Libre Comercio. Suena bien. Pero no es para liberar el comercio, sino para supeditarlo a los intereses de Estados Unidos. Y no es un tratado, sino una imposición arrogante.
Circula en Internet un estupendo sainete de dos cómicos ingleses que explican el tema de la crisis financiera. El uno, en el papel de periodista económico, entrevista al otro, que responde como banquero de inversión. Al cabo de un rato de hilarantes descripciones sobre el funcionamiento del mercado llegan a la revelación final del secreto de las "burbujas": todo está en la confianza que inspiran los nombres.
—¿Dice usted el prestigio de una firma?

—No. Los nombres, los nombres. Que un fondo de inversiones se llame de tal o de cual manera. Si tiene en el nombre la palabra "high" (alto) es mejor que si tiene la palabra "low" (bajo).

—Claro, claro, claro...

Así pasa también, por ejemplo, con el juego de las pirámides, tan de moda entre nosotros últimamente. Una de las que se acaban de hundir, y que se llevó por delante los ahorros de la inverosímil cifra de dos millones de clientes, tenía un nombre estupendo: 'Proyecciones DRFE' (Dinero Rápido, Fácil y en Efectivo). No hubiera atraído a tanta gente si se hubiera llamado Dinero Demorado, Difícil y en Bonos a Largo Plazo del Departamento de Nariño (DDBLPDN). Así pasa también, por poner otro ejemplo, con la llamada Seguridad Democrática. Ni es seguridad, ni es democrática; pero que se llame así inspira confianza. Los fraudes reposan siempre sobre los nombres, que ocultan y disfrazan la realidad de las cosas.

Es el caso del TLC de Colombia con los Estados Unidos que tanto interesa a algunos empresarios avisados, a algunos funcionarios del gobierno que están en el secreto, y a la infinidad de incautos engañados por la sonoridad del nombre. Tratado de Libre Comercio. Suena bien. Pero no es para liberar el comercio recíproco, sino, al contrario, para supeditarlo a los intereses de los Estados Unidos mediante normas dictadas por su gobierno. Y no es un tratado, sino una imposición arrogante de ese gobierno y una abyecta entrega del gobierno y del Congreso de Colombia.

Por eso, y para saber lo que de verdad significa el TLC, no hay que fijarse en cómo se llama sino en quiénes son sus defensores. Tanto los de aquí como los de allá, que en fin de cuentas son del mismo bando: la derecha neoliberal del poder económico. Aquí, además del gobierno y de los funcionarios y políticos cuyo futuro está ligado al de Uribe, un puñado de empresarios exportadores que cuentan con la ventaja comparativa de los salarios baratos y el debilitamiento de las trabas sindicales. Allá, los mismos: el gobierno de Bush y su partido, el republicano, y las grandes corporaciones que lo apoyan y en los cuales se apoyan a su vez ellos. Así, Bush acaba de proponerle al presidente electo Obama un trueque: el respaldo de su gobierno moribundo al plan demócrata de rescate de la industria automotriz a cambio del respaldo del Congreso demócrata de Obama al TLC con Colombia del gobierno de Bush. El Wall Street Journal, periódico republicano, aplaude la idea. En cambio el jefe de gabinete de Obama, Rahm Emanuel, la rechaza diciendo que no se deben mezclar las "cosas esenciales", como es el rescate de la industria del automóvil (que no sólo genera cientos de miles de empleos sino que es el símbolo mismo de la prosperidad de los Estados Unidos) con las secundarias, como es un tratado de libre comercio con un país cuyo único producto que tiene peso en las importaciones norteamericanas es también el único que, por ser ilegal, se queda por fuera del tratado: la cocaína.

Pues los demócratas no se oponen al TLC por las razones nobles que alegan: proteger los derechos humanos y sindicales, tan maltratados en Colombia por todos los gobiernos. Ese argumento suena bien, pero no es cierto. Lo que defienden de verdad los demócratas, como es natural, son los intereses de quienes los respaldan a ellos: sus propios votantes y trabajadores sindicalizados, que con el TLC salen perdiendo por dos razones: porque las industrias norteamericanas exportan su empleo a países donde los salarios son más bajos y no hay sindicatos que defiendan a los trabajadores, lo cual genera o aumenta el desempleo allá; y porque la quiebra agrícola de esos mismos países (abrumados por las exportaciones subvencionadas del sector agrícola norteamericano, que no genera empleo) aumenta la importación de trabajadores inmigrantes que abaratan el empleo allá. Dos cosas que, en cambio, les convienen a las grandes corporaciones que apoyan a los republicanos de Bush y se apoyan en ellos, y en nombre de las cuales habla el Wall Street Journal.

Que por eso se llama así.

Monday, November 10, 2008

Salir del hueco

Salir del hueco
Por Antonio Caballero


La inexperiencia de Obama es un soplo de frescura que limpia el aire, lo renueva, lo hace respirable otra vez

¿Y con Obama, qué?

Desde hace varias semanas la victoria de Obama era casi una absoluta certidumbre. Y sin embargo ante la contundencia del hecho cierto queda uno estupefacto. ¿Un negro presidente de los Estados Unidos? ¡Un negro presidente de los Estados Unidos! Y encima un negro con un nombre inverosímil: Barack Hussein Obama. No Washington, ni Jefferson, ni Hamilton: nombres de esclavos de los Padres Fundadores.

Sino un nombre extranjero, exótico, amenazador, o, por lo menos, chistoso: "a funny name", decía él mismo en sus presentaciones de campaña. Parece un invento de guión cinematográfico de política ficción, o más aun, de ciencia ficción. Un marciano presidente de los Estados Unidos. Increíble.

Pero el asombro implica la esperanza: las cosas pueden cambiar. Oh, sin excesos, por supuesto. Hace un mes recordaba en esta columna la obviedad de que, aunque sea un gringo negro, Obama es un negro gringo: el nuevo presidente del mismo imperio. Y un imperio no cambia sus intenciones ni su rumbo de un golpe sólo porque haya cambiado el timonel. Cuando un trasatlántico empieza a virar, la maniobra toma muchas horas y se lleva muchas millas, y deja un largo y hondo surco abierto en el océano. Y mueren muchos peces.

Y sin embargo, y por encima o a pesar de la sana desconfianza y de los peces muertos, queda la esperanza. Por varias razones.

La primera es que hay que ver de dónde vino esto: de los ocho años más catastróficos que haya tenido en el último siglo la historia de los Estados Unidos, tanto para ellos como para el mundo. Bajo el influjo de unos fanáticos cegados por la ideología y la arrogancia, el presidente más inepto que quepa imaginar ha hecho retroceder a ese inmenso y poderoso país doscientos años: a la antevíspera de la Revolución Americana y de la Revolución Francesa. Y eso, en todos los aspectos que se puedan venir a la imaginación o a la memoria. La restauración de la tortura, el uso de las invasiones preventivas, el sometimiento a los intereses plutocráticos, el estancamiento de la educación y de la ciencia en nombre de la religión, y en nombre del patriotismo el control policial de los propios ciudadanos y su reconversión en súbditos. ¿Tal como aquí? Tal como aquí también, y como allá, y como acullá. Los Estados Unidos de George W. Bush han sembrado en el mundo el miedo, y con la justificación del miedo el recorte generalizado de las libertades, tanto entre sus amigos como entre sus adversarios: en Colombia y en Cuba, en Israel y en Corea del Norte, en Irak y en Irán, en Zimbabwe y en Francia. Y las guerras. Y el deterioro del planeta. Y el empobrecimiento de los pobres, y el enriquecimiento de los ricos, con el resultado final de la quiebra generalizada de los pobres y los ricos (salvo de los muy, muy ricos). Bush, y su ultraderecha republicana, religiosa, patriótica, plutocrática y belicista, neoconservadora en política y neoliberal en economía, dejan un mundo peligroso y un país desprestigiado y deshecho. Un hueco negro.

Lo cual le permite a Obama la posibilidad de cortar por lo sano y empezar desde cero: nada puede ser peor que el continuismo representado por el ex prisionero de guerra McCain y su cazadora de osos Palin. Obama, respaldado por un Congreso propicio y por la esperanza de más de la mitad de su país y de prácticamente el mundo entero, tiene la posibilidad de salir de ese hueco negro. De desembarazarse de las dos guerras perdidas en que se embarcó Bush, la de Irak y la de Afganistán. De no iniciar una tercera con Irán, o una cuarta con la Corea de Kim Jong Il. De restablecer relaciones sensatas, y no de odio patológico o ideológico, con el Irán de los ayatolas, la Venezuela de Chávez, la Cuba de Raúl Castro (y de Fidel), la Rusia de Medvédev (y de Putin), la inmensa China inescrutable. De enderezar, en lo interno, la economía y la justicia. De recuperar el prestigio moral de los Estados Unidos, manchado por Guantánamo y las otras cárceles secretas de la CIA, y su capacidad de contribuir al bienestar colectivo de la humanidad anulando el rechazo (a la vez egoísta y suicida) del protocolo de Kyoto sobre el medio ambiente.

La tercera razón por la que Obama encarna la esperanza está en su propia inexperiencia: esa misma inexperiencia de que lo acusaban sus experimentados adversarios, los responsables de la catástrofe. La inexperiencia de Obama es un soplo de frescura que limpia el aire, lo renueva, lo hace respirable otra vez. Tan importante como las medidas prácticas del cambio (y habrá que ver el nuevo gabinete, y habrá que ver las nuevas propuestas legislativas) es la sensación sicológica de que el cambio puede hacerse. Pues la depresión reinante no es sólo económica, sino sicológica.

Así era también la otra, la Grande, la de los años treinta, que heredó Franklin Roosevelt de los republicanos. Su receta para enfrentarla (sumada a cientos de recetas de sensatez práctica) fue sicológica, resumida en una fórmula que Obama cita a menudo: "A lo único que le debemos tener miedo es al miedo mismo". Que los electores norteamericanos no hayan tenido miedo de escogerlo como presidente a él, un negro y un desconocido, muestra que están perdiendo el miedo. Y vuelve -tal vez; ojalá- a darle la razón a la vieja observación de Winston Churchill:

—Siempre se puede confiar en que los norteamericanos terminen haciendo lo debido una vez que han agotado todas las demás posibilidades.

Monday, September 29, 2008

Embajadores

Por Antonio Caballero
Cómo van a ser embajadores esos colombianos que tienen que rebuscar en el mundo la seguridad para sus vidas que no encuentran aquí

Dijo Juanes, el cantautor, que “mucha gente va por el mundo haciendo patria, incluso los inmigrantes que han tenido que dejar el país para ayudar a sus familias. Ellos también son embajadores”.

A los empresarios y gente de negocios que en la fiesta de la revista Portafolio aplaudieron las palabras de Juanes les debieron parecer muy bonitas, muy solidarias, muy chorreantes de buenos sentimientos. Y, al aplaudirlas, debieron sentirse ellos mismos también muy solidarios y muy bonitos, antes de pasar a manteles. Pero las cosas no son así.
Los inmigrantes de que habla Juanes lo son en otros países, cuando los dejan llegar allá, legales o ilegales: y está en el capricho de cada país decidir si los aceptan con generosidad o si los rechazan con egoísmo. Pero vistos desde Colombia son emigrantes. Se van de aquí. De aquí los echan. Aquí sobran. La tan cacareada “confianza inversionista” no da para generar el empleo que necesitan, y menos teniendo la competencia de tanto desplazado interno como genera la tan cacareada “seguridad democrática”: tanto “migrante”, para usar la también bonita y también errada palabra del asesor presidencial José Obdulio Gaviria. Los “inmigrantes” de Juanes, que son cuatro millones, y los “migrantes” de Gaviria, que son otros cuatro, (sumados, la quinta parte de la población colombiana) o sea, los desplazados externos e internos, económicos y políticos, no “van por el mundo haciendo patria”. Van por el mundo porque los expulsaron de su patria los que se están quedando con ella, “refundándola”, como dicen en sus pactos de sangre. Para venderla luego, y sacar fuera las ganancias. Los emigrantes colombianos salen huyendo de su patria, para que esa mala patria no los mate o no los deje morir de hambre.

Y no son, por supuesto, embajadores. Son fugitivos del desastre, supervivientes del naufragio. Embajadores: qué bien suena, qué bonito, y sin duda, qué eficaz en términos prácticos: “Recíbanme ustedes aquí en España, o en los Estados Unidos o en el Ecuador, porque aunque parezca un refugiado en realidad soy un embajador”. Cómo van a ser embajadores esos colombianos que tienen que rebuscar en el mundo la seguridad para sus vidas que no encuentran aquí, el sustento para sus familias que no encuentran aquí, en este país de la tan cacareada “cohesión social”. Los embajadores de verdad son otros.

Los embajadores, con título y con sueldo y con gastos de representación, son, por ejemplo, este señor Salvador Arana, embajador en Santiago de Chile y hoy preso por asesinato de campesinos y organización de bandas paramilitares cuando era gobernador de Sucre; y este señor Jorge Noguera, cónsul en Milán, hoy investigado por asesinato de sindicalistas y protector de esas mismas bandas narcoparamilitares cuando era director del DAS; y este señor Luis Camilo Osorio, embajador en México, hoy acusado de encubridor de narcoparamilitares cuando era Fiscal General de la Nación; y este señor Juan José Chaux, embajador en Santo Domingo, acusado de alianzas con los narcoparamilitares cuando era gobernador del Cauca; y este señor Sabas Pretelt, embajador en Roma, acusado de cohecho para permitir la reelección presidencial cuando era ministro del Interior y de Justicia (los narcoparamilitares lo despidieron llorando). Los embajadores verdaderos son esos. Y otros más, sus semejantes, que lejos de tener que “ayudar a sus familias”, como dice Juanes, son ayudados por ellas a obtener sus cargos y sus sueldos diplomáticos: parientes de políticos, sus hijos y sobrinos, o políticos profesionales ellos mismos: como el ex presidente Andrés Pastrana, que aceptó un fugaz puesto de embajador en Washington; o como el ex presidente Ernesto Samper, que también aceptó, pero por razones ajenas a su voluntad no llegó a sacarle jugo, un puesto de embajador en París.

Esos son los embajadores. No es ningún honor, en los tiempos que corren, ser embajador de Colombia ante el mundo de esta tan cacareada “patria”. Los emigrantes que han tenido que irse expulsados, y que por cuenta de esa clase de gente que los echó son recibidos con desconfianza en el extranjero no merecen que, por añadidura, venga un cantante a insultarlos llamándolos también a ellos “embajadores” y diciendo que están “haciendo patria”.

Monday, August 11, 2008

OPINION DEL DUEÑO DEL BLOG

Hola el 7 de agosto son 6 años en el poder de AUV, los resultados en materia de orden publico, son amplios pero en el tema social sigue el pais sumido en una total pobreza.

Cuestión de estilo

Y en cuanto a las mentiras, bueeeno... Este gobierno comenzó a decir mentiras incluso antes de que Álvaro Uribe fuera elegido presidente por primera vez

Por Antonio Caballero
Fecha: 08/09/2008 -1371
A propósito del creciente enredo en torno a la Operación 'Jaque' del Ejército que hace un mes rescató a 15 secuestrados de la guerrilla dice una y otra vez el general Fredy Padilla: "Un soldado debe decir la verdad por encima de todo".Bueno. Pero al único soldado que sobre ese asunto ha empezado a decir la verdad, que es el que le dio al canal de televisión RCN el video de la operación, lo llaman sus superiores "desleal" y "traidor a la patria".Subrayo lo de "empezado a decir" porque tampoco el video dice la verdad completa. Simplemente revela que nos habían dicho mentiras. Y dice al respecto el presidente Álvaro Uribe: "Los errores se pueden perdonar, pero la mentira no se puede perdonar".

Bueno. Pero ¿perdonar a quién? Porque si bien no sabemos todavía cuántas mentiras se han dicho, ni exactamente cuáles, sí sabemos quien las dijo. Toda la alta cúpula militar, aparaguada por el propio Presidente. E incitada por él, tal como lo vimos en su "reality show" de presentación en directo de los secuestrados la noche de su liberación. Allí, micrófono en mano, Uribe obligó reiteradamente al general Montoya y al ministro Santos a que aseguraran que en la operación militar no se habían usado ilegítimamente emblemas humanitarios, lo cual habría sido una violación de la ley internacional. Pero dos días después, cuando la cadena de televisión norteamericana CNN reveló que le habían ofrecido en venta imágenes que mostraban que sí se habían usado, el Presidente volvió a salir en pantalla para aceptar el hecho, pero achacándolo al susto de última hora de un subalterno. Pero se transmitió entonces el video completo (o menos incompleto) vendido, o filtrado, o dado en premio a RCN, y en él se pudo ver que los hombres de la misión de rescate llevaban puestos desde antes de iniciarla los emblemas de la Cruz Roja Internacional, así como los logotipos de otras organizaciones civiles: un canal de televisión venezolano, otro ecuatoriano y una ONG española. Y entonces el Presidente anunció que ya no habría más excusas ni perdones, sino castigos ejemplares. Porque, dijo, "hay cosas que no se pueden hacer, y hay cosas que no se pueden decir".
Bueno. Pero ¿castigar a quién? No es posible que sancionen solamente al oficial que, según sus jefes, "juró sobre sus hijos" que se había puesto por error las insignias de la Cruz Roja. No sólo porque a estas alturas no quedan muchos motivos para creer que dijo lo que sus jefes dicen que dijo, sino porque todos vimos en el video esas insignias filmadas en presencia (y tal vez por orden) de esos jefes. De manera que habría que castigarlos, tal vez destituirlos, a todos, en una especie de moñona ascendente, del capitán todavía innominado al general Rey, al general Montoya, al general Padilla, al ministro Santos. Un gambito en escalera que necesariamente debería terminar en un jaque al presidente Uribe.
Porque, como dicen ellos mismos en sus comunicados, la cosa es grave. "Es grave que integrantes de las Fuerzas Armadas filtren noticias de manera clandestina y sin coordinación con sus superiores. Es grave que en las primeras investigaciones sobre la Operación no haya salido a relucir toda la verdad", dicen. Y tienen razón. Pero lo más grave es que todas esas cosas que ellos califican de graves son habituales en este gobierno. Son su estilo.
En cuanto a las filtraciones, el Presidente mismo se ha hecho grabar sus conversaciones telefónicas privadas para después filtrarlas. Y tan normales y tan de poca monta le parecen, que su primera reacción ante la filtración del video consistió en creer que su ministro Santos se lo había cedido a RCN, como hace un tiempo le cedió a SEMANA la noticia de la muerte de 'Tirofijo'. Y en cuanto a las mentiras, bueeeeno... Este gobierno comenzó a decir mentiras incluso desde antes de que Álvaro Uribe fuera elegido presidente por primera vez, cuando su futuro jefe del DAS Jorge Noguera le organizaba auto atentados para hacerlo subir en las encuestas. Luego vinieron, y siguen viniendo, las calumnias contra los altos jueces y contra los jefes de la oposición, los "falsos positivos" (muchos de ellos filmados en directo), los falsos atentados (y el cobro de recompensas por falsos atentados denunciados). Este gobierno miente sobre las cuentas del Dane (y cambia su director). Miente sobre las cifras de la droga (y despide a los organismos internacionales encargados de medirlas). Miente sobre los derechos humanos (y expulsa al veedor de las Naciones Unidas). Miente sobre las fumigaciones y sobre los bombardeos, sobre las capturas de guerrilleros en Caracas y en Quito, sobre las liberaciones de guerrilleros, sobre las negociaciones con los paramilitares, sobre las extradiciones, sobre los sobornos a los políticos para comprar la reelección del Presidente. Miente sobre la segunda reelección del Presidente. Miente hasta sobre la presunta acidez de las tierras agrícolas de Carimagua.
Por eso no tiene nada de raro que ahora castigue al único de todos que ha empezado a decir la verdad: el soldado que le dio a RCN el video de la Operación 'Jaque'. Y lo castigará aunque lo haya hecho dentro del estilo que ha impuesto este gobierno: por plata.
(A última hora anuncia Juan Manuel Santos que se frustró un atentado contra el canal de televisión RCN).

Sunday, July 20, 2008

EL CONSUMISMO

El consumo
Sin ir más lejos, todas las chucherías conmemorativas de la visita del Papa, las camisetas y los discos, los rosarios y los platos, eran ‘made in china’
Por Antonio Caballero
Fecha: 07/19/2008 -1368
Descansemos de Uribe, que no descansa. Voy a hablar de otro que tampoco descansa: el Papa Benedicto XVI. Qué maldición la de estos personajes hiperkinéticos que no descansan ni dejan descansar. Las madres de los niños con el síndrome de Tdah saben lo duro que es eso: muchachitos que tienen rabietas, arman peleas, no tienen amigos, rompen cosas, no terminan las tareas, lo desordenan todo. Es como vivir con Uribe o con el Papa Ratzinger: hay que sedarlos con una mezcla de adulación y goticas homeopáticas. No paran. ¿Y a qué horas piensan? No piensan. Trastorno por Déficit de Atención causado por la Hiperactividad, se llama lo suyo. Qué fatiga.

Bueno. El caso es que Benedicto XVI, el Papa Ratzinger, anda ahora por Sydney, Australia, con motivo de la celebración del XXIII Día Mundial de la Juventud, un festival al cual acudieron cien mil jóvenes católicos y algunos cientos de curas para tener el privilegio de ver al Sumo Pontífice en el punto más remoto del globo terráqueo.

Habló Su Santidad, y fustigó severamente el inmoral "consumismo insaciable" del mundo actual. Sus oyentes, que venían de darse el insensato lujo consumista de recorrer en avión toda la redondez de la tierra para ver a un Papa que vive normalmente en las antípodas, lo aplaudieron a rabiar. Y a continuación se precipitaron a hacer colas para comprar los productos conmemorativos del XXIII Día Mundial de la Juventud. El disco oficial del evento, la camiseta oficial con el nombre del Papa, los platos de porcelana con su efigie, etcétera.

¿Qué harán después con ellos? se pregunta uno, recordando que también se hicieron en su momento vajillas enteras conmemorativas de lo de Lady Di. ¿Los cargarán de vuelta a sus países como exceso de equipaje? ¿Los tirarán a la bahía de Sydney? Pero precisamente en eso consiste el consumismo insaciable que Su Santidad fustiga: se trata de comprar cosas inútiles que luego hay que tirar a la basura para abrir campo para más cosas inútiles.

Aunque, claro: para consumistas, los Papas. Este viaje a Australia, sin ir mas lejos, con su avión especial para sobrevolar los océanos y su yate de lujo para cruzar la bahía y todas las zarandajas del caso, debió salirle a la invitante diócesis de Sydney por un ojo de la cara. Baste recordar que los tres días de vacaciones que el verano pasado pasó Benedicto XVI en los Montes Dolomitas, a un tiro de piedra de sus palacios del Vaticano, les costaron a sus anfitriones, las autoridades de la región del Véneto, la bicoca de 345 millones de euros. Un Papa es caro, y éste, más. En los tres días de que hablo, solamente en arreglos florales se fueron 13.000 euros, y más de 50.000 en la repavimentación de las calles por donde debía pasar el "papamóvil" en que viaja. Y hay que ver las tiaras. Las casullas bordadas. Los báculos de oro. Las sandalias de piel de cabritillo nonato de las estribaciones del Himalaya que, según es fama, manda teñir de rojo en la famosa casa de modas romana de Prada.

Ahora: el tema no es moral, sino económico. La austeridad será sin duda muy virtuosa, pero no mueve molino. Y de lo que se trata es de que el molino se mueva: el de la producción, empujado por el río del consumo. Si Roma es Roma, se lo debe en gran parte al despilfarro ostentoso de cien Papas: a sus repavimentaciones de mármol, a sus adornos florales, a sus casullas recamadas de joyas, a sus platos de cerámica con su efigie que compran los turistas. Sin ir más lejos, todas las chucherías conmemorativas que se vendían en Sydney, las camisetas y los discos, los rosarios y los platos, eran, según informa la prensa internacional, "made in China". Y es gracias a este tipo de cosas que la China ha llegado a ser la segunda potencia económica del mundo.

Se pronunció el Papa Benedicto no sólo contra el consumo desaforado en general, sino contra el de drogas, en particular. Y tampoco en ese punto le hicieron sus oyentes el menor caso. Los festivales de la juventud, católicos o no, con Papa o con grupo de rock, y hasta los que hacía en Cuba Fidel Castro, suelen terminar convertidos en paraísos artificiales. Así que en vez de tanto fumigar, erradicar, extraditar, ir, venir, brincar, pelear y perorar, el presidente Uribe debería reflexionar sobre esa ley de hierro de la economía: el consumo genera la producción. La demanda crea la oferta.

Pero, como dije al principio, los afectados por el síndrome del trastorno por déficit de atención causado por la hiperactividad, Tdah, no tienen tiempo para reflexionar.
Echa uno a volar la imaginación hasta el otro lado del planeta, y todo lo trae de vuelta a Uribe. Qué fatiga.

Sunday, July 13, 2008

LA FARSA COLOMBIANA

Noticia de un milagro
Pero el problema de fondo, por el cual existen tanto los secuestros como los rescates, sigue intacto
Por Antonio CaballeroFecha: 07/12/2008 -1367
El rescate fue de película, tal como lo dijo el ministro de Defensa Juan Manuel Santos. Rápido y limpio, con los quince secuestrados incólumes y dos de sus ocho mil secuestradores capturados sin disparar un tiro. Uno de los liberados lo resumió: "un milagro". Y el presidente Álvaro Uribe lo atribuyó a "la luz del Espíritu Santo y la protección de Nuestro Señor y de la Virgen en todas sus expresiones".
Tal vez sea esta la primera vez en la historia en que un rescate militar sale bien. No sólo en Colombia, sino en el mundo. Todos los emprendidos en el último medio siglo, fallidos o exitosos, se caracterizan por haber sido acompañados por un baño de sangre. Los dos del ejército ruso, el de la escuela de Chechenia y el del teatro de Moscú; el de la guardia nacional norteamericana en el rancho davidiano de Waco, Texas; el de los sinchis antiterroristas peruanos en la embajada del Japón en Lima; el de las tropas especiales indias en el Templo Dorado de Amritsar; el de la policía alemana en el estadio de Munich. Incluso el muy publicitado rescate de rehenes de los comandos israelíes en Entebbe, Uganda, dejó un reguero de cincuenta muertos. Por regla general, los rescates militares se ajustan al modelo extremo del asalto al Palacio de Justicia de Bogotá, del cual, veinticinco años después, todavía seguimos desenterrando cadáveres: "Un ejemplo para el mundo", lo llamó entonces el Comandante en Jefe del Ejército colombiano, general Rafael Samudio. El rescate de hace ocho días en el Guaviare, sin un rasguño, es la única excepción. Un milagro.
Felicitaciones para todos. Para los tripulantes del helicóptero que lo ejecutaron, para los generales que lo dirigieron y lo planearon, para el ministro que lo avaló. Y sobre todo para los secuestrados rescatados: quince personas vivas y libres. Y hasta para los guerrilleros que quedaron en tierra y no fueron ametrallados, y para sus dos jefes que salieron del trance sin más daño que un pistero en el ojo.

Felicitaciones. Pero que no nos digan que fue un rescate militar. Fue, y por eso salió bien, una farsa teatral: una película (que muy pronto veremos repetida de verdad en el cine, con actores profesionales: Angelina Jolie en el papel de Íngrid Betancourt, y Woody Allen en el de Juan Manuel Santos). Una obra de teatro en la cual los soldados, sin armas y disfrazados de voluntarios de una ONG humanitaria, engañaron a los guerrilleros de las Farc para que les entregaran sus rehenes sin recibir nada a cambio. ¿Así de brutos son? Le preguntó el periodista Yamid Amat al ministro de Defensa. Y Santos respondió:
—No, lo que pasa es que el plan era tan audaz que el guerrillero más experimentado e inteligente no hubiera creído posible ni siquiera que se intentara.
Porque, en efecto, es increíble. Increíble en todas sus versiones, incluida la traducida por Íngrid Betancourt para uso de los franceses: "merci la France". Es un cuento tan increíble como aquel del valiente policía que hace veinte años se enfrentó en calzoncillos a los secuestradores de Andrés Pastrana y los persuadió de que cambiaran a su valioso secuestrado por él. Así lo hicieron, y gracias a ese canje (milagroso también: recuerdo que hubo un Te Deum de acción de gracias) Pastrana llegó a la alcaldía y luego a la presidencia. Del valiente policía en calzoncillos no se volvió a saber nada. Más verosímil suena la tesis del periodista suizo según la cual se les pagó a las Farc por el teatral recate. Sería lo lógico. El presidente Uribe lleva meses ofreciendo públicamente recompensas y beneficios jurídicos para los guerrilleros que entreguen secuestrados, y el ministro Santos reconoce que ese tipo de "colaboración" existe cuando dice: "Lo que usted llama 'colaboración' es penetración: es decir, convencer a guerrilleros de ayudarnos a cambio, la mayoría de las veces, de beneficios. En este caso no fue por recompensas, sino por venganza". Resulta extraño que un gobierno que ha hecho de la delación pagada uno de los puntales principales de su política antisubversiva, hasta el punto de recibir en prenda manos humanas cercenadas, prefiera atribuir este rescate de espectáculo a la intervención divina que al dinero.
Los guerrilleros capturados, por su parte, que podrían contar de quién querían vengarse, o quién quería vengarse de ellos, o si fueron comprados o de verdad embaucados o a lo mejor persuadidos con la promesa de una notaría, no dirán nada: van a ser extraditados y juzgados en los Estados Unidos por terrorismo y secuestro; y como la ley prohíbe a los Estados Unidos negociar con terroristas (aunque lo hayan hecho cien veces), en el juicio no se hablará de dinero. Y tal vez terminen, como los narcos, recibiendo estatus de testigos protegidos. En cuanto a los rescatados, ya el embajador norteamericano anunció por televisión, generoso, que también ellos recibirán la codiciada visa USA: "¡Ya han pagado su pasaje!", dijo el embajador.
Pero el problema de fondo por el cual existen tanto los secuestros como los rescates de secuestrados sigue intacto. La liberación de quince entre varios cientos es, claro, motivo de regocijo, por ellos y por sus familias; y es también, sin duda, un tremendo golpe a la moral de las resquebrajadas Farc. Pero no altera para nada las raíces del conflicto. Porque es un milagro. O sea, una simple anécdota.

Monday, June 23, 2008

Gaviria otra vez

Gaviria ha dado en la flor de pensar que la manera de oponerse al principio antidemocrático de la reelección (ajena) es la reelección (propia)
Por Antonio Caballero
Fecha: 06/21/2008 -1364
No es serio esto de Lucho Garzón proponiendo una alianza electoral, electorera, del Polo Democrático Alternativo con los liberales de César Gaviria, que ni siquiera son liberales: son neo-liberales económicos. ¿Se puede llegar al poder a punta de hacer chistes? Sí: así llegaron Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Y ya sabemos que Lucho Garzón no es serio.
Pero este país, para no seguir hundiéndose en la desesperanza, necesita una izquierda seria. No la enmontada y militarizada de la guerrilla, corrompida y violenta; ni la oportunista que ahora representa Garzón, que cambia de chaqueta -o el buzo por la corbata- a cambio de un plato de lentejas. Y, dentro de la ignorancia generalizada, agravada por la desinformación y contrainformación que fomentan casi toda la prensa escrita, casi toda la radio y la totalidad de la televisión, mucha gente en Colombia sigue pensando que Lucho Garzón es la izquierda.
Viene de allá, en efecto: del Partido Comunista (del cual conserva muchos resabios de carácter). Y lo eligió alcalde de Bogotá la izquierda: el Polo, del cual fue uno de los fundadores. Pero ahora podría repetir el chiste famoso de Enrique de Navarra cuando cambió de religión para poder ser rey de Francia: "París bien vale una misa". Aunque ¿París? Bueno, sí: tal vez una embajada.
Dice Lucho Garzón, a modo de reproche, que con la gente seria del Polo no se puede "hacer política" porque está dedicada "a cuidar la casa". Es que es gente seria, justamente.
o se puede hacer política -sino sólo politiquería electorera- sin tener la casa en orden. Y el Polo no se creó -o por lo menos eso creímos muchos- para ayudar a ganar elecciones a los liberales. Otra vez. Como tantas. Sino para ordenar la casa de la izquierda y permitirle convertirse por fin en una fuerza capaz de llegar por sí misma al poder para hacer cambios, y no para hacer alianzas.
Y, encima, con César Gaviria (que a su vez quiere ampliar la alianza hacia "personalidades del uribismo"). César Gaviria: el presidente de la apertura económica neoliberal, el de la destrucción del agro (con sus secuelas de agravación de la violencia), el del sometimiento de la justicia a Pablo Escobar en la solemne ceremonia de La Catedral, el del exterminio de la Unión Patriótica cuando era ministro de Gobierno de Barco, el del bombardeo de la Casa Verde de las Farc en tregua, el iniciador de las privatizaciones. César Gaviria: el precursor y anunciador de Álvaro Uribe. Porque no veo yo diferencia ninguna entre las ideas del ex presidente y las del actual presidente, ni en su expresión práctica política, económica y social. Ni siquiera en sus estilos respectivos de comportamiento, ahora que Gaviria ha dado en la flor de pensar que la manera de oponerse al principio antidemocrático de la reelección (ajena) es la reelección (propia).
César Gaviria, en fin: el que carga a las espaldas el cajón de muerto del partido liberal, lleno de gusanos del tamaño de víboras. Ese cajón del cual salió también Álvaro Uribe, modelo de neoliberales, de "lentejos", de liberales "volteados", como se decía cuando todavía había liberales en Colombia.

Cuando el Polo le dio la más alta votación que haya tenido jamás la izquierda colombiana en unas elecciones presidenciales dijo el otro Gaviria, Carlos, el candidato: "No nos vamos a dejar cooptar".
POST DATA: Algunos lectores de mi artículo sobre Escobar y Marulanda me recuerdan que quien más daño le ha hecho a la sociedad colombiana en el último medio siglo han sido los paras. Con sus nombres y apellidos completos: los narcoparapolimilitares. A sus centenares de millares de víctimas entre muertos y desplazados, hay que sumar su capacidad corruptora de las instituciones, no igualada ni por el propio Escobar: se adueñaron de por lo menos un tercio del poder legislativo, y no sabemos de cuánta parte del judicial, ni qué tan alto llegaron en el ejecutivo, del DAS y el Inpec para arriba, ni hasta dónde se infiltraron en la Policía y el Ejército. Porque, a diferencia de la guerrilla y del narcotráfico "limpio", si así puede llamarse, el narcoparapolimilitarismo no se levantó en armas contra el Estado, sino a su favor: para complementarlo, y con su respaldo militar y político. Así lo indican los prefijos "para" de su nombre, semejantes a la preposición "de" de las mujeres casadas: para-militares (con quienes los militares colaboran para ganar la guerra); y para-políticos (con quienes colaboran los políticos, para "refundar la patria").Tal como el narcotráfico y la guerrilla, el narcoparapolimilitarismo sigue actuando.

Tuesday, May 20, 2008

El sastrecillo valiente

El sastrecillo valiente

Los resultados de la extradición serán contraproducentes desde el punto de vista de la justicia, de la verdad y de la reparación.
Por Antonio Caballero
Fecha: 05/17/2008 -1359
Intempestivamente, según su particular estilo, el presidente Álvaro Uribe decidió extraditar de una sola tacada a catorce narcoparamilitares de entre los más notorios, de 'don Berna' a Mancuso, sin contar a 'Macaco', que había sido enviado ocho días antes "a una celda en los Estados Unidos", para decirlo con la vieja frase de Pablo Escobar. Lo hizo sacando pecho, según su estilo.
Como aquel aprendiz de sastre del cuento infantil que, exasperado por la moscarria del calor, aplastó siete moscas de un solo palmetazo y colgó sobre su puerta un letrero jactancioso:
-Maté siete de un golpe.

Y los vecinos del pueblo, creyendo que hablaba de siete de los ogros gigantes que asolaban la región, lo nombraron solemnemente su protector y lo casaron con la hija del rey. Y colorín colorado.
No quiero decir con esto que los narcoparas extraditados fueran simples moscas inofensivas. Eran gente peligrosa, responsable no sólo del delito de tráfico de drogas, que es el único por el cual van a ser juzgados por los tribunales norteamericanos, sino de crímenes mucho más graves, cometidos no contra el ordenamiento fiscal de los Estados Unidos sino contra las leyes penales de Colombia: miles de asesinatos, seguidos del despojo de las tierras de cientos de miles de personas. Eran gente peligrosa, pero no por eso tiene el presidente Uribe razones para enorgullecerse de haberlos extraditado. Ni por los motivos que, según explicó, lo movieron a hacerlo. Ni por los resultados que va a tener su extradición.
Los motivos. Explicó Uribe que, en violación de los compromisos exigidos para ser amparados por la generosidad de la Ley de Justicia y Paz, los narcoparas presos seguían delinquiendo desde la cárcel: matando gente y traficando con droga. Tal vez Uribe no, pero los demás colombianos sabíamos eso desde hace muchos meses.
Explicó también que no había en ellos la menor intención de dar reparación económica a sus víctimas. También lo sabíamos; y, a juzgar por el modo en que Estupefacientes ha malmanejado los bienes de narcos sometidos a extinción de dominio, no era cosa que preocupara demasiado al gobierno. Y explicó finalmente que no colaboraban eficazmente con la justicia. Ahí cabe la duda: estaban, por el contrario, empezando a colaborar con la justicia en un aspecto fundamental, que era el de la denuncia de sus cómplices en el mundo de la política. Y cabe en consecuencia la sospecha de que precisamente esa colaboración, que tiene presos o investigados a varias docenas de políticos de los partidos uribistas, fue la causa de la intempestiva decisión presidencial de extraditar a las dos docenas de narcoparas. Extraditados, ya no seguirán hablando: ni tienen incentivos para hacerlo, pues ya no los cobija la Ley de Justicia y Paz que se los daba; ni tienen quien les haga las preguntas pertinentes, pues a los fiscales norteamericanos no les interesan, como dije, sino los delitos de narcotráfico. Los resultados de la extradición, pues, serán contraproducentes desde el punto de vista de la justicia, de la verdad y de la reparación . Y de pasada, si de mostrar firmeza se trataba, lo que ilustra el envío de criminales colombianos a tribunales extranjeros es precisamente que la 'seguridad democrática' no sirve ni siquiera para garantizar el control por parte del Estado colombiano de sus propias cárceles.
Pues si los narcoparas seguían manejando sus organizaciones delictivas desde las cárceles de alta seguridad de Cómbita o de Itagüí, o inclusive desde las corbetas de la Armada en mar abierto, lo que eso significa es que tales organizaciones delictivas seguían intactas. Algunas ni siquiera habían cambiado de nombre, como la célebre 'oficina de cobros' de Envigado. Otras se habían limitado a sustituir el pomposo sustantivo de 'Héroes' por el más amenazador de 'águilas' para que todo siguiera igual, mientras por su parte el Comisionado de Paz y el propio Presidente se contentaban con llamarlas eufemísticamente "grupos delincuenciales emergentes" para pretender que todo había cambiado.
Porque en esta historia no hay el final feliz del colorín colorado de los cuentos de hadas. Las organizaciones armadas del paramilitarismo no desaparecen por arte de birlibirloque porque tampoco aparecieron así: surgieron como instrumentos del control latifundista de la tierra, y poco importa cuál sea el nombre de sus jefes sucesivos mientras ese control persista intacto. Así lo mostró de sobra la saga de los sucesivos hermanos Castaño. Y con el narcotráfico sucede lo mismo: sus cabecillas desaparecen, mueren o son extraditados, y otros los sustituyen, idénticos a ellos. Se trata de un negocio, en el que poco importa el nombre de los gerentes que lo vayan manejando.

Thursday, April 24, 2008

La silla vacía


El alambique mágico de las urnas a donde son llevados los votantes, arreados por la amenaza o comprados por unos pesos, transmuta en legitimidad la podredumbre.
Por Antonio Caballero
Fecha: 04/19/2008 -1355
Confieso que no he entendido en qué consiste la llamada -una vez más- "reforma política". Eso de la silla medio vacía o medio llena, del umbral, del dintel, del vano de la ventana. He leído a políticos y a politólogos, y no entiendo. Lo más parecido a una explicación que he visto hasta ahora es un dibujo del humorista 'Matador' que se titula 'La silla vacía' y muestra a un acrobático padre de la patria parado en un solo dedo sobre el filo de su curul parlamentaria, y sonriendo. Pero ni siquiera esa brillante caricatura es una explicación. Es sólo una ilustración de lo que pasa.
Estudiémosla con detenimiento. (El Tiempo, jueves 17 de abril, página 1-19).
"Para-político", dice en el dibujo un texto con flechita, que señala a un político profesional -su corbata lo delata- haciendo maromas: se sostiene verticalmente en el aire sobre el dedo índice de la mano derecha, balancea muy arriba sus bien calzados pies, y agita el estirado brazo izquierdo, como si saludara. ¿Para-político? Sí. Pero tanto 'Matador' como sus lectores sabemos pertinentemente que al menos la mitad de los políticos del Congreso (más docenas de gobernadores, alcaldes, directores de institutos, embajadores, etc.) son para-políticos. "Parauribistas", para usar el término que acuñó el senador del Polo Jorge Enrique Robledo. Obsérvese, si no, ese dedo poderoso sobre el cual se apoya con todo su peso el monigote contorsionista de 'Matador': es un dedo tan fuerte, tan estirado, tan derecho, tan duro, tan inflexible, tan vertical como el férreo dedo índice de la dura mano derecha del propio presidente Álvaro Uribe. Un dedo que no sólo no se dobla ni un milímetro hacia atrás (mírenlo ustedes en la foto en que el Presidente advierte, señala, regaña, amenaza), sino que tampoco se dobla hacia adelante: más rígido y más sólido en su rigidez que las cuatro patas de la curul del dibujo. Pues conviene no olvidar que los votos para-políticos que llevaron al Congreso o a las suplencias del Congreso a todos los políticos que ahora están cayendo presos son exactamente los mismos votos que llevaron a sus respectivos cargos al presidente Álvaro Uribe y a su vicepresidente Francisco Santos. Y conviene no olvidar que ellos lo sabían. Santos no dudó nunca en vaticinar que los enredados iban a ser varias docenas. Y Uribe, sin vacilar, se apresuró a pedirles precautelativamente que votaran los proyectos del gobierno mientras no estuvieran en la cárcel.

Ese es el dedo, pues. Y ya vimos la sonrisa feliz del para-político equilibrista: sonríe con abandono, con los ojos cerrados, feliz como un pájaro que canta. Recuerda al senador Luis Humberto Builes, del partido uribista Cambio Radical, que exclamó gozoso mientras se lo llevaban preso: "¡Estoy feliz! ¡Me voy de vacaciones!"
.¿Y cuáles son las cuatro patas que sostienen la curul?
Son la violencia y el miedo, el dinero y la corrupción. De ahí vienen los votos. El alambique mágico de las urnas electorales a donde son llevados los votantes, arreados por la amenaza o comprados por unos pesos, transmuta en legitimidad la podredumbre. Sobre esas cuatro patas reposa todo el sistema. Y eso viene de atrás: de mucho antes de la aparición del imperioso dedo índice del presidente Uribe, de mucho antes de los escándalos del 'proceso Ocho Mil' sobre la financiación mafiosa de la campaña presidencial de Ernesto Samper. Esas cuatro patas son las que habría que suprimir: el problema está en la base.
Entre tanto -es decir: por mucho tiempo- la conclusión provisional es la que saca doña Dora Acevedo, una señora del servicio de aseos del Congreso citada por SEMANA: -Hacía rato que no me tocaba desinfectar unos baños tan sucios.

Tuesday, March 18, 2008

Se les fue la mano

Se les fue la mano

Por Pascual Gaviria Uribe
Parece que las Farc nos han contagiado algunos modales dignos de sus campamentos de barbarie y han traído su estado de naturaleza hasta la puerta de nuestro estado de derecho. Las minúsculas son merecidas. Una pequeña purga guerrillera de medianoche ha puesto en evidencia que nuestro Gobierno puede actuar según los métodos de un clan sórdido y amenazado. La galería ha celebrado la decisión de pagar al mercenario de turno: simple prestación de servicios, dicen las almas prácticas. Y los funcionarios se han dedicado, con imaginación y sin pudor, a inventar un régimen de excepción para el verdugo de verdugos.
El vicepresidente dijo que el pago era lícito porque generaba presión sobre las Farc y nos conducía al escenario de su posible fin. Y trajo el recuerdo de Pablo Escobar para construir una analogía infantil con dos cabezas sobre la balanza. Intentando borrar los escrúpulos con el miedo. La presidenta del Congreso quiere que la plata se entregue pronto, antes de que los posibles traidores no se desanimen. Y el fiscal, siguiendo la lógica de las bondades del homicidio según sobre quién se practique, dijo que no investigará al verdugo de Iván Ríos y justificó su decisión con un razonamiento que he oído en algunas galleras, sobre todo en las más peligrosas: en vista de que para las Farc la vida no vale nada, el homicidio en sus cambuches resulta ser una conducta inocua. Un simple juego de locos. Luego se dio cuenta de que sus argumentos jurídicos estaban a la altura de un sargento e intentó corregir su caso poniendo a alias Rojas dentro de las causales de justificación. Pero es muy difícil que el miedo insuperable que alega el fiscal para su "defendido" pueda conjugarse con la sangre fría. Rojas actuó más como un hombre ambicioso que como un hombre desesperado. Y el fiscal actúa como un simple compinche del Gobierno, intentando evitar una extravagancia en la que el Ejecutivo impone una medalla en el bolsillo de un asesino mientras los jueces imponen una condena.
La entretenida discusión sobre el botín y los detalles macabros del trabajo de los dactiloscopistas ha relegado los verdaderos dilemas a la jerga de los abogados. Convirtiendo las obligaciones obvias de todo estado en un tema de leguleyos aguafiestas a quienes les da por mirar un código cuando se trata de cantar victoria. Sin embargo es bueno recordar que esa lógica del buen muerto fue la semilla del paramilitarismo y la justicia privada. Yair Klein, quien será extraditado desde Rusia en unos días, debe estar pensando en las nuevas oportunidades de trabajo en el país. Colombia no necesita imponer la pena de muerte sino abolirla, según una vieja fórmula que ha llegado hasta el graffiti. Incluso, para que lo recuerde Pacho Santos, la Corte Suprema prohibió en su momento las propagandas que ponían precio a la cabeza de los narcos y terminaban con un sonoro vivo o muerto. Lo que hace el Gobierno al pagar la recompensa es premiar a un guerrillero por actuar como paramilitar. Hasta los gringos desaprueban a los mercenarios en su nuevo viejo oeste de Afganistán. En el 2004 fueron arrestados tres caza-recompensas norteamericanos que intentaban con sus propias cuerdas, colgando de los pies a sus "prisioneros" en una casa cárcel privada, encontrar información que los llevara hasta el millonario turbante de Osama.
Mientras tanto en Colombia hemos terminado convencidos de que sólo el premio a la osadía de algunos verdugos nos traerá la salvación. No queda más que comulgar con la sentencia amarga de H. L. Mencken: "Todo hombre decente se avergüenza del gobierno que lo rige". Advirtiendo que los aforismos de un cínico están siempre más cercanos a la burla que a la indignación

Monday, March 17, 2008

La sordidez


La sordidez
Las autoridades han conseguido corromper a los colombianos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende.

Dice 'Rojas', el delator, el colaborador de las autoridades, el infiltrado, el traidor, el buen ciudadano, como quieran llamar al guerrillero que mató a su jefe 'Iván Ríos' y quiere cobrar la recompensa de cinco mil millones de pesos que ofrecía el gobierno:
-Pues a ver: si se habla, se cumple. No más.No hay más que hablar, en efecto. Se paga. Porque ahora a 'Rojas' le quieren escamotear el premio prometido con el pretexto leguleyo de que no estaba contemplada la posibilidad de cobrarlo por un cadáver (o dos), sino sólo por la información que condujera a las autoridades a una captura (o a un cadáver). Ahora le dicen a 'Rojas', para ponerle conejo, que no leyó la "letra pequeña" del cartel de 'Se busca', la parte que decía "aplican restricciones", como en las mentirosas ofertas de gangas para incautos. Y dice el presidente Álvaro Uribe que habrá que esperar los resultados de las investigaciones a ver si se paga o no, porque "Colombia es un Estado de derecho que no estimula masacres". Hipocresía. Cuando se le pone precio a la cabeza de alguien, como ha hecho el gobierno con los miembros del Secretariado de las Farc, de antemano se sabe que eso puede tener consecuencias sangrientas. Judas no cobró sus treinta monedas simplemente por darle un beso a Jesús, sino porque ese beso permitió que lo crucificaran.

Así que tienen que pagar. Si no le pagan a 'Rojas' la recompensa ofrecida se les viene abajo todo el sistema de compra de lealtades y pago de traiciones que han montado para luchar contra la guerrilla y (desde los tiempos de la presidencia de César Gaviria) contra el narcotráfico, y que, según el consejero para la Reintegración, Frank Pearl, "ha sido muy efectivo".
Ahora: también tiene que juzgar a 'Rojas' por asesinato. No puede salir el fiscal general Mario Iguarán a decir, como ha dicho, que '' en principio no habrá imputación de homicidio'' por atenuantes risibles en este caso como el de '' miedo insuperable''. Ni puede decir el Fiscal, como ha dicho, que ese miedo obedece a que en la guerrilla "la vida no vale nada", cuando están pagando cinco mil millones de pesos por ella. Si no juzgan a 'Rojas' (y después ya verán los jueces si lo condenan o no) se les termina de venir abajo también el aparato de la justicia penal en Colombia, ya muy maltrecho por cuenta de las reformas: el regateo de penas, los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, los aún más escandalosos que ahora están proponiendo el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo sobre la excarcelación para culpables de crímenes atroces.
Y lo que ya se vino abajo por completo, precisamente a causa de la utilización de métodos perversos como la delación pagada, es la moral de los colombianos. Las autoridades han conseguido corromperlos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende. El aplauso casi general con que ha sido recibida la traición de 'Rojas' a su jefe guerrillero muestra la extensión y la profundidad de esa desmoralización de la sociedad. Desmoralización entendida no en su aspecto, digamos, militar: como la pérdida de la decisión de combatir; sino en la civil: la pérdida del sentido moral, de la capacidad de distinguir el bien del mal. Salvo cuando nos pagan por ello. Nos han vuelto moralmente ciegos. Mezquinos. Sórdidos.
Decía el poeta Porfirio Barba-Jacob:
"Hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos como la entraña oscura del oscuro pedernal.La noche nos sorprende con sus profusas lámparas En rútilas monedas tasando el bien y el mal".Y fíjense ustedes que así es. En esas estamos.