Thursday, May 18, 2006

La ceguera gringa
Por Diego Fernando Gómez

Impactan las fotografías y los registros noticiosos de las manifestaciones de inmigrantes latinos en Estados Unidos. También lo hacen las fotos de la violencia en Iraq, luego de que el país se desestabilizara con la ocupación occidental. Igual ocurre con las fotos de la violencia por narcotráfico en Colombia traducida en atentados a la población civil. Inquietan y sorprenden las protestas anti o pro TLC en países latinoamericanos.En estos eventos hay un desafortunado hilo conductor: la persistencia en enfoques errados de los problemas derivados de diferencias entre naciones, culturas y pueblos por parte de las autoridades norteamericanas.Una de las reacciones simples ante la diferencia o la agresión del contrario es optar por su eliminación. Podría decirse que es la solución pragmática del más fuerte, pero entraña delicados riesgos: si el opuesto no es efectivamente eliminable, las razones del conflicto se exacerban. Estados Unidos, confiado más en la fuerza de sus armas que en los argumentos de la tolerancia y construcción de civilización global, recurre de manera errada y persistente en el uso de la fuerza. Los anteriores casos son diferentes expresiones de una misma racionalidad del poder del imperio.Ante el ataque del 11 de septiembre, pudo más la perspectiva apocalíptica de Samuel Huntington y la reacción fue atacar, responder, castigar, reprimir... Si Estados Unidos era odiado en el Medio Oriente, su respuesta acrecentó el rechazo. Otra respuesta al mundo árabe y más específicamente al musulmán es construir canales de articulación, integrar culturas, fortalecer interdependencias. El resultado de un enfoque equivocado no puede ser más elocuente: más de treinta mil muertos en Iraq y Afganistán y decenas de revueltas antioccidentales en todo el mundo árabe.Ante la drogadicción como un problema de salud pública, la solución de fuerza es la prohibición con el correspondiente sistema de represión. El resultado obvio es el emergimiento del negocio del narcotráfico, igual a como había ocurrido con la prohibición del licor en los años veinte. Es triste que el país que está cargando con las consecuencias de este enfoque sea Colombia. Este enfoque del problema está generando una crisis de sostenibilidad muy severa: cada año se destruyen y son nuevamente reemplazadas entre cien y ciento treinta mil hectáreas de coca, en una saga sin fin de depredación de bosques. Pero lo rentable del negocio creó las estructuras militares y de distribución que dan para ello. Para Colombia, el narcotráfico representa el mayor reto para su supervivencia como nación.En el caso de los manejos de los TLC con sus vecinos se observa también un enfoque de posición de fuerza y de mercado oportunidad, por el cual los demás deben pagar el precio de acceder. Los europeos construyeron su unión con una perspectiva de inclusión radicalmente diferente. El propósito era integrarse entre iguales y para ello invierten cientos de miles de millones de euros en apoyar los procesos de reestructuración económica y social de los nuevos miembros.La cicatería y mezquindad norteamericana en vez de hacer de los TLC un instrumento de integración, está terminando por ahondar el antiamericanismo. En este orden de cosas a nuestro país le tocó optar por sacar el mejor partido de la única opción elegible, que sin duda será positiva, pero que carece de una estrategia de transformación como la que ha sido tan efectiva en Europa.El caso del manejo del problema de los inmigrantes ilegales es otro desafortunado ejemplo de solución de fuerza y eliminación del opuesto. Esta visión termina por creer que el camino son las condenas, sanciones, muros y prohibiciones. Les impide ver que la fuente del problema está en la pobreza y la falta de oportunidades en las naciones al sur de su frontera. No ven que la solución, pero sobre todo la oportunidad, está en contribuir a la construcción de más sociedad, más equidad, más capacidades y más autonomías en los países latinoamericanos. Las aproximaciones de derecha, acompañadas de un moralismo radical, están haciendo a los Estados Unidos incapaces de ver y definir adecuadamente los problemas que esta enfrentando.

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